Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Jueves, noviembre 20, 2014
  • Siguenos!

Evangelios

Evangelios
El llanto de Jesús
20 de noviembre
Por Francisco Jiménez
«En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida”». (Lucas 19, 41-44) Desde siempre me ha llamdo la atención el dato de que en los Evangelios  nunca aparece Jesucristo “riendo”. No hay episodios de “risa” en el Evangelio. Jesús, verdadero hombre, seguramente tambien reiría alguna vez, mostraría su humanidad riendo, como uno de nosotros. Pero en el Nuevo Testamento no hay risas. Jesús, en contraste, y tras las bienaventuranzas (Mt 5,1-12; Lc 6,20-23), incluye una lista de ayes que incluye un (Lc 6,10) “¡Ay de los que reís ahora! porque tendréis aflicción y llanto!”.  La risa es efímera. Tiene un “ahora” pero pronto pasa. Es más, anuncia “el llanto”. Los ricos (los que no necesitan de nada; por tener tienen hasta pobres con quien compararse), los hartos (saciados, pero insatisfechos, anhelando más y más), los que tienen buena imagen (“cuando todos los hombres hablen bien de vosotros”) y los que ríen (porque tienen un ahora, un instante eufórico) no ven lo ... Seguir leyendo
Darte gloria
19 de noviembre
Por Victoria Luque
«En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues: “Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: ‘Negociad mientras vuelvo’. Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una embajada para informar: ‘No queremos que él sea nuestro rey’. Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: ‘Señor, tu onza ha producido diez’. Él le contestó: ‘Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades’. El segundo llegó y dijo: ‘Tu onza, señor, ha producido cinco’. A ese le dijo también: ‘Pues toma tú el mando de cinco ciudades’. El otro llegó y dijo: ‘Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras’. Él le contestó: ‘Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Conque sabías que soy exigente, que reclamo lo que ...
Subirse a la higuera…
18 de noviembre
Por Jerónimo Barrio
«En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le contestó: “Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”». (Lc 19,1-10) El relato de Zaqueo del Evangelio de hoy es el relato de una conversión. Un hombre que por su condición de publicano y rico anda alejado de Dios y que un día “trata de distinguir a Jesús”. A pesar de que la gente se lo impedía porque era bajito, consigue valérselas para verle. ...
Intercambio de amor
17 de noviembre
Por Mª Nieves Díez
«En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: “Pasa Jesús Nazareno”. Entonces gritó: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”. Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Él dijo: “Señor, que vea otra vez”. Jesús le contestó: “Recobra la vista, tu fe te ha curado”. En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios». (Lc 18,35-43) En los evangelios sinópticos se nos narra siete veces la curación de ciegos.  Aunque podrían ser más, ya que los evangelistas dicen en muchos momentos: “realizó muchas curaciones”, sin especificar de qué tipo. De distintas maneras Jesús les devuelve la vista. Marcos da cuenta de dos curaciones de ciegos: una en Betsaida (8, 22) y otra en (10, 46)  a Bartimeo, hijo de Timeo, ciego de Jericó y lugar donde  Mateo (9,27) sitúa la curación de dos ciegos que hacen juntos la petición. Juan  9 nos presenta el milagro en sábado, causando revuelo entre los fariseos, que ...
¿Qué has hecho con tus dones?
16 de noviembre
Por Germán Martínez
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco’. Su señor le dijo: ‘Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor’. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: ‘Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos’. Su señor le dijo: ‘Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor’. Finalmente, se acercó ...
La llave al corazón de Dios
15 de noviembre
Por Miguel Iborra
«En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: “Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: ‘Hazme justicia frente a mi adversario’. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: ‘Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara’”. Y el Señor añadió: “Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”». (Lc 18,1-8) Si pudiésemos escuchar ese dialogo que muchos cristianos mantenemos con Dios, seguramente percibiríamos que una gran mayoría nos pasamos la vida pidiéndole favores, porque entendemos que Dios es un tapagujeros. No hemos entendido suficientemente lo que es la oración. Está muy bien —máxime en los tiempos que corren— pedir a Dios salud, trabajo, seguridad, que nos toque la primitiva, la lotería y los tropecientos mil sorteos de azar que se celebran, etc. Pero esa no es la finalidad de la oración; ...
Ciudadanos de otro reino
14 de noviembre
Por Ángel Pérez
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde, Señor?”. Él contestó: “Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo”». (Lc 17,26-37) ¡Qué escalofrío nos recorre el cuerpo al escuchar este tipo de palabras! Si esta palabra te desasosiega, te incomoda, es que te encuentras instalado; seguramente afanado en construir tu torre de Babel particular. ...
