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Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Jueves, noviembre 27, 2014
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Evangelios

Evangelios
Se acerca nuestra liberación
27 de noviembre
Por Ernesto Juliá
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”». (Lc 21,20-28) Estamos terminando la celebración del año litúrgico; y después de haber vivido el pasado domingo la Solemnidad de Cristo Rey, que es un ... Seguir leyendo
La mejor defensa no es un buen ataque
26 de noviembre
Por Pablo Morata
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”» (Lc 21,12-19) Cada domingo al terminar la proclamación del Evangelio suelo dirigirme a los niños sentados al principio de la asamblea para ver qué han captado. A veces hay pasajes que son de los de escocer y es por ello que ante la posibilidad de que el relato de día sea entendido como amenaza, susto o bronca, me adelanto a preguntarles: “¿Sabéis que significa la palabra “Evangelio”?” –“¡¡¡Buena noticia!!!”, chillan al unísono (ya se lo saben). Muy bien, les apostillo, y si no es buena noticia no es “evangelio”. Exactamente esto sirve para el pasaje de hoy: Si no es buena noticia no es evangelio. Y, así de entrada, pues qué queréis que os diga. Si esta mañana al levantarme lo ...
Cielo y tierra pasarán…
25 de noviembre
Por Valentín de Prado
«En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?”. Él contestó: “Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: ‘Yo soy’, o bien ‘El momento está cerca’; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero al final no vendrá en seguida”. Luego les dijo: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo”».  (Lc 21,5-11) Estamos en la semana final del año litúrgico. Este evangelio, como los inmediatos que se leen estos días justo antes de terminar el año litúrgico, son  los que los exegetas  llaman «el Discurso Escatológico». Jesús emplea un estilo literario y unas imágenes  simbólicas que todo el mundo comprendía , porque era el tradicional en la Biblia. En aquel entonces, como hoy día también, hay gente  que dedica mucho tiempo y esfuerzo a descifrar cábalas acerca del fin del mundo. Algunos pocos escudriñan ...
Lo que das es tuyo para siempre
24 de noviembre
Por Juan José Guerrero
 «En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: “Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”». (Lc  21,1-4) Los hombres se sienten deslumbrados por las riquezas, a las que dan una importancia enorme, hasta el punto de valorar a las personas fijándose en lo que tienen más que en lo que son. A los ricos se les abren todas las puertas mientras que a los pobres se suele mirar con desconfianza —“me pueden robar”—  cuando no con desprecio. Su simple aspecto predispone en contra. No es esta la manera de juzgar que tiene Jesucristo. Para Él, lo que verdaderamente importa en cada persona es la predisposición de su corazón, que puede oscilar desde el amor más puro al odio más enconado; desde una generosidad absoluta, solícita ante cualquier muestra de necesidad, a una tacañería de tal calibre que imposibilite hasta el menor sentimiento de compasión y de desprendimiento por grande que sea la tragedia que sufra el prójimo. El Señor escruta cada corazón y valora a la persona por las actitudes que muestran sus sentimientos. Así, ...
Viva Cristo Rey, soberano Señor
23 de noviembre
PorGloria María Tomás
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme’. Entonces los justos le contestarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?’. Y el rey les dirá: ‘Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis’. Y entonces dirá a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre ...
El Dios de vivos y no de muertos
22 de noviembre
PorFernando Zufía
«En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: ‘Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano’. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella”. Jesús les contestó: “En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor ‘Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob’. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos”. Intervinieron unos escribas: “Bien dicho, Maestro”. Y no se atrevían a hacerle más preguntas». (Lc 20,27-40) ¡Cuántas veces ponemos a prueba a Jesús!, ya que aunque creemos en la resurrección de los muertos, ...
