Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Jueves, julio 2, 2015
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Evangelios

Evangelios
La mano de Dios
2 de julio
Por Hermenegildo Sevilla
«En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: “¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados”. Algunos de los escribas se dijeron: “Este blasfema”. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: “¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados están perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —dijo dirigiéndose al paralítico—:Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”. Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad». (Mt 9,1-8) El Evangelio de hoy nos muestra a un paralítico que es llevado a los pies de Jesús con la esperanza de ser curado. Este hombre sufre por su parálisis física, que le obliga a tener que ser siempre trasladado en camilla, y también porque piensa, fruto de la época en que vivía, que su enfermedad es consecuencia de sus pecados o los de sus padres. La enfermedad le paraliza el cuerpo y sus pecados entierran su alma. Esto último era, con mucho, lo peor porque le cerraba las puertas de ... Seguir leyendo
¿En qué bando estamos?
1 de julio
Por Antonio Simón
«En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo? Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: “Si nos echas, mándanos a la piara”. Jesús les dijo: “Id”. Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país». (Mt 8,28-34) Al leer este Evangelio me ha venido a la mente, lo primero, la “muerte”, el sufrimiento de los endemoniados, aislados del mundo, viviendo entre sepulcros, impuros por tanto. Pero frente a este sufrimiento aparece Jesús, que no se ha quedado a esperarlos porque conoce su incapacidad para ir hacia Él, y ha cruzado el mar a la “otra orilla” —anticipo de la muerte que encontrará en Jerusalén— y llega allí de forma que los que viven sometido a ella lo reconocen al instante y saben ya que Él ...
Cristo está con nosotros
30 de junio
Por Juan Sánchez
«En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: “¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!”. Él les dijo: “¡Cobardes! ¡Qué poca fe!”. Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: “¿Quién es este? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!”». (Mt 8,23-27)  La Palabra de Dios es fuente de vida para nosotros hoy. Y este evangelio de San Mateo, que narra la tormenta que vivieron los discípulos de Jesús mientras él descansaba, es una verdadera catequesis para nuestro tiempo. La barca, siempre imagen de la Iglesia, nos acoge pero no impide nuestros miedos y sufrimientos, nuestra cruz. Estos días, por ejemplo, nos conmueve la serie de atentados terroristas que ha salpicado y llenado de sangre y muerte diversos países; también la incertidumbre de la situación socioeconómica griega, que atenaza a sus ciudadanos y extiende el fantasma de la crisis por toda la Unión Europea; el eco cada día de catástrofes naturales o provocadas en tantos lugares del planeta; o los movimientos desesperados de emigrantes que llegan en pateras a Europa en busca de nuevas vías para sus dramáticas situaciones… Pero las malas noticias ...
A Dios no se le mueren sus hijos
28 de junio
Por Germán Martínez
«En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva”. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente. Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: “Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?”. Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas; basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: “¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida”. Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: “Talitha qumi” (que significa: “Contigo hablo, niña, levántate”). La niña se puso en pie ...
La gente
29 de junio
Por Jerónimo Barrio
«En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Ellos contestaron: “Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”». (Mt 16,13-19) Utilizamos mucho el término “gente” para referirnos a los otros, a la mayoría. Nos preguntamos a menudo cuándo la gente saldrá de vacaciones o a qué partido votará, o como aceptarán un determinado mensaje social. Esa gente de la que tanto hablamos parece ser uno y, sin embargo, por definición son multitud y además siempre dispar; pero cuando hablamos de la gente parece que hablamos de un individuo en concreto, una señora, por lo de “la”. Jesús es más cercano de lo ...
Nuestra verdadera filiación
27 de junio
Por Ángel Pérez
«En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: “Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho. Jesús le contestó: “Voy yo a curarlo”. Pero el centurión le replicó: “Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le dijo a uno: “Ve” y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace”. Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: “Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac: y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Y al centurión le dijo: “Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído”. Y en aquel momento se puso bueno el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a ...
Tocar a Jesús
26 de Junio
Por Juan José Calles Garzón
«En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero, queda limpio”. Y en seguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés”». (Mt 8,1-4) A la luz de la Palabra de Dios de hoy, todos hemos de sentirnos “sucios”, “leprosos”, “pecadores”. Solo si tenemos la valentía de confesar, como el autor del Salmo 31, que somos pecadores, podemos ser perdonados. Esta es su experiencia y debería ser también la nuestra: “había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: Confesaré al Señor mi culpa y tú perdonaste mi culpa y mi pecado”. ¡Qué difícil nos resulta descubrir que el pecado ensucia y hiere nuestra alma! ¡Qué indulgencia solemos practicar con nosotros mismos y qué implacables somos, normalmente, con los demás! ¡Cuánto nos cuesta pedir perdón a Dios y a los que hacemos daño! Sin embargo, lo que nos hace sufrir y experimentar, tantas veces, la angustia, la soledad y el vacío interior, no tiene otra raíz profunda más que el pecado. Sí, el pecado nos esclaviza y nos mata, nos quita la presencia ...
