Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Viernes, Junio 23, 2017
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Antonio Pavía

Entradas de Antonio Pavía
4 Junio, 2017(0)

Culminamos este libro que, como hemos dicho repetidamente, es un intento de aproximación a los místicos de Israel incidiendo especialmente en los del Antiguo Testamento, con una semblanza acerca de “el Exegeta, el Buscador y el Místico” por excelencia: Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Nos aproximamos a Él, la Palabra hecha carne, para, con los ojos del corazón, descubrirle como el Hijo de Dios. De ahí el título de este capítulo: Del ecce homo al  ecce Deus. “Ecce homo”, ved aquí, ahí tenéis al hombre, dijo Pilato al pueblo mostrándoles a Jesús después de haberle azotado,  ridiculizado con una corona de espinas y revestido con un manto de púrpura (Jn 19,1-5). Pilato no tenía la menor duda de que el hombre a quien habían entregado era inocente. Sin embargo, no había visto en él más que eso: un hombre, por lo que no iba a exponer su trono de vanidades, acumuladas a lo largo de su fatigosa vida, sólo por él. También es cierto que no tuvo mucho interés en profundizar sobre Jesús. De hecho, cuando le preguntó ¿qué es la verdad?, se dio media vuelta dejándole con la palabra en la boca (Jn 18,38). La negligencia de Pilato … Full article

27 Abril, 2017(0)

  Estaré a su lado en la desgracia, acabamos de oír de la misma boca de Dios. Como ya hemos dicho, son palabras-promesas que se cumplen en el Señor Jesús, y también en los que han plantado su tienda delante de Él. A estas alturas creemos necesario señalar que hay momentos en la vida de cada hombre en los que a su lado no cabe nadie, absolutamente nadie, sólo hay lugar para Dios. El mayor drama de cualquier persona es el de vivir sin enterarse de esta realidad. Es un desconocimiento dramáticamente empobrecedor, ya que ese lugar que debería estar ocupado por Dios, el que conforta, el que abre puertas y caminos, el que llena de luz y esperanza la existencia golpeada contra los vacíos que, como fantasmas, emergen en el tiempo, resulta que está desocupado; no es una ausencia, es la Ausencia. Éste y no otro es el mayor drama que nos puede alcanzar a cualquiera de nosotros. De todas formas es mejor pensar en positivo, por lo que quiero hacer presente que son muchos los que, de una forma u otra; unos antes, otros después; unos a través de cien vueltas, otros a través de mil; encontraron …

16 Abril, 2017(0)

Al igual que Jesús, el Hijo, también el discípulo, es raíz plantada en tierra árida. No parece que tenga mucha importancia aun cuando esté delante de Dios; como María, que a los pies de su Maestro escuchaba su Palabra. De la poca importancia de su hacer, de su opción por el discipulado, da fe su misma hermana que se queja de ella a Jesús por su pasividad ante las tareas de la casa. La verdad es que, hasta entonces, Marta no había entendido que lo más importante era crecer delante de Dios, lo que estaba haciendo su hermana; y que esto era lo prioritario en el hacer de los verdaderos buscadores de su voluntad. La belleza de la figura del discipulado que representa María de Betania, es de una intensidad indescriptible. Es una belleza de lo alto que ya disfrutamos en este mundo. Me permito hablar así porque textos que el Espíritu Santo inspiró a los místicos del pueblo de Israel, y que son auténticas profecías acerca de Jesús en cuanto a Hijo y Enviado del Padre, alcanzan también su cumplimiento y realización en sus discípulos, como podremos comprobar en María de Betania a quien hemos llamado fiel icono …

1 Abril, 2017(0)

Antes de abordar la figura de esta asombrosa mujer, amiga hasta los recovecos más íntimos y profundos de nuestra alma, es conveniente tener en cuenta las denuncias proféticas de la que Israel es objeto en épocas de su historia en las que su relación con la Palabra de Dios ha alcanzado un punto tal de relativismo y conformismo legal, que da lugar a una mediocridad rayana en el escepticismo. Como paradigma de estas denuncias recogemos ésta de Jeremías. El profeta sufre en su propia carne la insensatez a la que han llegado los israelitas en su relación con Dios. Todo ha quedado reducido a un culto exterior y formalista. Ante tal situación, Jeremías les recuerda que lo realmente importante en su relación con Dios, y tal y como Él mismo les anunció, es que escuchen su voz, su Palabra: “Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguiréis todo camino que yo os mandare, para que os vaya bien” (Jr 7,23). Escuchadme, prestad atención a mis palabras, ellas son vuestra vida, vuestra prosperidad; ellas os mantendrán bajo mi amparo, yo cuidaré de vosotros… Israel no hizo caso, no quiso obedecer. Se centró en …

7 Febrero, 2017(0)

Pedro ha sido mirado con amor, con amor ha conocido su verdad. Por fin se ha abierto su camino al discipulado. Sabe que no ha amado a su Señor. Al llegar el momento de la decisión, lo que realmente ha pesado ha sido su propia vida. Con esta mirada en su corazón y en su alma, ya está en condiciones de iniciar la andadura hacia su encuentro; andadura marcada más por dolores y sollozos que por pasos en ese momento histórico de su vida. Es  libre, no tiene que prometer nada o, mejor dicho, no tiene nada qué o para prometer. Es lo suficiente libre como para ser amado. La reverberación de este amor que recibe ya llegará a su tiempo como dice el salmista: “A su tiempo da el fruto” (Sl 1,3). No se avergüenza de su desconsuelo. Hay momentos en la vida en los que contener las lágrimas no es signo de fortaleza sino de soberbia. Este momento de Pedro es especial. Vendido su Maestro y Señor por la presión tirana de su impotencia, no le quedó otra sino abrir la fuente de sus ojos, aquellos que recibieron la luz de los ojos de Dios. Mirada que …

14 Enero, 2017(0)

“Me robaste el corazón, amada mía, esposa mía, me robaste el corazón con una mirada tuya…” (Ct 4,9). Nos podríamos preguntar cómo fue la mirada de Pedro que robó el corazón al Hijo de Dios. Empezaremos diciendo que toda mirada del hombre a Dios es como una especie de reverberación de la mirada que a su vez de Él ha recibido en su alma. Por ello vamos a intentar en primer lugar sondear el Misterio de amores que tomó forma de Acontecimiento aquella noche en la que, después de que Pedro había jurada una y otra vez que no conocía a ese tal Jesús de Nazaret, ese tal posó su mirada en él (Lc 22,61). No fue en absoluto una mirada de reprobación. Ningún reproche se desprendía del destello de luz de los ojos del Señor Jesús. Su mirada era por encima de todo un lazo de amor. De hecho, no le era extraño el mirar de Jesús. Al igual que Juan (Jn 1,39), recordaba el día y la hora. Su hermano Andrés le había hecho partícipe de una gran noticia: ¡Hemos encontrado al Mesías! No sabemos con qué ánimo fue de la mano de su hermano al encuentro …

20 Noviembre, 2016(0)

El paso de Pablo es realmente espectacular, como lo es todo paso trascendental en la fe. Tengamos en cuenta que se fía de lo que no es en absoluto fiable para nadie de su entorno. Recordemos que Jesús fue la piedra angular rechazada por los constructores (Mt 22,42). Cuando unos arquitectos desechan una piedra para los cimientos de un edificio es porque ésta presenta deficiencias, anormalidades, fragilidad… es decir, no es de fiar para sostener la construcción proyectada. La fe que agrada a Dios es ésta: fiarse de la piedra de la que nadie se fía para construir su vida. De esta piedra inservible y desechada se fía Pablo, es decir, del Jesús desechado, tal y como habían profetizado los salmos: “Los que me ven en la calle huyen lejos de mí; estoy dejado de la memoria como un muerto, como un objeto de desecho” (Sl 31,12-13). Apoyarse en esta piedra y suscitar el escándalo cuando no la burla, fue todo al unísono en la vida de Pablo. Todo lo que constituía su existencia se volvió al revés. Su vida, hasta entonces simplona y virtualmente tranquila, también simplona y virtualmente satisfecha y resuelta, se ve asaltada y azotada por …

9 Noviembre, 2016(0)

A estas alturas, más de uno se preguntará, no sin cierta envidia: ¿cómo pudo alcanzar Pablo esta fe tan sólida, tan insobornable a toda vanidad y prebenda, y, sobre todo, tan irreductible al más leve asomo de mediocridad? ¿Acaso fue un privilegio especialísimo de Dios en función de la misión que le había confiado? La respuesta es simple y llanamente: no. Dios no hizo, respecto de la fe, privilegio alguno ni con Pablo ni con nadie. Por supuesto que la fe, al igual que la gracia, son dones de Dios. En cuanto don, la fe es una propuesta de Dios; y no hace falta tener muchas luces para saber que la propuesta, como tal, tan sólo se cristaliza en la medida de su aceptación. Para Pablo, aceptar esta propuesta de fe implica entrar en un arduo y, no pocas veces, desgastador combate. Él lo llama el combate de la fe, y también la noble competición. Esto nos da pie para expresar una nueva confidencia del apóstol a su íntimo amigo y compañero de misión. Confidencia en extremo valiosa, pues aunque es susurrada por un prisionero que percibe próxima su partida, su muerte, en realidad es un imponente cántico de …

1 Octubre, 2016(0)

Consciente de la fragilidad humana, de las continuas vueltas atrás del hombre ante resoluciones libremente aceptadas, el apóstol Pablo nos ilumina profundamente en las confidencias que hace a su colaborador Timoteo, a quien llama “mi hijo querido” (2Tm 1,2). Las dos cartas a su compañero de fatigas son todo un himno de acción de gracias y bendición al Señor Jesús, por haberle llamado para anunciar el santo Evangelio de la gloria y la gracia de Dios. Es tanto “y tan todo” lo que Pablo ha recibido de su Señor y Maestro que no le importa en absoluto haber sido reducido a la miserable condición de los prisioneros. Es más, las cadenas que le sujetan no son para él motivo de ignominia sino de grandeza y de gloria. No se avergüenza de ellas, son el aval y la garantía de su amor incondicional a Jesús, a la misión por Él confiada: el anuncio de su Evangelio. Consciente de que su vida está ya acariciando su plenitud en Dios, hace partícipe y confidente de esta su victoria a Timoteo. Oigamos algunas de sus confidencias: “No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su …