El celo de tu Casa me devora
21 de noviembre
Por Jesús Esteban
«En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: “Escrito está: ‘Mi casa es casa de oración’; pero vosotros la habéis convertido en una ‘cueva de bandidos’”. Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios». (Lc 19,45-48) Hace un mes recordaba cómo San Lucas organiza el relato de su Evangelio: prácticamente ha ido in crescendo hasta dejarnos a las puertas del relato de la pasión (capítulos 22-24) antes de terminar este año litúrgico, y los ánimos se han ido calentando, pero no por parte de Jesús, sino de los gerifaltes religiosos del pueblo que cada día alimentaban su inquina contra Jesús; solo que esta vez no han tratado de soliviantarlo con alguna pregunta-trampa, sino con un acontecimiento que provocó la ira del Señor: el espectáculo en el atrio del Templo, lleno de bueyes, ovejas y palomas para el sacrificio, tenderetes de cambistas de moneda y el jaleo de tanta gente yendo de un lado para otro. Este episodio, la expulsión de los mercaderes del Templo, lo cuentan los cuatro evangelistas: los tres sinópticos al final de sus respectivos evangelios, y Juan al principio ...
El llanto de Jesús
20 de noviembre
Por Francisco Jiménez
«En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida”». (Lucas 19, 41-44) Desde siempre me ha llamdo la atención el dato de que en los Evangelios  nunca aparece Jesucristo “riendo”. No hay episodios de “risa” en el Evangelio. Jesús, verdadero hombre, seguramente tambien reiría alguna vez, mostraría su humanidad riendo, como uno de nosotros. Pero en el Nuevo Testamento no hay risas. Jesús, en contraste, y tras las bienaventuranzas (Mt 5,1-12; Lc 6,20-23), incluye una lista de ayes que incluye un (Lc 6,10) “¡Ay de los que reís ahora! porque tendréis aflicción y llanto!”.  La risa es efímera. Tiene un “ahora” pero pronto pasa. Es más, anuncia “el llanto”. Los ricos (los que no necesitan de nada; por tener tienen hasta pobres con quien compararse), los hartos (saciados, pero insatisfechos, anhelando más y más), los que tienen buena imagen (“cuando todos los hombres hablen bien de vosotros”) y los que ríen (porque tienen un ahora, un instante eufórico) no ven lo ...
Darte gloria
19 de noviembre
Por Victoria Luque
«En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues: “Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: ‘Negociad mientras vuelvo’. Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una embajada para informar: ‘No queremos que él sea nuestro rey’. Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: ‘Señor, tu onza ha producido diez’. Él le contestó: ‘Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades’. El segundo llegó y dijo: ‘Tu onza, señor, ha producido cinco’. A ese le dijo también: ‘Pues toma tú el mando de cinco ciudades’. El otro llegó y dijo: ‘Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras’. Él le contestó: ‘Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Conque sabías que soy exigente, que reclamo lo que ...
Subirse a la higuera…
18 de noviembre
Por Jerónimo Barrio
«En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le contestó: “Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”». (Lc 19,1-10) El relato de Zaqueo del Evangelio de hoy es el relato de una conversión. Un hombre que por su condición de publicano y rico anda alejado de Dios y que un día “trata de distinguir a Jesús”. A pesar de que la gente se lo impedía porque era bajito, consigue valérselas para verle. ...
Intercambio de amor
17 de noviembre
Por Mª Nieves Díez
«En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: “Pasa Jesús Nazareno”. Entonces gritó: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”. Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Él dijo: “Señor, que vea otra vez”. Jesús le contestó: “Recobra la vista, tu fe te ha curado”. En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios». (Lc 18,35-43) En los evangelios sinópticos se nos narra siete veces la curación de ciegos.  Aunque podrían ser más, ya que los evangelistas dicen en muchos momentos: “realizó muchas curaciones”, sin especificar de qué tipo. De distintas maneras Jesús les devuelve la vista. Marcos da cuenta de dos curaciones de ciegos: una en Betsaida (8, 22) y otra en (10, 46)  a Bartimeo, hijo de Timeo, ciego de Jericó y lugar donde  Mateo (9,27) sitúa la curación de dos ciegos que hacen juntos la petición. Juan  9 nos presenta el milagro en sábado, causando revuelo entre los fariseos, que ...
¿Qué has hecho con tus dones?
16 de noviembre
Por Germán Martínez
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco’. Su señor le dijo: ‘Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor’. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: ‘Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos’. Su señor le dijo: ‘Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor’. Finalmente, se acercó ...
