Evangelios
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud”». (Jn 15, 9-11) Isaías dice (mirando al futuro y viendo al Mesías): “Te he puesto como luz de los Gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra” (Is 49,6). Recogiendo esta profecía y aplicándosela a sí mismo, Jesús se presentará como “Luz del Mundo”, de modo que quien camina en su seguimiento no anda en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn. 8,12). Estas palabras encienden una polémica entre Jesús y los fariseos que desemboca en una pregunta de estos al Señor, gracias a la cual Jesús nos ha dejado una enseñanza maravillosa que desvela el corazón mismo del evangelio de hoy (Jn 5,9-11). A la pregunta de los fariseos: “¿Dónde está tu Padre?”, Jesús contesta: “No me conocéis ni a mí, ni a mi Padre; si me conocierais a mi, conoceríais a mi Padre” (Jn 8,19). La vida está en conocer al Padre en Jesús; y este conocimiento consiste en vivir ... Full article
«Fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: ¿De dónde saca este esa sabiduría y estos milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No es su madre, María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?”. Y aquello les resultaba escandaloso. Jesús les dijo: “Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta”. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba la fe». (Mt 13,54-58) Si no me falla la memoria sobre aquellos años de desarrollo y final del Concilio Vaticano II, creo que fue el gran teólogo protestante Karl Barth, observador en el Concilio, considerado por muchos como el “Santo Tomás” de la teología protestante, por sus grandes y profundos escritos, entre otros, sobre la Carta a los Romanos, quien, ante la duda de abreviar texto y nombres en el canon de la misa, insistió en que si alguno debía permanecer era San José, la excelente figura del varón silencioso y justo que hoy pone la Iglesia ante nuestros ojos, cuando la mayoría de la gente los pone en la exaltación del trabajo, olvidando o soslayando dos cosas: una, que el trabajo, de por sí, conlleva y supone una carga o castigo por la caída en el ...
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: ‘Me voy y vuelvo a vuestro lado’. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago”». (Jn 14, 27-31a) El evangelio de hoy, con el que se cierran las despedidas de Jesús en su última cena (pascua), contiene una síntesis sobrecogedora acerca de su misión. Ha llegado “su hora”; explica directamente Quién es, anima a los discípulos frente a lo que se avecina, y nos abisma a todos en fugaces destellos del misterio de la Santísima Trinidad. Lo inexorable es que “llega el Príncipe de este mundo”. El Príncipe de este mundo, el Divididor, es un ángel “caído”; algo terrible para un ser que ha conocido directamente a Dios. El Diablo conoce a Dios, pero Jesucristo conoce a Satanás; ...
«En aquel tiempo, exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mí yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”». (Mt 11,25-30) ¿Qué es lo que Dios Padre ha escondido a los sabios y revelado a la gente sencilla? Para entender esto, tenemos que dar un paso atrás, y escuchar lo que Jesús dice en el evangelio de ayer domingo —era la última pascua— a sus discípulos: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre (…) pronto lo glorificará. (…) Un mandamiento nuevo os doy, amaos como yo os he amado”. Es decir, Jesús está diciendo a sus amigos (“desde ahora os llamo amigos, porque todo lo que me ha revelado mi Padre os lo he dado a conocer”) que la perla preciosa que les entrega a ellos es ...
«Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Sí Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en si mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”». (Jn 13,31-33a. 34-35) “Os doy un mandamiento nuevo…”. ¿Cuántas veces hemos leído este fragmento del Evangelio? ¿Cuántas veces de pequeñitos nos lo han contado? ¿Cuántos “jueves santos” lo hemos escuchado? ¿Cuántas veces viene a nuestra cabeza de memoria lo que luego sigue: “… que os améis unos a otros, como yo os he amado”? Lo malo de los que nos llamamos cristianos es que muchas veces leemos y leemos las enseñanzas de Jesús pero se nos olvida rezarlas, es decir creérnoslas de verdad como palabras dichas para ser vividas. Esto nos puede pasar también con este momento crucial de la enseñanza del Señor la noche que iba a ser entregado. En este pasaje del Evangelio de Juan Jesús da a sus discípulos la lección definitiva, la norma de conducta que debe definir a un seguidor de Cristo, la señal de identidad ...
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto. Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta”. Jesús le replica: “Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’?. ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed en las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré”». (Jn 14,7-14) El pasaje de hoy pertenece al discurso de despedida del Señor en la última cena. Este es el momento en que, con mayor claridad en todo el evangelio, Jesús se presenta a sí mismo como Dios. Tiene que ser Juan el que nos lo transmita, preocupado siempre por el sentido teológico de las ...
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”». (Mt 5,13-16) Hace pocas semanas comenzábamos la Vigila Pascual con el rito de la luz. El Cirio Pascual entraba en un templo sumido en la oscuridad. Una pequeña llama rompía las aparentemente invencibles tinieblas. A continuación, todos encendíamos nuestras velas de este fuego iluminador, y participábamos así de esa luz que es Cristo, y nuestras pequeñas llamas colaboraban a llenar de luz hasta el rincón más perdido del templo. Jesús nos dice: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). Pero en el pasaje de hoy nos dice algo más: “Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz ...