19 Septiembre, 2016(0)

Desde el Padre, Jesús, Hijo y también Señor, nos comunica el Misterio. Es comunicación y, al mismo tiempo, trasvase; porque, a la vez que ilumina la mente, se gesta nuestra divinización. Por supuesto que esta gracia supera lo que comúnmente es denominado el campo de las experiencias. Lo que acontece en este proceso a la persona no es medible ni cuantificable…, por no ser, ni siquiera es expresable. Si alguien intentara abrirse a su mejor amigo para hacerle partícipe de algo del torbellino que recorre todo su ser cuando Dios se le manifiesta y le habla, pronto tendría que desistir. Es una experiencia que se hace entendible callando y también mirando. Dos dimensiones del amor, tan indispensables y, sin embargo, tan desconocidas por parecer superfluas. Sólo es posible una aproximación a su comprensión por la semejanza de quien está viviendo parecida experiencia. Los hombres así visitados por Dios son dueños de sus palabras, mas éstas, a su vez, sólo les reconocen a ellos como sus dueños y señores. Por esto mismo, como si recogieran sobre sí mismas, se convierten en inexpresables. Intentar despertarlas sería algo así como violar el pudor del alma. Son palabras que constituyen la dote del …

25 Agosto, 2016(0)

Dios, el Invisible y el Inaudible a causa de su trascendencia, se nos hace familiar, inmanente. Su propia alma que, como dice Orígenes, está escondida en la Palabra, se ubica cara a cara con nuestro espíritu. Cuando sondeamos el alma de la Palabra de la mano del Espíritu Santo, acontece el Milagro de los milagros: El Invisible se hace más real y tangible que todo aquello que, por su propia naturaleza, está provisto de cuerpo, forma y figura. Es ahora el momento de declarar que si para Moisés el simple “como si viera al Invisible” le fortaleció y le mantuvo firme en la misión recibida y confiada, ¡cuánto más el discípulo será revestido de fortaleza cuando alcanza a ver el alma de Dios en su Palabra! Todo aquel que vive esta experiencia es poseído por el fuego en el que se fragua la fidelidad a la misión asumida. Fidelidad y vinculación a la Palabra escuchada son dos caras de la misma moneda. A estos hombres y mujeres, Jesús les llama hijos de la verdad y de la libertad: “Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn …

12 Agosto, 2016(0)

El autor de la carta a los Hebreos nos ofrece el testimonio bellísimo e imperecedero de toda una serie de israelitas que, por su amor y obediencia a Dios, marcaron hitos en la historia de salvación no sólo del pueblo santo sino del mundo entero. Todos ellos, los que están señalados y los que lo son aun cuando sus nombres no consten, son considerados padres y madres en la fe de Israel, y también -¿por qué no?- nuestros. Nos viene bien recordar el sentir de Pablo cuando afirmó que Israel es el olivo natural plantado por Dios, mientras que nosotros, los gentiles, el olivo silvestre injertado por Él en la raíz santa (Rm 11,16-24). El texto de la carta a los Hebreos al que hemos hecho alusión corresponde al capítulo undécimo, y vamos a fijarnos en lo que se nos dice acerca de Moisés. Su testimonio de fe creo que nos puede servir de espejo para discernir acerca de la calidad de la nuestra. Moisés es presentado como un verdadero hombre de Dios. Llamado por Él para liberar a Israel, escogió las penalidades y humillaciones que comportaban su misión, a la vida cómoda y resuelta que le ofrecía la …

30 Junio, 2016(0)

Jesús, Palabra del Padre, ha dejado en el Evangelio sus huellas luminosas, ésas marcadas por sus pies ígneos, tal y como los pudo ver proféticamente Daniel (Dn 10,6). El Hijo, en su caminar hacia el Padre, va trazando en la creación su rastro de luz. Son esas pisadas de las que nos habla el apóstol Pedro invitándonos a poner nuestros pies torcidos e inseguros en ellas. Son pasos que terminaron en las manos del mismo que le había enviado, las del Padre: “Para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas… Al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia…” (1P 2,21-23). Son las huellas luminosas que dan cumplimiento a la promesa dada por Dios a todos aquellos que, siguiendo a su Hijo, emprenden el camino del discipulado. Promesa cuyo fundamento está en el honor de su Nombre, y que consiste en que “aunque caminen por valle de tinieblas nada han de temer, pues Él camina con ellos” (Sl 23,4). En cada encrucijada del camino, y muchas son las que esperan a los discípulos del …

19 Junio, 2016(0)

Decir que Dios es garante de su Palabra equivale a afirmar que es leal a todas y cada una de sus promesas. Elige, ama, perdona irrevocablemente, y así todo lo demás, porque no está sujeto a la volubilidad o debilidad del hombre en lo que respecta a sus resoluciones de salvación. Entrañable a este respecto lo que nos dice por medio de Oseas ante la infidelidad de su pueblo santo: no me volveré atrás porque soy Dios, no un hombre: “¿Cómo voy a dejarte, Efraín, cómo voy a entregarte, Israel?… Mi corazón está en mí trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas. No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, porque yo soy Dios, no hombre…” (Os 11,8-9). Dios es leal en todo, es como si fuera el único responsable de sus palabras a favor del hombre. Y no es como si fuera, ¡es que lo es! Es entrañable observar cómo no pocas de sus promesas terminan con una especie de juramento: “…porque Yahvé ha hablado”: “Preparará Dios para todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, un convite de buenos vinos… Consumirá en este monte el velo …

3 Junio, 2016(0)

Háblame de ti, Dios mío, es y ha sido el grito y el clamor unánime de innumerables personas a lo largo de la historia. Hombres y mujeres que han buscado desde sus más profundas entrañas el sentido de su existencia, y se han lanzado a la búsqueda del Dios oculto del que oyen decir que existe y que es Emmanuel, es decir, con nosotros, con ellos.. Si el dilema de la existencia de Dios es tan antiguo como el hombre mismo, mayor dilema, e igualmente inmemorial, es saber qué y quién es Dios, qué tiene que ver, o mejor, qué tenemos que ver nosotros con Él. La verdad es que nadie puede responder desde un punto científico a esta pregunta, porque ¿quién ha visto a Dios para poder describirle? (Si 43,31). Sin embargo, sí nos es posible conocer a Dios. Lo es, mas no desde el hombre sino desde Él mismo que es Palabra y, como tal, es comunicación con el hombre. Sólo así, como palabra creadora, le vemos llegarse al encuentro de Moisés para salvar a su pueblo santo, pueblo que había prometido a Abrahám como descendencia. De muchas obras portentosas suyas fue testigo Moisés a lo largo …

22 Mayo, 2016(0)

¡No le soltaré jamás!, gritó también la esposa del Cantar de los Cantares cuando encontró al Amado de su alma. Había salido en su búsqueda desconsolada al no hallarlo en su alcoba, tal y como leemos en los primeros versículos del capítulo tercero del Cantar de los Cantares. El drama lacerante por el que pasa esta mujer –imagen del alma- es muy actual. También hoy día el alma hambrienta y sedienta de lo infinito, constata que Dios “no está”. Ha sido exiliado de la vida pública, de la razón pensante. No es noticia en los medios de comunicación, es un estorbo para la ciencia, el progreso y hasta para las artes. Hablar de Él parece que sea un insulto a la inteligencia. Se le exilia, como en las más crueles dictaduras se hacía desaparecer a los testigos de las atrocidades cometidas; también ahora es conveniente silenciar a Dios. Ya sabemos que esto es propio de un razonamiento muy escaso en luces. Los motivos son obvios: Si la vida ya es complicada en sí, cuánto más lo será si se deja que Dios tenga su campo en ella. Catequéticamente ésta es la realidad que se encuentra la esposa al despertar. No está el Amado de su alma, no está en la casa. …

10 Mayo, 2016(0)

Rehenes de lo que han palpado los sentidos de su alma y al mismo tiempo libres; tan insultantemente libres que, al igual que su Señor y por don suyo, pueden decir “nadie me quita la vida, he recibido el poder de darla y de recobrarla, por eso la entrego voluntariamente” (Jn 10,18). Rehenes de lo que comen y beben sus almas y, a la vez, dueños y señores de cielos y tierra, dotados de lo alto de una libertad insobornable que se eleva majestuosamente sobre toda adulación o fatua aspiración. Desde su indomable y también envidiable libertad, pueden acercarse sin trabas al amor de su alma y decirle callada y confidencialmente: ¡Dios mío, cuanto más me amas, más solo me dejas! Oigamos los sentimientos de soledad de Isaías ante su llamada: “Pues así me ha dicho Yahvé cuando me tomó de la mano y me apartó de seguir por el camino del pueblo…” (Is 8,11). Camino nuevo, extraño, tenazmente intransitado, el de Jesús hacia el Padre, el cual provoca la animadversión violenta de todo su pueblo, tal y como ya había sido profetizado: “Se gloría de tener el conocimiento de Dios… Es un reproche de nuestros criterios, su sola …

15 Abril, 2016(0)

Se dejaron amar por Dios podría ser el título de la biografía de cada uno de los testigos de la fe que encontramos a lo largo del Antiguo y Nuevo Testamento y, por supuesto, también a lo largo de todos los tiempos. No está de más decir que el título le corresponde por derecho propio a Jesús de Nazaret. Él, más que nadie, acogió y asumió, desde su comunión con el Padre y la humanidad, la soledad, fecunda en amores, como su compañera inseparable. En esta su soledad, la Palabra recibida del Padre (Jn 14,24) desplegó en toda su amplitud su prodigioso caudal salvífico. Desde la figura señera del Hijo de Dios nos adentramos en algunos de los personajes, testigos cualificados de la fe, de los que hemos hecho mención. Todos ellos tienen en común haber sido moldeados y enseñados por aquel que es la Palabra. Antes de continuar, es conveniente aclarar de qué soledad estamos hablando. Nos referimos a la soledad de los hombres y mujeres de Dios, la que nace de su fidelidad a la Palabra. Es una soledad que no tiene nada que ver con una especie de complejos o huída del mundo dejando al hombre …

