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Andar dos veces el camino 

“Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo”

Autor Desconocido

Alguien me dijo una vez que hay historias reales, que son demasiado reales para contarlas… y mucho menos para creerlas.

Por eso, hoy, sobre la grave situación territorial por la que atraviesa España, renunciaré a contarle nada que usted, amable lector, ya no sepa. Pero, es que lo que sabemos —o lo que nos cuentan— nos deja muchas incógnitas abiertas.

Previendo lo que se avecinaba en Cataluña, el Presidente del Gobierno, a mediados de Septiembre de este año, manifestó públicamente:

“Están cometiendo un error y nos van a obligar a lo que no queremos llegar”.

Pero como los nacionalismos son sordos y ciegos, y se mueven impulsados por un sentimiento irracional, los conductores de esta idea, continuaron impasibles su camino hasta llegar a donde ellos querían llegar. El simulacro de declaración de independencia, para dar satisfacción a sus bases y poner al Gobierno en el trance ineludible de tener que aplicar el artículo 155 de la Constitución.

Puestos en esta tesitura, es cierto que no le quedaba otra alternativa sin incurrir en el delito de prevaricación.

Así que no creo equivocarme si pienso que el Presidente del Gobierno ha tomado esta decisión con el mismo ánimo con el que el reo se encamina hacia el patíbulo.

Pero dada la gravedad de todos los hechos acaecidos, y el desahucio económico, político y social con que los mismos han situado a Cataluña…

Me pregunto, si la extremada prudencia con la que el Gobierno ha intervenido, ¿Es suficiente para resolver el problema en el que el nacionalismo ha sumido al país?

Siendo la educación el medio mediante el cual el nacionalismo ha sembrado durante 35 años la semilla del odio a todo aquello que signifique España…

Me pregunto, ¿Cómo el ministro de Educación y Cultura puede afirmar en el Congreso de los Diputados que…

“No hay ninguna controversia ni conflicto con la educación en Cataluña”

Tras la actuación de los Mossos d’Esquadra con ocasión del intento de referéndum…

Me pregunto, ¿Cómo el Ministro del Interior ha sustituido al mayor Trapero por el comisario Ferrán López, número dos de los Mossos d’Esquadra, cuando fue este quien sustituyó a Trapero en las reuniones de coordinación policial previas al 1-O, de las que Trapero se ausentó en protesta por el mando único asumido por el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, y también acompañó al mayor en su primera declaración como imputado en la Audiencia Nacional el pasado 16 de octubre?

Dado que desde otros medios de comunicación y partidos políticos contrarios al nacionalismo catalán, se ha acusado a TV3 de falta de objetividad en el ámbito de los informativos, arguyendo que la cadena favorece el nacionalismo y el independentismo catalán,​ y en diversas ocasiones, los sindicatos de periodistas han denunciado los conocidos como “bloques electorales” impuestos por la Junta Electoral; estos son espacios de propaganda de los partidos políticos y, según el Consejo de Informativos de cadenas públicas, no cumplen los principios de imparcialidad, pluralismo y neutralidad, y por eso en cada campaña electoral, los periodistas llevan colocada una chapa en la que pone “Fora Blocs” (fuera los bloques electorales),

Me pregunto, ¿Cómo el Gobierno, una vez aplicado el artículo 155, no ha tomado las medidas pertinentes para restablecer la neutralidad de este medio público, para que se puedan celebrar unas elecciones en condiciones de igualdad para todos los partidos políticos, sobre todo cuando TV3 y Cataluña Radio, continúan al servicio de la causa independentista —según manifiestan otros medios por imposición del PSOE— difundiendo el mensaje de Carles Puigdemont como si fuera aún presidente de la Generalitat?

Tras la sorprendente presencia de Puigdemont y cinco de sus consejeros en Bruselas y el escándalo político y diplomático que su aparición en la capital de Europa ha supuesto, con el consiguiente desprestigio para España…

Me pregunto, si es que el CNI, y los servicios de información de la Guardia Civil y la Policía Nacional, han demostrado tanta impericia como para no estar al tanto de sus planes, sobre todo después de que un ministro belga hablara de la posible petición de asilo de Puigdemont y de que Junqueras publicara un artículo diciendo que ocurrirían cosas importantes ‘difíciles de entender’.

Me pregunto, si el CNI tuvo conocimiento de la fuga y si en el caso de lo tuviera, dio o no conocimiento de ella al Gobierno y en el caso de que el Gobierno estuviera al tanto de la misma, por qué no se tomaron las medidas oportunas para evitarla.

Me pregunto, no solo del porqué de la lentitud de la Fiscalía para presentar su querella contra Puigdemont y su Gobierno por los delitos de desobediencia, malversación, prevaricación y sedición que ya eran evidentes previamente a la declaración de independencia, sino que además la anuncia, hecho inaudito a partir del cual, el destituido Presidente de la Generalidad tiene tiempo más que suficiente para ponerse —de momento—fuera del alcance de las autoridades españolas y montar un nuevo escándalo político y diplomático de dimensiones imprevisibles.

Me pregunto, si todo este monumental embrollo, no será una partida de ajedrez entre trileros y jugadores de ventaja a los que les trae sin cuidado los peones que en la misma puedan caer, porque esos peones son los ingenuos e incautos ciudadanos que en su trasero reciben las patadas que ellos se propinan.

Y para mayor oprobio, les elegimos y les pagamos la fiesta.

Me pregunto, si los nacionalistas no serán los peores, porque al fin y al cabo, aunque las razones en las que se apoyan sean falsas, hemos de reconocer que son sinceros y siempre han dicho lo que pretendían, Los peores, en ese caso, serían los que con su ausencia y mirando hacia otro lado, podrían estar dispuestos a cometer la mayor traición,. Dinamitar la unidad de España acabando con la Nación más antigua de Europa.

El Presidente del Gobierno, reiteradamente ha manifestado que lo que pretende con la aplicación del artículo 155, es restaurar la legalidad en Cataluña, pero restaurar la legalidad, no es devolver Cataluña a la normalidad, dado el nivel de crispación y enfrentamiento que se ha asentado en la sociedad civil catalana. Lograr…

César Valdeolmillos Alonso

 

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