Oídos para el clamor interno
13 de noviembre
Por Antonio Pavía
«En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: “El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros”. Dijo a sus discípulos: “Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación”». (Lc 17,20-25) No mováis la cabeza intempestivamente hacia arriba y hacia abajo, hacia un lado y otro buscando con vuestros ojos fenómenos extraordinarios que os hablen del Reino de Dios. El Reino de Dios está ya entre vosotros. En realidad lo que Jesucristo está anunciando es: Yo soy el Reino de Dios, soy el Emmanuel, por mí el Reino está entre vosotros. Es muy clarificador a este respecto el testimonio de Juan Bautista con ocasión del bautismo de Jesús. Oigamos su confesión: “Yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el ...
La puerta de la salvación
12 de noviembre
Por Manuel Requena
«Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Al verlos, les dijo: « Id a presentaros a los sacerdotes”. Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: “¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?”. Y le dijo: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”». (Lc 17, 11-19) «Sucedió» —Egéneto, dice el griego— con uno de los términos más llenos de sentido de todo el Evangelio. Aquel encuentro, no fue casualidad, sino causalidad fundamental, génesis de nuestra fe. San Juan lo evangeliza como “principio” de su verdad: «Todo sucedió por Él, y sin Él no sucede nada de lo que sucede»(Jn 1,3); nada que importe, nada que pueda ser evangelio. No es un “érase una vez…”, sino algo  que sucede aún, cada día, para los que caminamos a Jerusalén. Yendo de camino, sucedió. Los diez encontraron a ...
Señor, haznos siervos, que inútiles ya somos
11 de noviembre
Por Enrique Solana
«En aquel tiempo, dijo el Señor: “Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: ‘En seguida, ven y ponte a la mesa’? ¿No le diréis: ‘Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú’? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: ‘Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer’”». (Lc 17, 7-10) La Palabra de hoy nos ayuda a saber estar donde nos corresponde. En ese sentido, ¡qué emocionantes las primera palabras de Benedicto XVI tras su nombramiento como sucesor de Pedro!: “Soy un humilde trabajador de la viña del Señor”. Esa actitud requiere ser humilde, aunque tantas veces para entrar en la humildad es necesario ver nuestros pecados. Quien no los ve, aunque se diga a sí mismo pecador, no es humilde. Los pecados nos postran, nos hacen bajar la cabeza, nos ponen en nuestro sitio y, reconociendo la verdad de nuestra pequeñez, nos hacen reconocer con el salmista: “Como están los ojos del esclavo fijos en las manos de su señor, así están nuestros ojos fijos en el Señor, esperando su misericordia”, porque es Él quien perdona nuestros pecados, quien nos devuelve la dignidad, sencillamente porque ...
El escándalo, el perdón y la fe
10 de noviembre
Por Ángel Olías
«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: ‘lo siento’, lo perdonarás. Los apóstoles le pidieron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor contestó: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería”» (Lc 17,1-6). Hoy, en la fiesta de San León Magno, Papa, la Iglesia proclama este corto fragmento de Lucas en el que, en pocas palabras, toca tres temas importantes y  aparentemente inconexos: el escándalo, el perdón de las ofensas y la fe. Sin embargo, el evangelista los yuxtapone porque realmente tienen una gran conexión entre sí. Jesús nos alerta a tener cuidado, a acoger a los “pequeños” como al propio Jesús, a no despreciarlos ni menospreciarlos. En el paralelo de Mateo a este evangelio, Jesús nos dice que si no nos hacemos como niños no entraremos en el Reino de Dios. Y que quien acoge a un niño, a un pequeño, a uno al ...
Madre amorosa, Templo de Dios
9 de noviembre
Por Miguel Ángel Bravo
«En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego, dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa». (Jn 19, 25-27) Celebramos en la archidiócesis de Madrid, la Solemnidad de Nuestra Señora de la Almudena, Patrona de esta ciudad. Que mejor Palabra podríamos recibir en este día de parte del Señor que esta: «Ahí tienes a tu madre» El pueblo madrileño vivió y experimentó esta buena noticia el día en el que al derrumbarse la muralla dejó al descubierto la imagen de la Virgen María. La Virgen María, asociada a la historia de la salvación, fue y es para el pueblo un testimonio del amor de Dios para los hombres de todas las razas, lenguas, o situación geográfica. Frente a la Cruz de Jesús, que era la cruz del pueblo madrileño, frente a tu cruz y la mía, el Señor nos dirige una palabra consoladora, nos entrega a Su Madre como nuestra madre y a nosotros que, por el escándalo de la cruz nos sentimos huérfanos, sin consuelo ni ayuda, nos entrega como hijos ...