La fe en acción
25 de Junio
Por Valentín de Prado
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: ‘Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?’. Yo entonces les declararé: ‘Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados’. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente”. Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas». (Mt 7,21-29) El evangelio de hoy presenta la parte final del Sermón de la Montaña. Si quisiéramos resumirlo en una frase quizás fuese esta: no basta hablar, es preciso vivir y practicar . A diferencia de los escribas y ...
El Señor conoce a los suyos
24 de Junio
Por Hijas del Amor Misericordioso
«A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: “¡ No! Se va a llamar Juan. Le replicaron: “Ninguno de tus parientes se llama así”. Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: “¿Qué va a ser este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel». (Lc 1,57-66,80) Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista. Toda la persona del Precursor es anticipo de la salvación y signo de contradicción. Desde su concepción, su vida está dirigida claramente por el Altísimo. Ya la primera lectura (Is 49,1-6) nos indica cómo San Juan Bautista fue escogido desde las “entrañas maternas” para ser instrumento del Señor ...
La gloriosa puerta estrecha
23 de Junio
Por Javier Alba
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos”». (Mt 7,6. 12-14) Los astutos de este mundo nos engañan con palabras dulces y empalagosas. No así Jesús, que siempre proclama la verdad. Dentro del Sermón de la Montaña, después de las bienaventuranzas, tras mostrar  Jesús a sus discípulos su palabra a las claras: bienaventurados los pobres, alegraos cuando os persigan, no podéis servir a Dios y al dinero, no juzguéis… Va y les dice unas duras palabras: “no deis lo santo a los perros”. No caigamos en el pecado de considerar banalidad la cruz de Cristo, el Gran Misterio que se ha manifestado a los humildes: Jesucristo, Hijo Único de Dios, se ha abajado y anonadado para nuestra salvación. Los prudentes de este mundo nos dicen “no hagas a otro lo que le pueda molestar, no te metas en líos”.  Jesús ...
¿Justicia ciega?
22 de Junio
Por Pablo Morata
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano”» (Mt 7,1-5) El hecho de estar metido en el mundillo de la “pastoral penitenciaria” me ha llevado a conocer cientos de sentencias, cientos de personas juzgadas y condenadas legítimamente por el “poder judicial” y a buen número de magistrados de todo tipo de “pelaje” y sensibilidad. Con todo el respeto del mundo hacia aquellos que tienen la difícil tarea de juzgar y hacer aplicar las leyes que nos hemos dado para poder convivir de manera pacífica, entre compañeros y voluntarios, cuanto lees algunas sentencias en las que “se te caen los palos del sombrajo”, así, en caliente, y dentro de un contexto de conversación informal suelto la “boutade” de que los jueces, antes de acceder a la titularidad de una plaza tendrían que haber pasado al menos un ...
Desconfianza
21 de Junio
Por Juan José Guerrero
«Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla”. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. El estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”. Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: “¡Silencio, cállate!”. El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. Se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”». (Mc 4,35 40) La actitud de los discípulos, asustados por la tormenta y la pasividad —seguramente aparente— de Jesucristo, da pie a una provechosa meditación sobre comportamientos muy frecuentes en el hombre de hoy. Los discípulos, zarandeados por un mar embravecido, llegan a temer por sus vidas. Con toda su experiencia, son incapaces de achicar, de una manera eficaz, el agua que cae sobre la barca. Llega un momento en el que la situación es extremadamente angustiosa, en pocos minutos serán sepultados por ese mar inmisericorde. Y, a todo esto, ven a Jesús a popa, dormido sobre un almohadón. Cuando recurren a Él, todo se arregla. ...
Loado seas, mi Señor
20 de Junio
Por Gloria Mª Tomás
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre ...
Hacer tesoros en el Cielo
19 de Junio
Por Ernesto Juliá
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!». (Mt 6, 19-23) “No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones socavan y los roban”. El Señor nos invita a elevar nuestra mirada al Cielo, nuestra verdadera y definitiva patria, mientras caminamos por los camino del mundo, llenos de alegrías y de dolores; de serenidad y de sufrimientos; de triunfos y de fracasos. Dios nos ha creado para que vivamos con Él y en Él, en la tierra y en cielo; y hoy la Iglesia nos recuerda esas palabras de Cristo, que son una invitación, no para abandonar las cosas de este mundo y no preocuparnos de los problemas de la convivencia humana, de las relaciones entre los hombres; sino para recordarnos el ...