«En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos”. Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban». (Mc 16,15-20) Es el tiempo evangélico de la Pascua de Resurrección que ahora celebramos. Jesús ha vencido a la muerte y ha dejado detrás un sepulcro vacío. Las fajas que amortajaron su cuerpo torturado, y el sudario que cubrió su cabeza, quedaron sobre el lecho de roca de la sepultura, allí donde lo depositaron las manos piadosas de José y Nicodemo, sus discípulos secretos, bajo la mirada de María, su Madre, que por el testamento que Jesús entregó a Juan desde la Cruz ya es, también, Madre nuestra. Es la plenitud de los tiempos y se ha cumplido la voluntad del Padre, tal como ...
«En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas. Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre”». (Jn 12, 44-50) Este evangelio de hoy viene a romper todos los esquemas que encorsetan el diseño que quiere Dios para el hombre. Jesucristo fue crucificado porque rompía los esquemas de los fariseos; Él venía a cumplir la ley entregada por Dios a los hombres en el Sinaí, pero había sido interpretada y modificada por el hombre según su capricho. El diseño de Dios sobre el hombre lo podemos ...
«Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: “¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente”. Jesús les respondió: “Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno”». (Jn 10,22-30) Alégrate oveja de tener tal Pastor. También nosotros, como los judíos, le preguntamos a veces al Señor: ¿Hasta cuándo me vas a tener en suspenso? ¿Hasta cuándo te tengo que esperar? Ante un acontecimiento que no entendemos, que no esperamos, que no encaja en nuestros planes, que no coincide con los proyectos que nosotros tenemos sobre lo que es bueno que nos ocurra a nosotros mismos, le decimos al Señor: ¿eres Tú Señor? Si eres tú, “si tú eres el Mesías, dínoslo francamente”, decían los judíos del ...
«En aquel tiempo, dijo Jesús: “Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: “Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”». (Jn 10,1-10) Juan proclama al Buen Pastor, vencedor de todos esos males. Solo usa ese término en este capítulo, porque para él, desde su vocación, Jesús más que Pastor, ...
«En aquel tiempo, dijo Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno”». (Jn 10, 27-30) ¿Dónde está Dios? Esta pregunta la tenemos clavada en el corazón: Señor, muéstranos al Padre. «¿Tanto tiempo contigo Felipe y aún no me conoces? Quien me ha visto a mi ha visto al Padre, porque “el Padre y Yo somos uno” ». ¿Dónde está Dios entonces? Si Jesucristo y el Padre son uno, Dios está donde está Cristo, con nosotros (Él es el Emmanuel). A Dios se le encuentra en la vida, y ese encuentro es diario: se dio ayer, se da hoy, se da mañana… se da todos los días. La vida vivida así es bellísima, una aventura maravillosa si se produce este encuentro. La historia de la salvación se presenta en la escritura como un acontecer permanente de Dios acercándose al hombre, buscándole. Esto es muy importante, Dios no es ajeno a nuestra vida, ¡Dios nos busca, porque nos ama! Está muy cerca de nosotros pero tantas veces nos faltan los ojos para descubrirlo en los acontecimientos de ...
«En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”. Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: “¿Esto os hace vacilar? ¿Y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen”. Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: “Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Simon Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”». En estos últimos días de la tercera semana de Pascua vienen proclamándose distintos fragmentos del capítulo 6 de San Juan sobre el gran discurso del pan de vida. Algunos teólogos ven en esta exposición de Jesús un contenido claro eucarístico: comer la carne y beber la sangre de Jesús y tener en ello la Vida eterna. Sin dejar de ser ...
«En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre”. Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún». (Jn 6,52-59) Las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy se enmarcan en el discurso en la sinagoga de Cafarnaúm, que se viene proclamando en estos días. Un discurso eucarístico, según algunos, de una gran profundidad y belleza, en el que el Señor instruye a sus discípulos y a todos cuantos le seguían, insistiéndoles una y otra vez en que Él es el pan de la vida; de forma que, quien cree ...
«En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ese ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”». (Jn 6,44-51) En el contexto de la gran catequesis joánica sobre el pan eucarístico como alimento necesario para tener vida eterna: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6, 54), el evangelista inserta, tras la murmuración de los judíos, porque Jesús “había dicho: Yo soy el pan que ha bajado del cielo” (v. 41), estos versículos que vamos a comentar y en los que Jesús, una ...
«En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”». (Jn 6, 35-40) Con estas dos palabras francesas queremos acercarnos al misterio eucarístico de Jesucristo. El amor le llevó a tal extremo (Jn 13,1). La presencia de Cristo en el trigo y en el racimo no es obra únicamente del amor, también de la valentía. Ambos elementos son necesarios para llegar al final, para ser cumplidamente perfectos. Un amor valiente y una valentía de amor. La caridad si carece de arrojo se enfría, no vale, es materia de poeta muerto. La valentía si no es amorosa, si no ...