La llave al corazón de Dios
15 de noviembre
Por Miguel Iborra
«En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: “Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: ‘Hazme justicia frente a mi adversario’. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: ‘Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara’”. Y el Señor añadió: “Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”». (Lc 18,1-8) Si pudiésemos escuchar ese dialogo que muchos cristianos mantenemos con Dios, seguramente percibiríamos que una gran mayoría nos pasamos la vida pidiéndole favores, porque entendemos que Dios es un tapagujeros. No hemos entendido suficientemente lo que es la oración. Está muy bien —máxime en los tiempos que corren— pedir a Dios salud, trabajo, seguridad, que nos toque la primitiva, la lotería y los tropecientos mil sorteos de azar que se celebran, etc. Pero esa no es la finalidad de la oración; ...
Ciudadanos de otro reino
14 de noviembre
Por Ángel Pérez
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde, Señor?”. Él contestó: “Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo”». (Lc 17,26-37) ¡Qué escalofrío nos recorre el cuerpo al escuchar este tipo de palabras! Si esta palabra te desasosiega, te incomoda, es que te encuentras instalado; seguramente afanado en construir tu torre de Babel particular. ...
Oídos para el clamor interno
13 de noviembre
Por Antonio Pavía
«En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: “El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros”. Dijo a sus discípulos: “Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación”». (Lc 17,20-25) No mováis la cabeza intempestivamente hacia arriba y hacia abajo, hacia un lado y otro buscando con vuestros ojos fenómenos extraordinarios que os hablen del Reino de Dios. El Reino de Dios está ya entre vosotros. En realidad lo que Jesucristo está anunciando es: Yo soy el Reino de Dios, soy el Emmanuel, por mí el Reino está entre vosotros. Es muy clarificador a este respecto el testimonio de Juan Bautista con ocasión del bautismo de Jesús. Oigamos su confesión: “Yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el ...
La puerta de la salvación
12 de noviembre
Por Manuel Requena
«Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Al verlos, les dijo: « Id a presentaros a los sacerdotes”. Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: “¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?”. Y le dijo: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”». (Lc 17, 11-19) «Sucedió» —Egéneto, dice el griego— con uno de los términos más llenos de sentido de todo el Evangelio. Aquel encuentro, no fue casualidad, sino causalidad fundamental, génesis de nuestra fe. San Juan lo evangeliza como “principio” de su verdad: «Todo sucedió por Él, y sin Él no sucede nada de lo que sucede»(Jn 1,3); nada que importe, nada que pueda ser evangelio. No es un “érase una vez…”, sino algo  que sucede aún, cada día, para los que caminamos a Jerusalén. Yendo de camino, sucedió. Los diez encontraron a ...
Señor, haznos siervos, que inútiles ya somos
11 de noviembre
Por Enrique Solana
«En aquel tiempo, dijo el Señor: “Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: ‘En seguida, ven y ponte a la mesa’? ¿No le diréis: ‘Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú’? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: ‘Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer’”». (Lc 17, 7-10) La Palabra de hoy nos ayuda a saber estar donde nos corresponde. En ese sentido, ¡qué emocionantes las primera palabras de Benedicto XVI tras su nombramiento como sucesor de Pedro!: “Soy un humilde trabajador de la viña del Señor”. Esa actitud requiere ser humilde, aunque tantas veces para entrar en la humildad es necesario ver nuestros pecados. Quien no los ve, aunque se diga a sí mismo pecador, no es humilde. Los pecados nos postran, nos hacen bajar la cabeza, nos ponen en nuestro sitio y, reconociendo la verdad de nuestra pequeñez, nos hacen reconocer con el salmista: “Como están los ojos del esclavo fijos en las manos de su señor, así están nuestros ojos fijos en el Señor, esperando su misericordia”, porque es Él quien perdona nuestros pecados, quien nos devuelve la dignidad, sencillamente porque ...
El escándalo, el perdón y la fe
10 de noviembre
Por Ángel Olías
«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: ‘lo siento’, lo perdonarás. Los apóstoles le pidieron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor contestó: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería”» (Lc 17,1-6). Hoy, en la fiesta de San León Magno, Papa, la Iglesia proclama este corto fragmento de Lucas en el que, en pocas palabras, toca tres temas importantes y  aparentemente inconexos: el escándalo, el perdón de las ofensas y la fe. Sin embargo, el evangelista los yuxtapone porque realmente tienen una gran conexión entre sí. Jesús nos alerta a tener cuidado, a acoger a los “pequeños” como al propio Jesús, a no despreciarlos ni menospreciarlos. En el paralelo de Mateo a este evangelio, Jesús nos dice que si no nos hacemos como niños no entraremos en el Reino de Dios. Y que quien acoge a un niño, a un pequeño, a uno al ...