Abba, Padre
18 de Junio
Por Ramón Domínguez
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: ‘Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno’. Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas”». (Mt 6,7-15) La oración es vital para el creyente, pues se trata del medio poderoso que nos pone en relación con Dios. Pero no sirve cualquier tipo de oración, por eso, Jesús tiene buen cuidado en enseñar a sus discípulos tanto la disposición con la que hemos de orar como el contenido de nuestra oración. Advierte, en primer lugar, contra la verborrea, como si la mucha palabrería tuviera algo que ver con la verdadera oración. Dios conoce muy bien lo que nos conviene, y cuando se trata de amistad sobran las palabras. Por eso ...
Redundando en conversión               
17 de Junio
Por Miguel Ángel Bravo
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos como los hipócritas, que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, ...
El perdón, algo especial
16 de Junio
Por Francisco Lerdo
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”». (Mt 5,43-48) Los cristianos colaboramos con el Señor en su obra de redención. Entre los distintos esfuerzos evangelizadores es el perdón el que ocupa un lugar privilegiado. Se trata tanto del perdón a gran escala como del de escala menor. El amor al que nos impugna se encuentra en el centro del mismo Evangelio. Predicar el perdón y vivirlo, pidiendo y recibiéndolo es algo profundamente cristiano, profundamente evangelizador. No siempre funciona. Pero, aunque el orgullo reste eficacia o llegue a estropear la eficacia dinámica del perdón, su fuerza apostólica nadie la niega. Por desgracia, en ciertos casos, la fuerza sanadora del perdón lo único que hace es encender más en odio al ...
Por el sendero del perdón
15 de Junio
Por Miguel Iborra
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Yo en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas”». (Mt 5,38-42) Siempre que leo este Evangelio me siento incómodo y tentado a pasar hoja, pues estoy tan lejano de esta excelencia… Pero Jesús hoy nos propone una nueva ley de generosidad, el sendero del perdón y el amor, y esto nos resultaría imposible si no vivimos una conducta cristiana, viviendo como Dios quiere que lo hagamos y alcanzando su justicia. No es fácil poner rienda a nuestro espíritu de venganza, pero si descubrimos a Dios como Padre, lo mismo amamos gratuitamente sin pedir ni esperar nada a cambio y vemos el mensaje de este evangelio un poco más cercano, es decir, la caridad, referencia que explica la razón de ser del cristiano. Miguel Iborra
Tan sobreabundante como gratuito
14 de Junio
Por Pedro Barrado
«En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”. Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”. Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado». (Mc 4,26-34) En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va ...
Hacia la cruz
13 de Junio
Por Antonio Pavía
«Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Él les contestó: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”. Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón».  (Lc 2, 41-51) Dicen y decimos que Jesús se perdió. Nada más lejos de la verdad. Se quedó en Jerusalén en el Templo voluntariamente para dar a los suyos de todos los tiempos una catequesis magistral: que las cosas de Dios ...
Corazones traspasados
12 de Junio
Por Victoria Luque
«En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron»(Jn 19, 31-37). Hoy celebramos el día del Corazón de Jesús. Mañana, el del Corazón de María. Pero, paraos un momento. Ahí, en la cruz, en ese monte, está Jesús muerto, a su lado dos ladrones también muertos con las piernas quebradas. Él, Jesús, tiene el costado traspasado, abierto, de su brecha ha brotado sangre y agua; a sus pies María su madre, Juan, y otras santas mujeres. María, también traspasada de dolor, pero entera por la fortaleza que da la fe, consuela ...
La paz a esta casa
11 de Junio
Por Francisco Jiménez
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: “ld y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros”». (Mt 10,7-13) Hoy, festividad de Bernabé, el conocido compañero de Pablo, la Iglesia nos propone un mandato-programa específico de Jesús para sus apóstoles. Los apóstoles, que no son todos los discípulos, tienen el encargo de anunciar la proximidad del “reino de los cielos”. No que digan lo primero que se les ocurra; sino que anuncien la cercanía de “el reino de los cielos”, que es mucho más que la instauración del reino de David; el reino de los cielos es la apertura del cielo a los hombres; el acontecimiento Jesucristo. Aún desconcertados los discípulos —¡ellos a la suya!— todavía le preguntan: “¿Es ahora cuando vas a instaurar el reino ...
La letra y el espíritu de la ley
10 de Junio
Por Horacio Vázquez
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos». (Mt 5,17-19) Resulta imprescindible completar la lectura del Evangelio que se nos propone en Mateo 5, 17-19, con los parágrafos que siguen del 20 al 48, para comprender así en todo su significado el mensaje de Jesús, que en lo sustancial, nos anuncia la plena vigencia de la ley mosaica que el mismo dice: “…no he venido a abolir”. Esta cuestión era de suma importancia para los judeocristianos que le escuchaban, pero Jesús les dice que Él viene a hacerla plena, y así, la profundiza, la interioriza en el corazón del hombre y, sobre todo, la pasa por el filtro inexcusable del amor, engrandeciendo su significado y la necesidad de su exigencia, y premiando el magisterio que la enseña a los demás hombres. Ya no quedan dudas. Hemos de ...