«En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: “¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo”. Jesús les replicó: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”. Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de este pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed”. (Jn 6, 30-35) La multitud ha seguido a Jesús hasta Cafarnaum porque se ha saciado con la comida que les ha dado el Señor con cinco panes y dos peces. Pero Jesús les reprochará que le busquen por algo tan poco importante, porque el don verdadero que Él viene a darles no es la comida de un día sino un alimento que les dará Vida eterna, y para ello es necesario que crean en Él. A esto responderán los judíos que necesitan signos que atestigüen que viene de Dios, y le proponen el ejemplo de Moisés: él venía en nombre de ...
«Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no habla habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”. Jesús les contestó: “Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios”. Ellos le preguntaron: “Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?”. Respondió Jesús: “La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado”». (Jn 6,22-29) Los encuentros —prolongados e interesados— con Jesús son aceptados para descubrir el hambre de otro pan y ...
«En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberiades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: “Me voy a pescar”. Ellos contestan: “Vamos también nosotros contigo”. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Él les dice: “Muchachos, ¿tenéis pescado?”. Ellos contestaron: “No”. Él les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: “Es el Señor”. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: “Traed de los peces que acabáis de coger”. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y ...
«Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafárnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no temáis. Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban». (Jn 6,16-21) Lo primero a considerar es que, como muchos hechos en la Escritura y la vida del hombre, este pasaje ocurre en la noche… “Vosotros sois raza escogida, sacerdocio real, nación santa, un pueblo adquirido para anunciad sus alabanzas de Aquel que os llamó de la oscuridad a su admirable luz” (1 P 2,9 ). La oscuridad, las tinieblas, y los actos de la carne están relacionados con Satanás, en donde el hombre no puede ver la luz. Y si no hay luz, ¿cómo encuentra la verdad? Por otro lado, la Luz está relacionada con Dios y Jesucristo, la buena nueva; una vez que nos encontremos con ellos también generaremos luz, y la verdad se pondrá de manifiesto. Vamos a situar la orilla. Junto al torrente, a uno y otro lado, crecerán toda clase de árboles que ...
«En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para que coman estos?”. Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: “Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo”. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?”. Jesús dijo: “Decid a la gente que se siente en el suelo”. Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: “Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de ...
«El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él». (Jn 3,31-36) Jesús es el Hijo de Dios, y viene de lo alto, del cielo. Por eso —lo hemos visto en los evangelios de los días anteriores— dijo a Nicodemo que hay que nacer de lo alto, es decir de agua y de Espíritu. Nacemos a la Vida en el bautismo, que nos convierte en hijos adoptivos de Dios y en miembros gozosos de la Iglesia. Y por ese bautismo todos los cristianos tenemos la triple misión de ser sacerdotes, profetas y reyes. Ser sacerdote significa hablar a Dios de los hombres, de sus hijos, es decir, rezar; ser profetas nos sitúa a todos los ...
«Dijo Jesús a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”». (Jn 3,16-21) En este tiempo de alegría Pascual San Juan nos propone reflexionar sobre el hecho fundamental de nuestra fe, la raíz de la misma: el amor que Dios nos tiene, a todos y cada uno de nosotros, su empeño en que el diseño de su amor sobre nuestra vida pueda ser llevado a término para que alcancemos la vida eterna, lo que le ha llevado a entregar a su propio hijo. No es ...
«En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: “Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu”. Nicodemo le preguntó: “¿Cómo puede suceder eso?”. Le contestó Jesús: “Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”». (Jn 3, 5a. 7b-l 5) “Tenéis que nacer de nuevo” son palabras del mismo Jesucristo dirigidas a la Humanidad, al hombre de cualquier época, lugar o condición social. Es manifiesto que, actualmente, la gran mayoría de la sociedad ha sido absorbida por la que denominamos “cultura de la muerte”. Bien es cierto que esta se halla disfrazada con términos eufemísticos como: “salud reproductiva” y “muerte digna”. Todo esto es consecuencia directa de la ruptura de los lazos que nos unen con Dios, quedando ...
«A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Y María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?”. El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”. María contestó: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra”. Y la dejó el ángel» (Lc ...
«Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino ...
«Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: “ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”». (Mc 16,9-15) En su primera homilía como Pastor de la Iglesia Universal, el Papa Francisco nos invitaba a “no tener miedo a la novedad”, a dejarnos sorprender por el siempre nuevo acontecimiento de la Resurrección de Jesucristo. Cierto. Si la Pascua de este año solo responde a una fecha calculada por los liturgistas desde hace, incluso, décadas, poca novedad puede ofrecer. La Resurrección de Jesucristo no acontece en el calendario, acontece en la existencia, en la vida y, esto es siempre sorprendente, imprevisible y, por qué no decirlo, hasta ilógico. Por eso no creo ...
«En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: “Me voy a pescar”. Ellos contestan: “Vamos también nosotros contigo”. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: “Muchachos, ¿tenéis pescado?”. Ellos contestaron: “No”. Él les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: “Es el Señor”. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: “Traed de los peces que acabáis de coger”. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y ...
«En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: “¿Por qué os alarmáis; ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: “¿Tenéis ahí algo de comer?”. Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: “Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse”. Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto”». ...
«Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?”. Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?”. Él les preguntó: “¿Qué?”. Ellos le contestaron: “Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a ...