Madre amorosa, Templo de Dios
9 de noviembre
Por Miguel Ángel Bravo
«En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego, dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa». (Jn 19, 25-27) Celebramos en la archidiócesis de Madrid, la Solemnidad de Nuestra Señora de la Almudena, Patrona de esta ciudad. Que mejor Palabra podríamos recibir en este día de parte del Señor que esta: «Ahí tienes a tu madre» El pueblo madrileño vivió y experimentó esta buena noticia el día en el que al derrumbarse la muralla dejó al descubierto la imagen de la Virgen María. La Virgen María, asociada a la historia de la salvación, fue y es para el pueblo un testimonio del amor de Dios para los hombres de todas las razas, lenguas, o situación geográfica. Frente a la Cruz de Jesús, que era la cruz del pueblo madrileño, frente a tu cruz y la mía, el Señor nos dirige una palabra consoladora, nos entrega a Su Madre como nuestra madre y a nosotros que, por el escándalo de la cruz nos sentimos huérfanos, sin consuelo ni ayuda, nos entrega como hijos ...
Dime cómo vives y te diré a quién sirves
8 de noviembre
Por Juan José Calles
«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero”. Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: “Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta”». (Lc 16, 9-15) “¡El dinero debe servir y no gobernar!”, nos ha recordado el Papa Francisco en Evangelii gaudium, 58. En el Evangelio de hoy, la Palabra de Jesús viene a iluminar una de las dimensiones de la vida humana que más nos trae de cabeza a todos: la relación con el vil dinero. Ya decía el poeta Quevedo que “poderoso caballero, es Don Dinero”. ...
Los listillos y la sabiduría
7 de noviembre
Por Francisco Lerdo de Tejada
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ‘¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido’. El administrador se puso a echar sus cálculos: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa’. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi amo?’. Este respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El le dijo: ‘Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta’. Luego dijo a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’. Él contestó: ‘Cien fanegas de trigo’. Le dijo: ‘Aquí está tu recibo, escribe ochenta’. Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”». (Lucas 16,1-8) Cuando Israel envió a su hijo José a sus hermanos este le dijo: “Estoy listo” (Gn 37, 12-14). José no dice “soy listo” o “soy un listo” sino “estoy listo”. Es una ...
Amor eterno, paciente y benigno
6 de noviembre
Por Ramón Domínguez
«En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos.”. Jesús les dijo esta parábola: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ‘¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido’. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ‘¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido’. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”». (Lucas 15, 1-10) Resulta significativo el modo con el que comienza el evangelista su relato: “Solían acercarse a Jesús todos ...
El Amor me ha conquistado
5 de noviembre
Por Javier Alba
«En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, sí quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: ‘Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar’. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”». (Lc 14,25-33) Parecen  muy fuertes y escandalosas estas palabras que Jesús da a esa mucha gente que le acompañaba. Hoy somos muchos también los que le acompañamos, y esta Palabra también es para nosotros ...
En vecindad con lo eterno
4 de noviembre
Por Juan Manuel Balmes
«En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: “¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!”. Jesús le contestó: “Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: ‘Venid, que ya está preparado’. Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor’. Otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor’. Otro dijo: ‘Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir’. El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: ‘Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’. El criado dijo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio’. Entonces el amo le dijo: ‘Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete’”». (Lc 14, 15-24) Esta invitación que el Señor nos hace y que se refleja en este Evangelio ocurre prácticamente a diario. Constantemente el Señor nos llama a la misión, a participar de ...
El banquete del amor de Dios
3 de noviembre
Por Horacio Vázquez
“En aquel tiempo dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos”. (Lc 14,12-14) Es posible que en esta ocasión no sea este modesto comentarista la persona indicada para interpretar las palabras de Jesús, que en todo este Capítulo 12 del Evangelio de San Lucas se muestra particularmente misterioso en sus mensajes. Y es que, efectivamente, en su literalidad este evangelio puede mover a confusión a los menos avisados. Pues, ¿acaso el hombre puede actuar de modo inadecuado si invita a comer o a cenar a sus amigos, hermanos, parientes o vecinos, sean ricos o no? Y por otra parte, ¿cómo debemos interpretar esa invitación a los pobres, lisiados, cojos o ciegos, aun en el supuesto de que estuvieran tan a nuestra mano que pudiéramos reunirlos y, en su caso, convencerlos para que asistan al banquete que les ofrecemos de modo gratuito? Por ambos extremos de la cuestión se entiende difícilmente la propuesta de Jesús. Y no parece que sea en modo alguno fácil ...