1 Abril, 2016(0)

Al igual que Jeremías, David pasa de la tristeza al gozo, del deseo a la plenitud, del rocío al fuego. Y no estamos poetizando, simplemente es que, a lo largo de este mismo salmo, le oímos musitar: “Mi alma se aprieta contra ti, tu mano me sostiene” (Sl 63,9). Mi alma se aprieta contra ti, susurra David ante el “brutal” derroche de amor de Dios hacia él. Mi alma se aprieta contra ti, Dios mío. Palabras que han deslizado como un murmullo millones de personas cuando se han visto sorprendidas, visitadas y abrazadas amorosamente por Dios. Mi alma se aprieta contra ti, Dios mío, parece decirnos el apóstol Pablo abriéndonos confidencialmente su intimidad: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí…” (Gá 2,20). Mi alma se aprieta contra ti, Dios mío, nos parece oír también a la madre que está dando a luz a su hijo, sabiendo ya de antemano que nace enfermo. Mi alma se aprieta contra ti, dirá también el padre de familia que da testimonio de fe en un ambiente autosuficiente en que Dios y su verdad son ignorados. Mi alma se aprieta contra ti, dice el/la joven cuando, frente a la corriente …

19 Marzo, 2016(0)

Angustia, dolor, desprecio… Sin embargo, todos los males juntos no consiguen apagar el fuego de Dios que habita en él. El aplastamiento al que se ve sometido ha podido reducir la llama a unas minúsculas mechas cuyos latidos son casi imperceptibles. Dios, el Fiel, el Leal, el Veraz, vela por su profeta, que antes de profeta es hijo y amigo. Vela por él muchísimo más de lo que se pueda imaginar. Nos parece ver cómo se acerca sigilosamente y con qué amor sopla sobre sus mortecinas mechas haciendo resurgir el resplandor del fuego. No nos extraña que Jeremías, fuera de sí ante todos estos gestos de Dios, se sienta vencido por Él. Nos lo imaginamos después de cada combate cuerpo a cuerpo con Dios, extrañamente ebrio y desfallecido por el contacto, y balbuciendo una y otra vez: “¡Me has seducido, Señor! Me has agarrado otra vez y me has podido. Me has vencido, lo cual es lógico ya que juegas con ventaja. Tienes la carta escondida de tu amor irresistible, no hay quien ame como tú, quien como tú estremezca cuerpo y alma, nadie que pinte mis entrañas con los colores con que tú las pintas, quien me haga …

4 Marzo, 2016(0)

“Me has seducido, Dios mío, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido” (Jr 20,7). Incluso personas relativamente poco familiarizadas con la Biblia reconocen esta confidencia de Jeremías. Leyendo atentamente su contexto, nos damos cuenta de que casi parece más un grito del profeta que una confesión; digamos que se ha resistido a la seducción de Dios ya que, desde que le llamó, su vida se ha movido casi al filo de la navaja. De nada le sirvieron sus disculpas para aceptar la misión, Dios hizo añicos sus argumentos. Mal le ha ido a Jeremías en su vocación, mal. La palabra que Dios puso en su boca para llevar a cabo su misión (Jr 1,9), le hace pasar del Tabor al infierno y viceversa, sin darle descanso. Nadie escucha al profeta si no es para hacerle objeto de sus burlas: “He sido la irrisión cotidiana: todos me remedaban” (Jr 20,7b). Al límite de sus fuerzas, no le queda sino gritar ¡no puedo más! La supuesta llamada de Dios no parece más que eso: supuesta, por lo que, en un grito de rabia, exclama: ¡No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre!” (Jr 20,9a). Quiere …

12 Febrero, 2016(0)

Nuestro hombre de Dios nos hace partícipes de una de las profecías mesiánicas, quizá una de las más bellas que encontramos a lo largo de todas las Sagradas Escrituras. Nos dice que Dios le hizo ver el Templo de su Gloria, y que de su lado derecho brotaba como un río de agua que seguía su curso a lo largo de Palestina hasta llegar al mar Muerto saneándolo. Muchos santos Padres de la Iglesia han visto en esta imagen profética al Hijo de Dios crucificado cuyo lado derecho fue abierto violentamente por una lanza (Jn 19,34). Lo que tiene que ver con el tema, es decir, con los frutos de la esposa, es que Ezequiel nos hace ver que las aguas que brotan se convierten a lo largo de su recorrido en un caudaloso torrente, y que a sus orillas crecen árboles medicinales: “A orillas del torrente, a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles frutales cuyo follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán; producirán todos los meses frutos nuevos, porque esta agua viene del santuario. Sus frutos servirán de alimento, y sus hojas de medicina” (Ez 47,12). Como podemos observar una vez más, …

30 Enero, 2016(0)

Al lado de esta más que manifiesta necedad, se eleva majestuosa y digna, la sabiduría de la esposa del Cantar de los Cantares: Aquí tienes mis frutos, ellos son y hablan de mis amores; los he preservado de la corrupción de otras miradas, los he guardado para ti, y es que tú eres el único amor de mi alma. La sabiduría de la esposa consiste en haber defendido con todas sus fuerzas este su amor de las caricias cancerosas de la vanidad, la del alma; acerca de la cual volvemos a referirnos con la intención de sopesar mejor la grandeza gigantesca del corazón de esta enamorada. Nos la imaginamos protegiendo sus amores al tiempo que esquiva todas esas miradas, tan complacientes como huecas, y que, además, piden y obligan a contrapartidas. Ella lo que busca es aquella Mirada que se hace hontanar cristalino en sus entrañas. Por el mismo motivo renuncia también a la petulancia de unas voces, siempre las mismas y programadas, sujetas al guión establecido cuyos ingredientes son homenajes, agasajos y aplausos. No, no le interesan en absoluto estas vocecillas estridentes. Lo que a ella le interesa es la Voz, esa que, templando cariñosamente las cuerdas de …

12 Enero, 2016(0)

“¡Ven, amado mío, salgamos al campo! Pasaremos la noche en las aldeas… Allí te entregaré el don de mis amores. Las mandrágoras exhalan su fragancia. A nuestras puertas hay toda suerte de frutos exquisitos. Los nuevos, igual que los añejos, los he guardado, amado mío, para ti” (Ct 7,12-14). El huerto que con tanto mimo y cuidado ha cercado el amado y regado con su fuente propia, ha llegado a ser un vergel que alegra a todos los que recorren sus ojos por él. La vistosidad policrómica de sus frutos junto con sus fragancias, ofrecen un espectáculo paradisíaco. No hay duda, el esposo sabía lo que quería. Toca ahora escuchar a su amada quien, abandonada al amor, se dejó hacer huerto y fuente para quien y por quien vive su alma. Coge a su de la mano y lo introduce por los caprichosos dibujos del florido vergel brindándole sus frutos. Ningún transeúnte ni advenedizo tiene acceso a este su paraíso. Su sola exposición a la curiosidad ajena, sea quien fuere, haría marchitar sus frutos. Los ha guardado hasta con violencia; son para él, sólo para él. Representan su entrega, la carta credencial de que sus amores son exclusivos e …

5 Diciembre, 2015(0)

La experiencia de nuestro salmista viene al encuentro de todo corazón cansado. Cansado de tener y perder, de amar y desamar, de abrazar y despertar en soledades; cansado de recoger desalientos y decepciones, de encumbrarse y agotarse de tanto mantener el equilibrio en una cima inestable. Cansado de amar todo lo que el tiempo tiende a desgastar, de alcanzar conquistas y metas cuyos destellos resplandecen al compás de un reloj de arena. En definitiva, cansados de ser sólo desde nosotros mismos y no desde Dios. Por eso, en su lucidez, el hombre comprende que vale la pena arriesgar todo y ponerse en camino hasta llegar junto a Él. Posiblemente haya llegado marcado por heridas y jirones, producto de sus desánimos, crisis y también de sus pecados…, no importa, ha llegado. El mismo Jesús nos empuja, o mejor dicho, nos atrae, mueve nuestros pasos hacia Él: “Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). Así como la tierra contiene en sí la ley de la gravedad por la que ejerce una fuerza de atracción hacia sí misma en todo lo que respecta a su ámbito espacial, también el Hijo de Dios tiene lo que …

21 Noviembre, 2015(0)

Ante un panorama así, nuestra salida no puede ser la de la huída sino la de activar la nomadía, el nomadismo del corazón. En otras palabras, si nuestro corazón está hecho a la medida de Dios, revistámosle de la túnica del peregrino y pongámosle en camino. Liberémosle así de los arneses en los que se le quiere sujetar; de esta forma podrá lanzarse a la búsqueda de horizontes más anchos hasta que se encuentre con Dios, el único en el que puede descansar tal y como Él mismo lo dice (Mt 11,28-29). Del corazón y alma, cansados, enfermos de amor, nos habla la esposa/alma del Cantar de los Cantares. La vemos saliendo apresurada, ansiosa tras las huellas de Dios. Él ha pasado por su vida y la ha descolocado. Nada ya tiene sentido hasta que no encuentre a Aquel, el único que puede curar su sed de amor infinito: “Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me salió en su huída. Le busqué y no le hallé, le llamé, y no me respondió… Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, ¿qué le habéis de anunciar? Que estoy …

27 Octubre, 2015(0)

Por supuesto que no es ninguna novedad afirmar que vivimos en una sociedad cuyos ritmos y valores golpean implacablemente nuestro corazón, abocándolo al cansancio y agotamiento; sí, es cierto, vivimos con el corazón estresado. Es la nuestra una sociedad cuya óptica de lo que entiende y preconiza por el vivir, ofrece unos horizontes tan empequeñecidos que parece como que se repliegan contra nuestro espíritu produciendo una sensación angustiosa de claustrofobia. La percepción existencial está tan recortada y disminuida que nos recuerdan unas tenazas que se elevan amenazantes sobre los latidos de infinitud  que nuestro corazón emite como única resistencia ante el brutal recorte de vida al que se ve sometido. Son latidos que intentan ahuyentar de su campo visual los fantasmas, portadores de la nada, que se pasean por nuestro espíritu. Sin embargo, no creemos que sea ésta una problemática sólo de nuestro tiempo. Sí es posible que hoy se haya agudizado, pero la problemática como tal siempre ha estado presente en la historia, pues no radica en el exterior sino en el interior del hombre. Quiero con esto decir que tiene que ver con nuestro propio ser. Hemos sido creados a la medida de Dios, y sólo a …

