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Aprender a amar y a obrar por la vida en san Valentín 

El 14 de febrero, la Iglesia celebra la festividad de san Valentín. La celebración va a tener una importancia especial en la Alcalá de Henares. Su obispo, monseñor Juan Antonio Reig Pla, es Presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida, y como tal, ha tenido un protagonismo destacado en la redacción del documento de la Conferencia Episcopal La verdad del amor humano. Además, la diócesis recibe el icono de la Virgen de Czestochowa, en peregrinación, en defensa de la vida y la dignidad humana, desde Vladivostok (Rusia) hasta Fátima. Monseñor Reig Pla preside el viernes una vigilia, con lema Aprender a amar y a obrar por la vida. Están invitados, de forma especial, novios y matrimonios

El 14 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de San Valentín, un obispo y mártir del siglo II, patrón de la ciudad de Terni (Italia), que dedicó su vida a la comunidad cristiana que se formó entonces a 100 km de Roma, donde se perseguía constantemente a los cristianos.

Con motivo de esta fiesta, el viernes 15 de febrero, a las 21:00, se celebrará una vigilia de oración y bendición, presidida por el obispo Juan Antonio Reig Pla en la Catedral-Magistral de Alcalá de Henares. A esta vigilia «están invitados todos los que deseen la bendición de Dios para aprender a amar o crecer en el amor: los novios, los prometido y los matrimonio católicos. También están invitados los matrimonio con dificultades, separados o divorciados, que quieran pedir a Dios la sanación de sus matrimonios y familias», apuntan desde la diócesis.

La celebración contará, además, con la presencia de la imagen peregrina de la Virgen de Czestochowa (Polonia) a la que se consagrarán las familias y a la que se le pedirá por toda vida humana desde la concepción y hasta la muerte natural. El icono de la Virgen está realizando una peregrinación mundial en defensa de la vida y de la dignidad humana.

Palabras de amor

Con ocasión de la Vigilia de San Valentín, la página web del obispado de Alcalá de Henares ha preparado una recopilación de textos sobre el amor. Bajo el título Palabras de amor, se lee:

Desde aquellas primeras palabras de amor humano que Adán exclamó –asombrado ante tanta belleza– al contemplar por primera vez a Eva, muchas otras palabras se han pensado, dicho y escrito.

En estos días, entorno a la festividad de San Valentín, podemos encontrar, especialmente en Internet, multitud de propuestas para hablar de amor a la esposa, al esposo, a la novia o al novio. Hay que ser prudente y saber discernir, por eso el apóstol Pablo nos enseña: «examinadlo todo y quedaos con lo bueno» (1 Ts 5, 21).

Y refiriéndonos a lobueno, los esposos y los novios cristianos disponen de un tesoro inagotable al que se puede y debe acudir para aprender a amar, para aprender a pensar sobre el amor, y, en fin, para aprender, con verdad, a hablar y a escribir, de amor y con amor, a la amada, al amado. Este tesoro son las Sagradas Escrituras interpretadas por la Iglesia.

Muchos son los textos de la Biblia a los que nos podemos referir en el sentido expuesto: el Génesis, los Salmos, los Profetas, los Evangelios, las Cartas de los Apóstoles, y un largo etcétera. Por su parte, el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1611) subraya que «los libros de Rut y de Tobías dan testimonios conmovedores del sentido hondo del matrimonio, de la fidelidad y de la ternura de los esposos. La Tradición ha visto siempre en el Cantar de los Cantares una expresión única del amor humano, en cuanto que este es reflejo del amor de Dios, amor fuerte como la muerteque las grandes aguas no pueden anegar (Ct 8,6-7)».

Dicho esto conviene insistir en que la Biblia debe ser leída, meditada y enseñada siempre en fidelidad «al Magisterio de la Iglesia, como auténtico intérprete de la Sagrada Escritura y de la Sagrada Tradición». Para ello, proponemos, a continuación, algunas catequesis del Beato Juan Pablo II sobre algunos de los textos de la Biblia a los que nos estamos refiriendo. Estas catequesis ayudarán a nuestros lectores, y en particular a los esposos y a los que se preparan para el matrimonio, a profundizar sobre su «vocación al amor» y a aprender a «amar el amor humano» desde tres verdades ineludibles: la unidad substancial cuerpo-espíritu, la diferencia sexual varón-mujer como constitutiva de la persona y la necesidad de la redención del corazón; con todo ello podrán evitarse reduccionismos tanto de corte materialista como espiritualista.

Por último, una palabra de esperanza y aliento para todos, y en particular para los que sufren el desamor: «el amor tiene un rasgo particular; en vez de ser indulgente o voluble, tiene una tarea o un fin que cumplir: permanecer. El amor es duradero por su naturaleza. De nuevo, queridos amigos, podemos echar una mirada a lo que el Espíritu Santo ofrece al mundo: amor que despeja la incertidumbre; amor que supera el miedo de la traición; amor que lleva en sí mismo la eternidad; el amor verdadero que nos introduce en una unidad que permanece». «Queridos (…), ya hemos visto que el Espíritu Santo es quien realiza la maravillosa comunión de los creyentes en Cristo Jesús. Fiel a su naturaleza de dador y de don a la vez, él actúa ahora a través de vosotros. Inspirados por las intuiciones de san Agustín, haced que el amor unificador sea vuestra medida, el amor duradero vuestro desafío y el amor que se entrega vuestra misión» (Benedicto XVI, 19-07-2008).

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