El destino es Dios Padre
2 de noviembre
Por Cesar Allende
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así; ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino”. Tomás le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Jesús le responde: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”». (Jn 14,1-6) Razón tenía Santo Tomás cuando decía que quien se sale del camino, cuanto más aprisa corre más se aleja de la meta —que en este caso es la morada— sin pensar en que, al fin, descansaremos. Tanto es lo que podemos alcanzar cuanto es lo que pudiéramos perder. De aquí que son acertadísimos la observación de Santo Tomás como el consejo de Jorge Manrique (“mas cumple tener buen tino / para andar esta jornada / sin errar”) en su copla V de las “Coplas por la muerte de su padre”. Al fin y al cabo, la vida es un breve día, jornada de rápido transcurrir, en la que la salida del sol se junta con la llegada de la fría ...
​​El santo no es perfecto, es fiel
1 de noviembre
Por Juan Sánchez
​​ «En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”». (Mt 5,1-12a) La Iglesia nos trae hoy un texto evangélico que resulta esencial para la vida de los cristianos: las Bienaventuranzas. San Mateo enuncia ocho, en el contexto del Sermón de la montaña, mientras que San Lucas (6,20-22) reduce a cuatro sus bienaventuranzas. Pero lo importante no es lo cualitativo: estamos ante la que podríamos denominar carta magna del cristiano, las características del hombre nuevo que ha de surgir del bautismo, el texto programático ...
¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!
31 de octubre
Por Juan Alonso
«Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó:”¿Es lícito curar los sábados, o no?”. Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: “Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?”. Y se quedaron sin respuesta». (Lc 14, 1-6) Al meditar en este evangelio me ha venido a la cabeza, y al corazón, una de las exclamaciones del Papa Francisco en la Exhortación Evangelii gaudium: “¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!” (n.109). Y es que toda la escena que narra san Lucas nos descubre el afán evangelizador de Jesús y nos ofrece una pauta luminosa, al menos en tres puntos. El primero es su esperanzado afán de almas, expresado al aceptar la invitación para almorzar en casa de uno de los principales fariseos de la ciudad por donde pasa camino hacia Jerusalén. Me gusta pensar que Jesús es invitado por aquel fariseo porque Él mismo se “puso a tiro”, buscó de alguna manera ser invitado en aquella casa para así poder hacer el bien. A Jesús le interesan todos; también los que, ...
¿Realmente queremos la salvación?
30 de octubre
Por Antonio Simón
«En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: “Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte”. Él contestó: “ld a decirle a ese zorro:  ‘Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término’. Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido.  Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor”». (Lc 13,31-35) Jesús sube a Jerusalén, por última vez, consciente de lo que le espera. Y en el desierto rechaza la tentación de huir de la historia. Una vez más nos muestra su confianza en el Padre, que le lleva a aceptar la Cruz a sabiendas de que tras ella está nuestra salvación. De alguna manera hace presente a los judíos que su salvación va más allá de ellos, que no lo han reconocido, y quedará pospuesta hasta su venida final por no tener el oído abierto. Lo que les ha impedido discernir la historia que Dios tenía preparada para ellos. Pensemos en ...
El Reino del amor
29 de octubre
Por Hermenegildo Sevilla
«En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?”. Jesús les dijo: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’; y él os replicará: ‘No sé quiénes sois’. Entonces comenzaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él os replicará: ‘No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados’. Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos”».  (Lc 13,22-30) Hoy, Jesucristo se dirige, quizás especialmente, con su Palabra a todos aquellos que por pertenecer a la Iglesia creen asegurada su salvación. Pueden pensar, tal vez, que es de justicia que el Señor los lleve al cielo. Es este un error que se daba en el antiguo pueblo de Israel y que se sigue produciendo, en ...