11 Octubre, 2015(0)

Bajo la mirada escrutadora –afín a la de los patriarcas de Israel- de José, su marido, envuelve a Jesús, al Desconocido, al Salvador del mundo, con los jirones y desechos de su alma. Necesita dar un rostro, una dignidad, al ignorado y desechado, a quien, enviado por el Padre para ser el descanso de todas las almas, no ha tenido desde su nacimiento ni siquiera un lugar donde reposar su cabeza (Mt 8,20). El frío y la indiferencia de la humanidad, a quien viene a salvar y a rescatar, es mucho más lacerante que la gélida noche de Belén… María le abrazó y le envolvió entre las cálidas entretelas de su alma. Se catapulta entonces una historia de amor única entre Dios y ella. María se fortalece, se llena de divinidad al envolver con su cuerpo y su espíritu la Palabra hecha carne. Es como si la escondiera en su corazón, haciendo así presente y visible la garantía que confirma el sello de veracidad, de la fidelidad del hombre hacia Dios, tal y como lo preanunció el salmista: “Dentro del corazón he guardado tu Palabra, para no pecar contra ti” (Sl 119,11). El gesto, como ya indicamos y hemos …

24 Septiembre, 2015(0)

Uno de los puntos más sobresalientes que encontramos en las cartas del apóstol Pablo es el de que la fe nace de la predicación del Evangelio. Todo discípulo del Señor Jesús tiene conciencia de que su fe es don de Dios, un fruto que ha crecido y madurado al ritmo de una doble actitud personal: escuchar y guardar en lo más profundo de su ser el Evangelio que se le anuncia. Es en el seno de su alma donde la Palabra engendra la complacencia, la fiesta del hombre con Dios: “Dios mío, en tu Palabra me complazco en el fondo de mi ser” (Sl 40, 9). Dicho esto nos acercamos a la vida de fe de María de Nazaret. Una de las características esenciales que el Evangelio nos relata acerca de la madre de Jesús es la de que guardaba la Palabra en su corazón. De la mano del Espíritu Santo intentaremos abordar su figura desde esta perspectiva tan primordial y necesaria para llegar a alcanzar la fe adulta. Sondeamos las circunstancias que acompañaron al nacimiento del Hijo de Dios y hacemos un esfuerzo mental para intentar comprender lo que pudo pasar por la mente y el corazón de …

16 Septiembre, 2015(0)

El salmista de quien nos estamos sirviendo en esta catequesis, nos hace saber con gozo incontenible que Dios otorga a sus amigos signos más que evidentes por los cuales pueden detectar que esta herencia, que tantas veces aparece en la Escritura y de la cual estamos hablando, no es una ficción neurótica de unos iluminados”. Es una herencia real y que toma consistencia al constatar que algunos de sus bienes ya se disfrutan. Por ejemplo, uno que ya nos pertenece es que la Palabra ha quedado liberada de todo dato académico o carga moral. Se ha hecho oración. El corazón, legalmente cumplidor, ha sido convertido en un corazón abierto y orante. No está sujeto a una oración regulada por un horario o norma. Ha madurado, su relación con Dios ha llegado a ser delicia y complacencia de su alma, y todo su cuerpo participa también de la fiesta ininterrumpida. Para estos hombres la oración se ha convertido en un surtidor del cual discurre -a veces atropelladamente, otras mansamente, e incluso otras como hilos incandescentes- el Misterio del Amor de Dios. A estos hombres, así abrazados por Dios, les sale de lo más profundo de su ser “susurrar su Palabra de día y de noche” (Sl 1,2). No tiene que hacer memoria, las palabras …

27 Agosto, 2015(0)

Toda alma que se ha movido hacia Dios con este sello, le ha conocido con el mismo amor que le conoció la esposa del Cantar de los Cantares. Ningún alma que ha buscado así ha terminado encontrando entre sus brazos un fantasma, un fraude, una ilusión, sino a Dios. Ha bebido, bebe y beberá para siempre el vino bueno, el reservado, el que refleja en sus sabores y colores el Bien, la Bondad, la Belleza, el Amor. Todo aquel que bebe de este vino confiesa igual que este hombre orante de Israel: “¡Qué grande es tu bondad, Dios mío! Tú la reservas para los que te aman, se la brindas a los que a ti se acogen” (Sl 31,20). Como ya anunciamos, traemos ahora a nuestra presencia a María, la hermana de Marta. Al igual que a la enamorada del Cantar de los Cantares, la encontramos sentada, apetecida, trasladada en cuerpo y alma a la bodega. Está a los pies de Jesús bebiendo de su vino; le encanta, es como un río de fuego que recorre todo su ser; y, lo más importante, sabe que estaba reservado para ella. Bebe y conoce, y conoce y bebe. Sí, conoce el …

17 Junio, 2015(0)

El primer salmo del Salterio expone los dos caminos que se abren como opción y también como expectativa a nuestros pasos. Son caminos disyuntivos y, más aún, contrapuestos, como disyuntivas y contrapuestas son las herencias que emanan de ellos. Ambas llaman con insistencia y persuasión a las puertas del corazón del hombre. A pesar de que los caminos son disyuntivos y sujetos, por lo tanto, a una elección, el hombre normalmente se agarra a la ilusión ficticia y alienante de pretender caminar por ambos a la vez. Dios, en su amor por él, no permanece indiferente a tan lastimosa necedad e irrumpe en su vida. En esta su irrupción, que podría ser considerada incluso intromisión, lo primero que hace es sacar a la luz pacientemente la necedad asumida y consentida del letargo en el que se ha acomodado. Dios se la hace visible al hombre; le da forma, figura e incluso hasta aliento. Es como si le provocara con el fin de que llegue a preguntarse si el valor de su vida no es mayor que el absurdo que está dejando crecer en él. El simple hecho de hacerse esta pregunta ya supone un aliento de Dios en él, …

27 Mayo, 2015(0)

A estas alturas, hacemos nuestra una apreciación de san Bernardo que tiene que ver con la relación amorosa entre Dios y el alma, el esposo y la esposa. Dice que es Dios quien ilumina el alma en orden a la comprensión de su Palabra. Es lo que podríamos llamar la sabiduría que nace de la contemplación. Seguimos de la mano de este padre de la Iglesia y, con irreprimible gozo, le oímos afirmar que cuando una persona es iluminada por Dios acerca de la Palabra, del Evangelio, es como si Él mismo llegara hasta lo más profundo de su alma y la besara. La esposa, pues, recibe un beso de Dios cada vez que Él le revela una faceta de su Misterio oculto en la Palabra. Bajo la luz de Bernardo, nos acercamos nuevamente al susurro. Con sorpresa, percibimos que es de ida y vuelta: Dios que susurra quedamente al alma haciendo correr hacia ella sus aguas vivas, y el alma que es toda ella un susurro contemplativo, amoroso, que eleva sus manos como lazos, aprisionando hacia sí a Dios al tiempo que grita alborozada: “Su paladar es dulcísimo, y todo él, un encanto” Para intentar dar una explicación a lo …

9 Mayo, 2015(0)

Son esos brazos verdadero regazo del mismo Dios en los que la esposa se siente amada, querida, confortada y, hasta podríamos decir, poseída, en el sentido de que se sabe suya. Son los brazos en los que siente colmada toda su sed de amar y ser amada. Sabe muy bien lo que siente. No se pierde en divagaciones ni explicaciones, y como a buen entendedor pocas palabras bastan, se limita a exclamar: “Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza” (Ct 2,6). Conoce así el alma el vaivén de dos amores: el de Dios y el que Dios crea en ella. He ahí el fruto de un alma que se ha adiestrado en la fiabilidad. Dios hace brotar en ella el amor indisoluble, lo hace por y con delicadeza. Me explico, lo hace así para que el alma, amando en esta dimensión, no se sienta extraña o como intrusa ante el Amor. Dios naturaliza éste en ella para que se sienta a gusto, se sienta esposa, es decir, no ajena o extraña en su Casa. Toda alma que es así, sostenida y, al mismo tiempo, abrazada, descubre que es poseedora de sus propias fuentes. Fuentes que …

22 Abril, 2015(0)

“Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada… ¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas!” (Ct 4,12-15). Como manzano único entre todos los árboles silvestres es mi amado, hemos oído decir a la esposa inclinando toda la explosión de su ser hacia Él. Como lirio entre todas las flores del campo es ella, mi amada, había dicho, a su vez, su esposo, dando palabras al fuego que ardía en su alma (Ct 2,2-3). No le parece suficiente al esposo el canto de amor por su amada que acaba de elevar a los cielos, como queriendo competir en majestad y belleza con el arco iris que viste de colores el horizonte. No le parece suficiente, para que nadie pueda hacerse una idea de lo que siente por su esposa. De ahí que eche mano de las riquezas más recónditas de su corazón y nos detalle, con la maestría y elegancia propias del amor, facetas y matices de su amada que estremecen y conmueven los cimientos inmateriales de nuestra alma. Fijémonos en algunos de estos sus arrebatos por ella, y que dan cuerpo a este capítulo: huerto cerrado, fuente sellada, pozo de aguas vivas, etc. Al llamarla huerto …

29 Marzo, 2015(0)

Retomamos a Oseas: “En el desierto la hablaré al corazón”. Como siempre, Dios cumple su Palabra. Se encarna, es Emmanuel, Dios vivo en el corazón del hombre. En nuestros desiertos se desposa con nuestra alma…, Él pone la dote. Oseas mismo nos hace una relación de ésta. La lista es arrebatadoramente hermosa. En ella encontramos su justicia y derecho, amor y compasión, fidelidad, etc.(Os 2,21). Su hablar al corazón es su quedarse con nosotros. Es un quedarse divinizando al hombre. ¡Qué inmensamente hermoso se nos antoja el testimonio que nos ha dejado san Ignacio de Antioquía acerca de la acción transformadora de la Palabra en el ser humano! Hacia el final de su vida, siendo ya más de Dios que de sí mismo, llegó a decir: “¡He llegado a ser palabra de Dios!” Bellísimo testimonio y nada exagerado. San Juan de la Cruz dijo lo mismo en otros términos: “¡Oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!” Seducción, desierto… ¿Accidente, solución de emergencia sobre la marcha para poder salvar Dios su historia de Amor con el hombre? ¡En absoluto! Es en el desierto donde el alma manifiesta sus más genuinas y perentorias necesidades que, a final de cuentas, …