O amar o morir; o morir o amar
9 de Junio
Por Fernando Zufía
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”». (Mt 5,13-18) Una vez que sentimos el amor de Dios, de acuerdo con la parábola de los talentos, estamos llamados a negociar esos talentos. Dios ya cuenta con nosotros, y no dice “seréis” la sal de la tierra, sino “sois” la sal de la tierra. Por lo que si se desvirtúa es mucho peor que antes, porque nuestra vida pierde el norte totalmente. Es impresionante cómo, a pesar de nuestros pecados, debilidades e infidelidades, el Señor cuenta con nosotros. Pues, como decía san Felipe Neri, que no quite su mano de nuestra cabeza que se la jugamos. Ser luz no es un privilegio, pero sí una responsabilidad, pues somos Iglesia y como tal la representamos. Dado que nada ...
La recompensa es el Cielo
8 de Junio
Por Manuel Requena
«Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos , porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de lo Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros». (Mt 5, 1-12) Al sermón más vivencial de nuestro ser cristiano, su misma sencillez lo hace inagotable, para siempre. Quizás no fuese pronunciado todo el mismo día, o solo allí sentados en el monte a los pies del Maestro, pero Mateo, como el primer periodista del Reino, lo sintetiza en un solo lugar, donde era fácil ver las sombras de los pobres y el ...
Una presencia que da vida
7 de Junio
Por César Allende
«El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”. Él envió a dos discípulos, diciéndoles: “ld a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: ‘El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?’. Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena”. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo”. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: “Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios”. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos». (Mc 14, 12-16. 22-26) Si toda palabra inspirada es buena para enseñar, corregir, alentar, etc., como escribía San Pablo, esta de Marcos es “buena de toda ...
Vanidad de unos vs generosidad de otros
6 de Junio
Por Tomás Cremades
«En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa”. Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: “Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”». (Mc 12,38-44) Comienza el Evangelio con esta frase de Jesús: “Entre lo que enseñaba Jesús a la gente”. Quizá podríamos decir que estamos obligados a leer lo anterior y retomar los textos pasados para ponernos en situación. Y así es. Leemos en San Marcos unas líneas atrás una catequesis de Jesús a los escribas hablando del David y su “paternidad” con respecto de Él. Y les recuerda el Salmo 109. Y es que las Escrituras se interpretan con las mismas Escrituras. Y si retrocedemos ...
Eres la roca de mi salvación
5 de Junio
Por Ángel Moreno
«En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dice: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies’. Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo? La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo» (Mc 12,35-37) Hoy el Evangelio cita en labios de Jesús el texto del Antiguo Testamento, que corresponde al salmo cristológico por excelencia, el salmo 109, y que el mismo Jesús nos ayuda interpretarlo. Si una clave para comprender toda la Sagrada Escritura es leerla a la luz del acontecimiento de Jesucristo, en el caso que hoy se nos ofrece contemplar, sobresale la concordancia con los hechos que tuvieron lugar en la vida del Señor. Siempre recuerdo cuando visito el Huerto de los Olivos en Jerusalén —que está en la falda del mismo monte en el que se venera la Ascensión del Señor a los cielos— la recomendación que me hizo un día el P. Rafael, franciscano de Sevilla, al mostrarme las ermitas que hay en el jardín, para quien desee hacer días de desierto. Me dijo que, si alguna vez me decidía a pasar algún tiempo en la ermita, tuviera mucho cuidado porque había escorpiones y ...
Para aprender y aceptar, primero escuchar
4 de Junio
Por Alfredo Esteban
«En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?”. Respondió Jesús: “El primero es: ‘Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser’. El segundo es este: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay mandamiento mayor que estos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas». (Mc 12,28b-34) Una de las mejores cosas que tiene el ser humano es la capacidad de hacerse preguntas, y cuando uno no puede responderse a sí mismo, es conveniente, bueno y necesario seguir haciéndolas a aquellas personas, instituciones, libros o materias que pueden darnos respuestas. Con los mandamientos, desde siempre nos hemos hecho muchas preguntas y se nos han dado muchas respuestas. En este comentario al evangelio de hoy, dado que es Buena ...
¡Dios de vivos!
3 de Junio
Por Miguel Ángel Bravo
«En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: ‘Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano’. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella”. Jesús les respondió: “Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: ‘Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob’? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados”». (Mc 12,18-27) Los saduceos presentan a Jesús un caso irreal y le piden que responda de acuerdo a la Ley de Moisés. Para sorpresa de sus oyentes, el Señor les ...