12 Marzo, 2015(0)

Israel es el pueblo que ha conocido a Dios en el desierto, su experiencia es única en la historia de las religiones. Su tú a tú con Dios, su conciencia de ser heredad suya, la niña de sus ojos, el pueblo de su corazón, se fraguó principalmente en su experiencia del desierto al salir de Egipto. En su precariedad, alcanzó un conocimiento único del Trascendente, un conocimiento no basado en estudios filosóficos o metafísicos, ni siquiera antropológicos. Conoció a Dios al ser testigo de su lealtad. Me explico, no sólo por la Palabra que Él le daba sino porque ésta se cumplía. Esta conciencia la hace pública y universal el mismo Jesús cuando orando al Padre le dice: “Tu Palabra es verdad” (Jn 7,17). Tu Palabra es verdad, no es una leyenda ni un cuento. ¡Tú, Padre mío, eres leal porque siempre cumples tu Palabra! Esto que oímos a Jesús podría perfectamente decirlo Israel en su experiencia del desierto. La torpeza del pueblo consistió en olvidar la catequesis magistral que había recibido del mismo Dios. Como quien dice, de su propia boca y a la luz de sus obras pudo comprobar que la fe en su presencia y en …

24 Febrero, 2015(0)

 Y el alma dijo: Sí quiero Llegada para Jesús a su término la etapa que los exegetas llaman su vida oculta, su Padre abre el pórtico que le introduce en la misión para la que le ha enviado, dirigiendo sus pasos hacia el río Jordán donde Juan estaba bautizando. Quiere que su Hijo sea manifestado como tal ante el pueblo. Jesús se acerca entonces a Juan para ser bautizado por él. Mateo nos relata la proclamación que el Padre hizo de su divinidad apenas emergió de las aguas bautismales: “Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: Éste es mi Hijo en quien me complazco” (Mt 3,16-17). La riqueza catequética de este texto es inmensa. En primer lugar vemos a Jesús mostrando a todos el alfa y omega de su misión: el Misterio Pascual. Inmerso en las aguas -imagen de su descenso al sepulcro, a los abismos que desintegran al hombre- emerge, victorioso, de ellas. Es su victoria y la nuestra. Su elevarse hacia lo alto desde las profundidades, …

11 Febrero, 2015(0)

Llegados a este punto, hay algo que parece que no encaja. ¿Cómo pueden cenar juntos, cara a cara, Dios y el hombre? El Trascendente con el que vive en tierra. ¿Dónde queda el Misterio insondable de Dios? ¿Acaso se diluye Dios para adaptarse a la mente del hombre? No parece posible, pues entonces ya no sería Dios. No puede serlo si cabe en nuestra mente. Parece como que Dios ha desencajado su Ser eterno y omnipotente cuando nos da a conocer su “última ocurrencia”: cenaremos juntos, él conmigo y yo con él. Es cierto que podemos pensar así, pero sólo desde nuestra limitada razón tan intelectual ella, tan pagada de sí misma, y que no tiene en cuenta la audacia de Dios. Audacia que le mueve a enriquecer sin medida al hombre. Audacia ante la que quedó tan rendido Pablo que no tuvo más remedio que confesar que Él, porque es Dios, tiene poder para hacer en nosotros incomparablemente más y mejor de lo que podamos pedir e incluso pensar (Ef 3,20). Porque no está sujeto a ninguna prudencia dictada por nuestra pobre y limitada lógica, se acerca al hombre y le hace cómplice de su audacia. El Trascendente …

21 Enero, 2015(0)

Hablamos de una Presencia que no solo ilumina las tinieblas sino que, como si fuese un nuevo éxodo, abre amorosamente las aguas de nuevos mares y ríos que pretenden impedir, y hasta bloquear, sus pasos. Ante tantas maravillas hechas en su favor, va conociendo a Dios como Padre y, como tal, a Él se dirige: “Mi lealtad y mi amor irán con él, por mi nombre se exaltará su frente; pondré su mano sobre el mar, sobre los ríos su derecha. Él me invocará: ¡Tú, mi Padre, mi Dios y roca de mi salvación! (Sl 89,25-27). A estas alturas, Dios es ya para el peregrino de la fe un verdadero anfitrión que prepara para él un banquete: “Preparas una mesa para mí, me unges con óleo perfumado, mi copa rebosa” (Sl 23,5). Es la abundancia de Dios, la abundancia de la vida dada por el buen Pastor (Jn 10,10) a costa de la suya: “El buen Pastor da su vida por las ovejas” (Jn 10,11). Es la copa de la salvación que se levanta con acción de gracias, aunque en realidad no hay acción de gracias que esté a la altura de lo que Dios hace por los que …

18 Diciembre, 2014(0)

El hombre de hoy, vulnerable como nunca lo fue al abismo vertiginoso de la tristeza provocada por la escasa motivación de su hacer y vivir, necesita oír con absoluta urgencia los silbos esperanzadores de hombres y mujeres que tienen la experiencia de ser cuidados y amados por Dios. Un Padre que les valora más que a las aves del cielo (Mt 6,27), y a quienes viste con más esplendor que a los lirios del campo (Mt 6,28-29). Dios los considera a todos ellos como a las niñas de sus ojos porque le han buscado y le han tenido como su primera y única prioridad (Mt 6,33). Infinidad de hombres y mujeres, creyentes y no creyentes, conocen estas palabras del evangelio de san Mateo. Millones y millones de personas que, repito, conocen estos textos evangélicos, buscan casi desesperadamente seres humanos que, con las mismas carencias y dificultades que ellos, crean de verdad en estas palabras; de verdad, es decir, con el corazón. Buscan anhelantes, algo así como ávidos de vivir, discípulos del Señor Jesús, estos que transparentan aquello de lo cual quisieran ser partícipes. Quieren saber dónde reside su secreto de tener bastante con Dios. Vamos a intentar recoger la …

5 Diciembre, 2014(0)

Volvemos a la escena y nos disponemos a asistir a, como diría Juan de la Cruz, un lance en el que Dios –como siempre- toma la iniciativa. Se acerca al lecho de la esposa/alma  y acaricia  sus oídos con un susurro.  La esposa oye el requerimiento, mas por un momento es vencida por el sopor en el que está sumida (v 3). Es un lapsus provocado por el siguiente discurso: ¿Existe realmente Dios? ¿No será un producto o una sublimación de mis necesidades y carencias? Es el sopor, es la hora de las tinieblas y su poder (Lc 22,53). Por fin la esposa se quita de encima estas insinuaciones paralizantes y se levanta, alcanza la puerta, la abre…,  ¡su amado se había ido! (v 6). Es a partir de entonces que entramos en el centro de la historia de amor jamás contada ni escrita. Estamos hablando de un encuentro en otra dimensión, el de Dios,  quien eleva al alma hasta hacerla partícipe, e incluso cómplice, de la única locura divina: amar. Es un amor sin curvas descendentes, flecha lanzada a lo alto y que traza un curso interminable. Es una historia de amor que sólo puede ser vivida desde …

7 Noviembre, 2014(0)

Aunque es de noche, repite una y otra vez el alma a la que Juan de la Cruz presta su voz. Nuestro místico recoge sus propios impulsos para hablarnos de la necesidad que tiene el alma enamorada de saciarse de Dios. Él es la fuente, el manantial de aguas vivas, como nos lo hace saber por medio de Jeremías (Jr 2,13). Solo en las aguas vivas sacia su sed ese “algo de Dios” que todos llevamos dentro (Gn 1,27). Aunque es de noche y la oscuridad se impone al alma, esta sabe de la fuente; por eso, y repito, aunque es de noche, sale en su búsqueda. Resuena en lo más cristalino de su ser el tintineo de las aguas que mueve los pasos y los ritmos de todo buscador. Todo él, cuerpo y espíritu, está convulsionado por la voz inmaterial que se ha entrelazado, como si fueran dedos, entre todas y cada una de sus entrañas. Es entonces cuando el alma se levanta altiva porque altivas, por sus derroches y abundancias, son todas las obras de Dios. Hablamos de la inmensidad insondable de lo que es infinito. En este ámbito de resonancia, todo buscador de Dios descubre atónito …

21 Octubre, 2014(0)

Pablo sabe perfectamente que la predicación que le ha encomendado el Señor Jesús tiene el fin de abrir los ojos, oídos y el corazón del hombre al Misterio de Dios. Misterio que solo es posible sondear y conocer desde Él mismo, y que lo hace por medio de la predicación: “A Aquel que puede consolidaros conforme al Evangelio mío y la predicación de Jesucristo, revelación del Misterio, mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado al presente por las Escrituras que lo predicen…” (Rm 15,25-26). Más directo aún se nos muestra Juan. Culmina el bellísimo prólogo a su Evangelio con una aseveración que, a su vez, encierra una hermosísima noticia: es cierto que a Dios nadie lo ha visto jamás. Mas también lo es que el Hijo, el Resucitado, que está en su seno, lo revela a los suyos: “A Dios nadie lo ha visto jamás: El Hijo único, que está en el seno del Padre, nos lo ha revelado” (Jn 1,18). Desde el Padre, Jesús, Hijo y también Señor, nos comunica y revela el Misterio. Es comunicación y, al mismo tiempo, trasvase; porque, a la vez que ilumina la mente, se gesta nuestra divinización. Por supuesto que esta …

26 Septiembre, 2014(0)

El Invisible, y por analogía también el Inaudible a causa de su trascendencia, se nos hace familiar, inmanente, Espíritu cara a cara con nuestro espíritu, por medio de la Palabra. Esto es posible por obra y gracia del Espíritu Santo. Él nos concede llegar hasta el alma de la Palabra que vive en la Escritura tal y como nos lo dice Orígenes. Cuando sondeamos así el alma de la Palabra, acontece que el Invisible se hace más real y tangible que todo aquello que, por su propia naturaleza, está provisto de cuerpo, forma y figura. Es ahora el momento de declarar que si para Moisés el simplemente “como si viera al Invisible” le fortaleció y le mantuvo firme en la misión recibida y confiada, ¡cuánto más el discípulo será revestido de fortaleza cuando alcanza a ver el Misterio de Dios en su Palabra! Todo aquel que tiene esta experiencia conoce la fidelidad en la misión. Fidelidad y vinculación a la Palabra escuchada forman dos caras de la misma moneda. A estos hombres y mujeres Jesús les llama hijos de la verdad y de la libertad: “Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad …

4 Septiembre, 2014(0)

El autor de la carta a los Hebreos nos ofrece el testimonio bellísimo e imperecedero de toda una serie de israelitas que, por su amor y obediencia a Dios, marcaron hitos en la historia de salvación no sólo del pueblo santo sino del mundo entero. Todos ellos, los que están nombrados y los que lo son aunque sus nombres no consten, son considerados padres y madres en la fe de Israel, también -¿y por qué no?- nuestros. Nos viene bien recordar el sentir de Pablo cuando afirmó que Israel es el olivo natural plantado por Dios; mientras que nosotros, los gentiles, el olivo silvestre injertado por Él en la raíz santa (Rm 11,16-24). El texto de la carta a los Hebreos, al que hemos hecho alusión, corresponde al capítulo undécimo, y vamos a fijarnos en lo que se nos dice acerca de Moisés. Su testimonio de fe creo que nos puede servir de espejo para discernir respecto a la calidad de la nuestra. Moisés es presentado como un verdadero hombre de Dios. Llamado por Él para liberar a Israel, escogió las penalidades y humillaciones que comportaban su misión, a la vida cómoda y resuelta que le ofrecía la hija …

31 Julio, 2014(0)

Se supone que un alma que ha encontrado su lugar junto a Dios, quien le ha llevado amorosamente a su bodega y le ha dado a gustar de su vino, debería de abismarse en el silencio despegándose de toda palabra. Es tiempo de dar protagonismo a los latidos del corazón cuya intensidad preanuncia el desmayo. Bello es este amor, no es coercible en ningún poemario; los más altos pensamientos y sentimientos se retraen acobardados ante tanta grandeza. Sólo un alma que irradia la gloria de tal Amante, podría decir algo; y aun sabiendo que en realidad no está diciendo nada, lo hace. Mirando fijamente al que le ha dado la capacidad de sentir desde parámetros divinos, acierta a exclamar como el salmista: ¡Dios mío, qué precioso es tu amor!” (Sl 36,8). El alma así cautivada hace suya la experiencia del salmista y la amplía: ¡Todo tú eres un torrente de delicias! Tú me has dado tu Palabra que me ha enseñado a confiar en ti. Ella, que es tu Sabiduría, me ha conducido como buen pastor hasta mi hendidura, aquella que desde siempre has preparado para mí. De ti, que te entregaste a la muerte para que yo encontrara …

14 Julio, 2014(0)

Pasamos ahora a ver la “hendidura de la Roca” no solo como lugar junto a Dios sino también como refugio, aquel del que tienen buena y grata experiencia todos los amigos de Dios. Refugio acerca del cual la Sagrada Escritura, en especial los Salmos, hace mención con frecuencia. Es un refugio en el que los buscadores de Dios se sienten seguros porque saben que están “a la sombra de sus alas”, es decir, protegidos por el mismo Dios. En este sentido nos acercamos con incontenible gozo a la experiencia de fe del autor del Salmo 91. Este israelita, figura de Jesucristo y de cada uno de sus discípulos, ha buscado a Dios y lo ha encontrado, como ocurre siempre, tal y como nos dice el Evangelio (Lc 11,10). Porque lo ha encontrado se ha hecho acreedor del odio del mundo, como muy bien aclara el Señor Jesús: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque al elegiros os he sacado del mundo, por eso el mundo os odia” (Jn 15,19). Este buscador no es un héroe ni tiene por qué serlo; tiene miedo ante el peligro como cualquier otro. Es débil, …

18 Junio, 2014(0)

Cuando Moisés suplicó a Dios que deseaba verle, contemplar su gloria, su rostro, Él le respondió: “Mira, hay un lugar junto a mí; tú te colocarás sobre la peña. Y al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Luego apartaré mi mano, para que veas mis espaldas; pero mi rostro no se puede ver” (Ex 33,21-23). Con estas palabras Dios le está señalando que hay un lugar junto a Él desde el cual podrá verle aunque no de frente sino por las espaldas. Expresión esta que da a entender el velo que separa la divinidad de la humanidad. Velo que el mismo Hijo de Dios rasgará y hará desaparecer por medio de su muerte (Lc 23,45). El apóstol Pablo se hace eco de este acontecimiento (2Co 3,14-16), y que permite al hombre penetrar en el Misterio de Dios oculto y latente en su Palabra. Jesús, Palabra del Padre, es quien nos conduce al lugar junto a Dios, ahí donde Él tiene plantada su Tienda (Jn 1,1). Todo aquel que se abraza a su Evangelio tiene un lugar en la Tienda que el Hijo plantó …

6 Junio, 2014(0)

San Juan de la Cruz y, al igual que él, tantas y tantas personas que han intentado expresar el Acontecimiento de Dios en su alma, se expresaron como buenamente pudieron. Digo esto porque es totalmente imposible reflejar de forma adecuada lo que el alma está viviendo en su contacto con el Espíritu de Dios. La realidad consiste en que ¿de qué palabras puede nadie echar mano a la hora de describir el hacerse de Dios en un alma? ¿Cómo puede nadie imaginar que se pueda expresar con propiedad esta entrega de Dios al hombre? ¿Quién está capacitado para revelar la relación existencial entre el Misterio de Dios y el misterio de uno mismo? Por supuesto que algo hay que decir, ya que esto hace parte de la transmisión y el compartir de la fe. He dicho bien, “algo”. No es más que un pequeño soplo frente a lo eterno que está viviendo el alma. Está ella acurrucada contra Dios como en posición fetal. Y de toda la corriente de divinidad que Dios infunde hacia ella, nos da a conocer lo que buenamente alcance a balbucir. Es mejor así. Se ofrece como una simple pincelada de una imparable y grandiosa …

21 Mayo, 2014(0)

“Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, e innumerables las doncellas. Única es mi paloma, mi perfecta…”  (Ct 6,8-9). A la luz del Cantar de los Cantares me surge la reflexión de que una de las mayores penurias del hombre, una de sus mayores carencias, es la de no llegar a enriquecer su sensibilidad con la apreciación tan sublime, y también tan real, de la belleza de Dios. Es tal su grandiosidad que nos dirigimos a ella con el epíteto de La Belleza, sin más. La pobreza del ser humano que no ha sido alcanzado por esta Belleza es de tales dimensiones que me atrevo a decir que es un ser inacabado. Es como si su riquísima sensibilidad ante todo lo que es de por sí bello, sublime, artístico, se haya quedado a medio camino, algo así como bloqueado y paralizado en el intento. El texto del Poema de los poemas que encabeza este capítulo ilumina lo que estamos argumentando. Es un pasaje que se entiende a la luz de las cortes regias del Oriente. Este dato hay que tenerlo muy en cuenta para apreciar mejor la grandeza, y también originalidad, de la elección que hace este rey que, …

9 Mayo, 2014(0)

Solo partiendo de lo que nos parece incomprensible, y casi diríamos increíble para los parámetros racionales que rigen nuestro hacer y vivir, puede el hombre abrazarse confiadamente al asombro de haber sido elegido y, a su vez, poder elegir al Único de su alma. “Amemos a Dios porque Él nos amó primero”, nos dice, como queriendo romper el cascarón de la incredulidad, el apóstol Juan en su primera carta (1Jn 4,19). Él nos amó primero. Él, el Señor Jesús se adelantó a escogernos antes de que nadie le escogiese a Él: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros” (Jn 15,16). Al encarnarse, Dios consumó su opción por el hombre, por todo hombre. Con su mirada —como aquella que atravesó la mente y el corazón de Pedro— le eligió. Para entenderlo mejor hablemos del primer encuentro que ambos tuvieron. Mirada y elección de Jesús se conjugaron, se confabularon, para alcanzar al rudo y noble —tan rudo como noble— pescador de Galilea. Recordemos que su hermano Andrés le llevó donde Jesús. No le coaccionó con ningún discurso moral, no le metió miedo de nada ni de nadie. Simplemente le había dicho “¡hemos encontrado …

23 Abril, 2014(0)

A la luz de estos textos, podemos afirmar que el nombre de Dios: “Su Ser”, se vierte sobre todos aquellos que creen en Él. Puesto que esta afirmación podría parecer gratuita, nos acercamos al Prólogo de san Juan y parafraseamos catequéticamente algunos de sus versículos: “La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo… Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Jn 1,9-12). Como hemos podido ver en el texto, Juan empieza con un enunciado acerca de la Palabra. Ella es la luz verdadera que ilumina a todo hombre. Es luz verdadera en la misma línea en que llama al Hijo de Dios el Verdadero (1Jn  5,20). También en la misma línea en que el mismo Jesús se llama a sí mismo la vid verdadera (Jn 15,1), y también el pan verdadero enviado por el Padre (Jn 6,32). Palabra salida de su boca que hace frente a toda tentación del Príncipe de la mentira (Mt 4,4). Esta Palabra, continúa diciendo Juan, vino a su casa, al pueblo …

9 Abril, 2014(0)

Jesucristo es el beso por excelencia de Dios al hombre. El beso que nos rescata de las garras, revestidas de seducciones, del Acusador. Dios vierte su ungüento sobre toda la humanidad por medio de su Ungido. Él es el perfume de Dios que enloquece de amor a todas las almas que lo aspiran. Las enloquece de amor y también de gozo cumplido, ya que su fragancia tiene el poder de dar sentido de totalidad a todo lo creado y a todo el hacer del hombre. La palabra catequesis se deriva del verbo griego “katajeo”, que significa verter, derramar de arriba hacia abajo. Dios vierte, derrama su gracia, la hace descender entre nosotros por medio de la Encarnación: el Hijo, que está en el Padre, se vierte sobre el hombre haciéndose Emmanuel, Dios con nosotros. Resucitado, vierte el Espíritu Santo sobre su Iglesia. Ya Israel cantaba proféticamente al Mesías en su misión de derramar la gracia por su boca, por su Palabra. Era eso lo que hacía de Él el más hermoso de los hombres (Sal 45,3). En la misma línea vemos expresarse a la esposa del Cantar de los Cantares en la incomparable descripción que hace del amado de …

24 Marzo, 2014(0)

El autor del libro del Cantar de los Cantares pone estas palabras que encabezan el texto en la boca de la esposa cuando se adentra en las paradisíacas excelencias del amor, pasionalmente arrebatador, hacia su Esposo. Es como un intento de darnos a conocer la riqueza inconmensurable que encierra su nombre (Ct 1, 2-3). Cada vez que Dios mira al mundo salido de sus manos, vierte sobre él el ungüento que tonifica, ilumina y armoniza sus potencialidades. La primera vez que puso sus ojos en la tierra era un amasijo de caos, confusión y oscuridad (Gn 1,2). En éstas, Dios habló. Hizo valer su palabra: “Haya luz” (Gn 1,3). El ungüento precioso de su artística creatividad se fue abriendo paso entre las grietas que deformaban la tierra. Apareció la existencia consistente, la que tiene sentido. Desde entonces, Dios no ha dejado de mirar con amor la obra de sus manos y, sobre todo, su obra maestra: el hombre. Cada ser humano es un receptáculo que recoge, en todas y cada una de sus dimensiones, el ungüento perfumado de Dios, su belleza, su intuición creativa, su música, su danza, su luz. Y sobre todo su grandeza: la lleva impresa en …

13 Marzo, 2014(0)

Solo en Dios descansa mi alma, grita el salmista; solo en Él está cumplida mi esperanza (Sl 62,6). Profecía esta que vuela como una saeta de norte a sur, de oriente a occidente, dejando sus semillas de eternidad y salvación a disposición de todos aquellos que están cansados y agobiados. Profecía mesiánica que encuentra su cumplimiento y plenitud en Jesús, el Señor. Él, cuyo alimento fue hacer la voluntad del Padre (Jn 4,34), y que supo descansar en Él porque nunca dejó de en Él estar (Jn 14,11). Por esta su experiencia tiene autoridad, es el único que la tiene, para enseñarnos a descansar. De ahí su invitación: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30). ¡Venid a mí! Sí, venid a mí. Sí, de acuerdo, pero ¿dónde está?, ¿dónde imparte su maravilloso magisterio?, ¿dónde le podemos encontrar como Maestro? Por supuesto que en la Iglesia, pero una afirmación así, podría parecer incompleta. Es más apropiado decir que Jesús …

6 Marzo, 2014(1)

No es fácil ver a un hombre sin ambiciones, como tampoco lo es ver un campo abandonado sin piedras o sin abrojos. Efectivamente, nos estamos trasladando a la parábola del sembrador (Mt 13,18-23). La tierra que no ha sido debidamente trabajada, no puede dar cabida a la Palabra con la suficiente holgura para que dé su fruto. Al hablar de tierra y de fruto me estoy refiriendo al alma.  La tierra sin piedras ni abrojos no se da por casualidad; es una tierra trabajada, es como el alma cuando escoge. De hecho, Jesús habla del alma que desiste de la Palabra a causa de las persecuciones y tribulaciones, a las que compara con el pedregal; o a causa de las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas, a las que llama abrojos. Todo ello lo vemos en la parábola del sembrador que ya hemos citado. La tierra, el alma, tiene que escoger entre otras ambiciones y una Única Ambición: su propia divinidad. Este es el fruto que da la Palabra, como dice el apóstol Pedro: “Habéis sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de la Palabra de Dios viva y permanente”   (1P 1,23). …

24 Febrero, 2014(0)

El gesto es de una elocuencia atronadora. Los acusadores lo saben. Se saben de memoria todas las profecías. En realidad, ése es su problema: que solamente se las saben de memoria. El caso es que tienen ante sus ojos la plenitud y cumplimiento de una profecía completa y ni aún así se dan por enterados, por lo que insisten en sus acusaciones. Ante tan retorcida doblez, Jesús podía haber optado por dejarlos por imposible. No lo hizo así. Ha sido enviado por el Padre no sólo para salvar a esta pobre mujer acusada sino también a sus acusadores. Les mira con la misericordia y compasión de quien tiene delante unos hombres totalmente engañados, y les dice: “Aquel que esté sin pecado que tire la primera piedra. A continuación, se inclinó nuevamente y continuó escribiendo en la tierra”. Esta vez sí parece que entendieron. Juan nos dice que se retiraron empezando por los más ancianos, los más sensatos…o, mejor dicho, los menos insensatos. La catequesis es bellísima. Jesús es el enviado por el Padre para escribir su Palabra de salvación en el corazón de todos los hombres sin exclusión alguna. Su poder creador en nuestro barro alcanza tanto a aquellos …

3 Febrero, 2014(0)

En esta misma línea es necesario hacer referencia a toda aquella multitud de hijos de Israel que constituyeron en gran parte el cuerpo de la primera generación cristiana. Ya hablamos antes de los primeros discípulos que fueron llamados por el Hijo de Dios para estar con Él, viendo en ello cómo el discipulado es de por sí  la escuela natural de la mística. Y qué decir de Pablo, cómo tuvo que vivir su unión con Jesucristo, con qué intensidad y altura  que le llevó  a exclamar: “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Gá 2,20). Israel: cuna de místicos, pueblo a quien Dios se reveló e hizo de él un hontanar espiritual del cual dio a beber a su propio Hijo. Hemos nombrado antes alguno de estos místicos, mas sin citar texto alguno. Ahora sí vamos al encuentro de uno de ellos, y no porque sea el  más elevado. Además, ¿se podría atrever alguien a discernir sobre la altura espiritual y mística de estos hombres y mujeres del pueblo santo? Vamos a citar, y también excavar, uno de los numerosos salmos de  David movidos por la concordancia que tiene con la súplica de la …

22 Enero, 2014(0)

Este ser habitado por Dios tal y como Él mismo lo expresa y promete es la mística en su dimensión real y total. A  la luz de todo esto, podemos entender que algunos fenómenos que acompañan a los místicos, como éxtasis, voces internas, levitaciones, etc., pueden  verdaderamente venir de Dios, mas no por ello definen la mística ni son esenciales a ella. Los místicos son seres humanos que por la Voz-Palabra, a quien han dado hospedaje, Dios les ha hecho confidentes de sus secretos, les ha abierto su intimidad. Es una relación de amantes o, si se prefiere, de amigos, como nos dice la Escritura con respecto a Moisés: “Yahvé hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Éx 33,11). Es la amistad que nace de la Voz inmaterial, como inmaterial es nuestro cara a cara con Él. Es justamente esta inmaterialidad la que da consistencia al Amor porque supone el crecimiento de los sentidos inmateriales del espíritu. Amor que alcanza su plenitud con Jesucristo, quien llama amigos a sus discípulos porque les hace partícipes de la Voz que Él mismo oye del Padre: “No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe …

14 Enero, 2014(0)

Para la inmensa mayoría de la gente la palabra mística evoca una realidad elevadísima, un estado casi virtual e inusitadamente especial, a cuyo  acceso solamente son llamadas unas pocas almas marcadas por una elección muy predilecta de Dios. Almas que entran en esta especie de nube solamente después de ímprobos esfuerzos, negaciones, renuncias y penitencias; a causa de estas sus obras Dios las ha premiado con una intimidad privilegiada. En realidad esta concepción “bastante popular” está no poco lejos de la verdad.  Por supuesto que si hablamos de mística y  de los místicos hay que hacer referencia a lo esencial, que es la unión  del hombre con Dios, el encuentro de una existencia con el Existente. Precisamente porque la contemplación de su Misterio es don, tenemos que, en primer lugar, apuntar al Dador con muchísima más propiedad que a los esfuerzos de la persona. Con esto pretendo desmitificar conceptos poco acertados que han reducido a los místicos a una serie de hombres y mujeres separados del mundo bien por medio de rejas o muros, o bien por haberse recluido en cuevas de  la montaña o del desierto. Es necesario devolver a su primigenio sentido lo que es lo fundamental …

20 Diciembre, 2013(0)

«Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas del campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca» (Ct 2,7). No hay duda de que estas palabras que dice el Esposo acerca de su amada, que es toda alma que le busca apasionadamente, nos dejan como suspendidos entre las alturas de los cielos y los abismos de la tierra. Entrevemos que la pasión con la que ama la esposa nace de la pasión con la que ella se siente amada por Él. La esposa acaba de librar un terrible combate, ha escogido a Dios, se ha decidido por el Único, al que compara con un manzano entre una multitud de árboles silvestres. Tengamos en cuenta que el manzano representa en Israel el amor. No le ha sido en absoluto nada fácil su elección ya que supone radicalísimas exclusiones. Muchos y tremendamen- te seductores, y también poderosos como tentáculos, son los brazos de los árboles silvestres que tienden, una y otra vez, hacia ella. Por si fuera poco, su débil corazón no es indiferente a tantas y tan des- lumbrantes solicitudes. Vencido el combate y fijando sus ojos en el único Amado de su …

7 Noviembre, 2013(0)

Dios, el bien por excelencia como así lo descubrió, reconoció y acogió el místico israelita que nos legó el salmo 16, se abre en abanico hacia el hombre, haciéndolo depositario de múltiples bienes. Aquellos de los que nos habla el autor del libro de la Sabiduría y que se connaturalizan con el corazón del hombre. Bienes que Juan, con la maestría poética que le caracteriza, identifica con la vida. Ésta, a su vez, tiene su sede en la Palabra: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios… En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres» (Jn 1,1-4). Palabra, complacencia, delicia, hontanar, son todos ellos términos saboreados en la intimidad por los amigos y buscadores de Dios. Son palabras correlativas, secuenciales e inseparables. Todas ellas, como si fueran el dedo de Dios, diseñan lo indescifrable, la experiencia mística, el palparse mutuo entre Dios y el hombre. Así como Antoine de Saint-Exupéry decía que lo esencial es invisible a los ojos, también podemos decir que el cara a cara del espíritu del hombre con el de Dios es inaudible a los oídos e intraducible a cualquier …

27 Septiembre, 2013(0)

El origen de la intuición mística de nuestro israelita radica en que sabe que su espíritu está capacitado para integrar en su «elán» vital, como diría Henry Bergson, el misterio, por supuesto, el misterio de Dios. Hasta tal punto esta integración es fundamental que, cuando no acontece, de- viene el resultado contrario: la desintegración, el no ser. Se llega al no ser por el hecho de no haber sido visitado y, por lo tanto, tampoco habitado por el Aliento. Una persona habitada por el Aliento, por el Misterio, se convierte en hijo de la Luz, en luz del mundo, como dice Jesús (ver Mt 5 14). En cuanto luz de Dios, es incorruptible, porque incorruptible es la luz que le reviste (ver Sb 18,4). He aquí la gran Manifestación de Dios que provoca la fe en el mundo. Que un astro, por ejemplo, una estrella, irradie luz, es induda-blemente un espectáculo bellísimo, maravilloso…; mas entra dentro de la normalidad ya que su función es irradiar luz. Sin embargo, que un hombre de barro irradie la luz de Dios, engendra lo que no está al alcance de ninguna ciencia humana: el asombro de la fe, la fascinación de poder ver, oír …

15 Julio, 2013(0)

Creo que cuando Teresa de Ávila nos abrió los tesoros de su alma haciendo visibles las huellas que Dios había dibujado con su mano en ella, se nos estaba entregando como trigo sembrado desde lo alto y fructificado en la buena tierra de sus entrañas. Trigo que viene al encuentro de los hambrientos de espíritu y de los rastreadores del Misterio. Nos es familiar, no obstante la distancia de siglos, la soltura y el gracejo de Teresa, su cercanía, su fuerza y entereza, y también su absoluta normalidad como persona. En su naturalidad, nos la podemos imaginar acariciando uno de sus frutos: «Quien a Dios tiene, nada le falta». A su altura mística se corresponde su equilibrio, un equilibrio tal que le permitió unificar en plena comunión alma y cuerpo. Justamente es desde su ecuanimidad, desde su armonía psicosomática, que su experiencia de Dios cobra dimensiones gigantescas. Experiencia que aúna sus elevadas dotes poéticas con su estremecedor eco del Misterio de Dios, y que queda reflejada en las caprichosas policromías que su soplo dejó impresas en los pliegues de su alma. Partimos de la vivencia de esta mujer excepcional para dar paso a lo que constituye el núcleo de …

26 Junio, 2013(0)

He aquí la original grandeza de Israel. Es grande en su terquedad, en su capricho, en su desobediencia; pero más grande aun en la calidad e intensidad de su oración. Es grandeza y también elegancia: ¡Dios, tú nuestro Padre…! ¡Sea tu Palabra siempre con nosotros…! ¡Mira que somos tu heredad…! Son oraciones que brotan de su propia historia; no nacen de su supuesto amor a Dios, sino de la experiencia que tienen de ser amados por Él. Nacen también de la profundísima conciencia de su debilidad moral. Hasta tal punto sabe que no puede ser fiel a Dios, que, como encarándose con Él, le grita que baje, que descienda Él mismo a habitar con ellos. Quizás así se pueda un día hablar de correspondencia en lo que se refiere al amor y a la fidelidad. Israel, el pueblo sabio por excelencia, pide a gritos la Encarnación de Dios: «¡Ah si rompieses los cielos y descendieses…!» (Is 63,19). ¡Ven con nosotros porque no sabemos ni escucharte, mucho menos obedecerte! ¡No sabemos amarte y menos aún abrazarte! ¡No sabemos estar contigo, ven tú y ámanos, abrázanos, estate con nosotros, apriétanos contra ti! Lo hizo. Se encarnó. Y para que no fuésemos …

12 Junio, 2013(0)

Ante el pretendido clamor de que Él no existe, o de que, si existe, es superfluo, se eleva otro clamor mucho más elocuente y audible: es posible que Dios no exista…; pero nuestros vacíos, esos sí, esos sí que son reales y están ahí; y, además, todos, absolutamente todos los tenemos. Son vacíos que vienen en nuestra ayuda, pues son ellos los que gritan que alguien ha de existir para llenarlos. De no ser así, es tal el absurdo de la existencia que cualquier otra alternativa no es sino una salida en falso. Nos viene bien citar al autor anónimo francés del siglo XIII que escribió «Todos mis vacíos están llenos de Ti, mi Dios». Él, el que llena nuestros vacíos, nos buscó primero. La encarnación de Dios supone para el hombre el abrazo que le da la vida. No nos podríamos apretar jamás contra Él si Él no se hubiese apretado antes contra nosotros. El abrazo —apretarse de Dios contra el hombre— viene preanunciado de muchas maneras a lo largo del Antiguo Testamento. Todas ellas son como un resonar de trompetas anunciando que Dios, que es Vida, no permanece indiferente ante nuestra terquedad de apretarnos contra la desesperanza …

31 Mayo, 2013(0)

Con el temor y temblor propio de quien acomete una empresa que le sobrepasa, algo así como quien intenta desatar el nudo gordiano, nos atrevemos, con no poca audacia, a abordar el corazón de la esposa del Cantar de los Cantares, con el fin de saquear sus quietudes e intimidades rebosantes de energía y colmadas de una pasión hacia Dios tan sublime que nos deja sobrecogidos. Fijémonos en que su forma de expresarse es, de por sí, un testimonio elocuente de la inmaterialidad que acompaña nuestra existencia. ¡Atentos, que la esposa nos está ha- blando del amor de su alma! «Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza» (Ct 2,6). Nuestra intención no es otra que compartir el botín que hemos conseguido arrebatar al… Espíritu Santo. Él fue quien inspiró al autor del Cantar de los Cantares estos textos únicos. Se lo hemos podido arrebatar — por supuesto que sólo en parte— porque el mismo Espíritu Santo lo dejó a merced de aquellos que, conscientes de sus vacíos e inconformes con ellos, pusieron sus ojos en las insondables riquezas que Él mismo escondió en las Escrituras. Respecto a estas riquezas damos por válido el principio que …

23 Mayo, 2013(0)

Ya Jeremías, con su in-confundible estilo, nos había alegrado el oído y el corazón con la be- llísima promesa de que Dios mismo se escribiría con su Palabra en el corazón y espíritu del hombre. Corazón y espíritu que serán las nuevas y definitivas Tablas de la Ley-Palabra salvadora: «He aquí que días vienen en que yo pactaré con la casa de Israel una nueva alianza… Ésta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días. Dice Yahvéh: Pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escri- biré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo» (Jr 31,31-33). ¿Y qué diremos del grito desgarrador de David que oímos en el salmo 51? ¡Dios mío, crea en mí un corazón puro! Míralo, es sólo barro, compa- décete de él. Un corazón así contrito y humillado no lo puedes despre- ciar. Recogemos el corazón de este hombre y adivinamos la súplica que se le quedó en los labios. Es como si el salmo continuara así: Es toda una marea de debilidad e incluso iniquidad la que se eleva hacia ti. Es un dolor insoportable, mas también es un corazón que …

16 Mayo, 2013(0)

El libro del Cantar de los Cantares es llamado así porque contiene el canto de amor por excelencia de Dios por el alma y de ésta por Dios. Tres son las veces, a lo largo de este inigualable poema de amor, en las que el alma expresa festivamente la plenitud de su amor con la siguiente expresión: «Yo soy para mi Amado y mi Amado es para mí». Partiendo de esta constatación, quiero señalar un matiz de la esposa que no puede pasar desapercibido, ya que es fundamental para acertar —si es que podemos llamarlo así— en la relación amorosa de toda alma con Dios. Adelanto un poco lo que va a ser el contenido de este artículo: los amigos, los amantes de Dios, son por encima de todo audaces. Sin este punto de lo que hemos dado en llamar audacia, el alma se quedaría bloqueada ante la incomprensible e inimaginable propuesta de amor que Dios le hace. Audaz, e incluso osado casi hasta la irresponsabilidad, fue Jacob cuan- do Dios, luchando toda una noche con él a brazo partido, le hizo ver su debilidad al herirle una de sus piernas. Viéndose vencido, Jacob echó mano de su audacia …

25 Abril, 2013(3)

«Me robaste el corazón, amada mía, esposa mía, me robaste el corazón con una mirada tuya…» (Ct 4,9). Nos podríamos preguntar cómo fue la mirada de Pedro que robó el corazón al Hijo de Dios. Empezaremos diciendo que toda mirada del hombre a Dios es como una especie de reverberación de la mirada que a su vez de Él ha recibido en su alma. Por ello vamos a intentar en primer lugar sondear el Misterio de amores que tomó forma de Acontecimiento aquella noche en la que, después de que Pedro había jurada una y otra vez que no conocía a ese tal Jesús de Nazaret, ese tal posó su mirada en él (ver Lc 22,61). No fue en absoluto una mirada de reprobación. Ningún reproche se desprendía del destello de luz de los ojos del Señor Jesús. Su mirada era por encima de todo un lazo de amor. De hecho, no le era extraño el mirar de Jesús. Al igual que Juan (ver Jn 1,39), recordaba el día y la hora. Su hermano Andrés le había hecho partícipe de una gran noticia: ¡Hemos encontrado al Mesías! No sabemos con qué ánimo fue de la mano de su hermano …

Dios, cautivo de su amor

Antonio Pavía
20 Marzo, 2013(0)

Jesucristo es el beso por excelencia de Dios al hombre. El beso que nos rescata de las garras, revestidas de seducciones, del Acusador. Dios vierte su ungüento sobre toda la humanidad por medio de su Ungido. Él es el perfume de Dios que enloquece de amor a todas las almas que lo aspiran. Las enloquece de amor y también de gozo cumplido, ya que su fragancia tiene el poder de dar sentido de totalidad a todo lo creado y a todo el hacer del hombre. La palabra catequesis se deriva del verbo griego «katajéo», que significa verter, derramar de arriba hacia abajo. Dios vierte, derrama su gracia, la hace descender entre nosotros por medio de la Encarnación: el Hijo, que está en el Padre, se vierte sobre el hombre haciéndose Emmanuel, Dios con nosotros. Resucitado, vierte el Espíritu Santo sobre su Iglesia. Ya Israel cantaba proféticamente al Mesías en su misión de derramar la gracia por su boca, por su Palabra. Era eso lo que hacía de Él el más hermoso de los hombres (ver Sal 45,3). En la misma línea vemos expresarse a la esposa del Cantar de los Cantares en la incomparable descripción que hace del amado …