Dime cómo vives y te diré a quién sirves
8 de noviembre
Por Juan José Calles
«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero”. Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: “Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta”». (Lc 16, 9-15) “¡El dinero debe servir y no gobernar!”, nos ha recordado el Papa Francisco en Evangelii gaudium, 58. En el Evangelio de hoy, la Palabra de Jesús viene a iluminar una de las dimensiones de la vida humana que más nos trae de cabeza a todos: la relación con el vil dinero. Ya decía el poeta Quevedo que “poderoso caballero, es Don Dinero”. ...
Los listillos y la sabiduría
7 de noviembre
Por Francisco Lerdo de Tejada
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ‘¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido’. El administrador se puso a echar sus cálculos: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa’. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi amo?’. Este respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El le dijo: ‘Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta’. Luego dijo a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’. Él contestó: ‘Cien fanegas de trigo’. Le dijo: ‘Aquí está tu recibo, escribe ochenta’. Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”». (Lucas 16,1-8) Cuando Israel envió a su hijo José a sus hermanos este le dijo: “Estoy listo” (Gn 37, 12-14). José no dice “soy listo” o “soy un listo” sino “estoy listo”. Es una ...
Amor eterno, paciente y benigno
6 de noviembre
Por Ramón Domínguez
«En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos.”. Jesús les dijo esta parábola: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ‘¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido’. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ‘¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido’. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”». (Lucas 15, 1-10) Resulta significativo el modo con el que comienza el evangelista su relato: “Solían acercarse a Jesús todos ...
El Amor me ha conquistado
5 de noviembre
Por Javier Alba
«En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, sí quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: ‘Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar’. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”». (Lc 14,25-33) Parecen  muy fuertes y escandalosas estas palabras que Jesús da a esa mucha gente que le acompañaba. Hoy somos muchos también los que le acompañamos, y esta Palabra también es para nosotros ...
En vecindad con lo eterno
4 de noviembre
Por Juan Manuel Balmes
«En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: “¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!”. Jesús le contestó: “Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: ‘Venid, que ya está preparado’. Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor’. Otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor’. Otro dijo: ‘Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir’. El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: ‘Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’. El criado dijo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio’. Entonces el amo le dijo: ‘Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete’”». (Lc 14, 15-24) Esta invitación que el Señor nos hace y que se refleja en este Evangelio ocurre prácticamente a diario. Constantemente el Señor nos llama a la misión, a participar de ...
El banquete del amor de Dios
3 de noviembre
Por Horacio Vázquez
“En aquel tiempo dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos”. (Lc 14,12-14) Es posible que en esta ocasión no sea este modesto comentarista la persona indicada para interpretar las palabras de Jesús, que en todo este Capítulo 12 del Evangelio de San Lucas se muestra particularmente misterioso en sus mensajes. Y es que, efectivamente, en su literalidad este evangelio puede mover a confusión a los menos avisados. Pues, ¿acaso el hombre puede actuar de modo inadecuado si invita a comer o a cenar a sus amigos, hermanos, parientes o vecinos, sean ricos o no? Y por otra parte, ¿cómo debemos interpretar esa invitación a los pobres, lisiados, cojos o ciegos, aun en el supuesto de que estuvieran tan a nuestra mano que pudiéramos reunirlos y, en su caso, convencerlos para que asistan al banquete que les ofrecemos de modo gratuito? Por ambos extremos de la cuestión se entiende difícilmente la propuesta de Jesús. Y no parece que sea en modo alguno fácil ...
El destino es Dios Padre
2 de noviembre
Por Cesar Allende
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así; ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino”. Tomás le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Jesús le responde: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”». (Jn 14,1-6) Razón tenía Santo Tomás cuando decía que quien se sale del camino, cuanto más aprisa corre más se aleja de la meta —que en este caso es la morada— sin pensar en que, al fin, descansaremos. Tanto es lo que podemos alcanzar cuanto es lo que pudiéramos perder. De aquí que son acertadísimos la observación de Santo Tomás como el consejo de Jorge Manrique (“mas cumple tener buen tino / para andar esta jornada / sin errar”) en su copla V de las “Coplas por la muerte de su padre”. Al fin y al cabo, la vida es un breve día, jornada de rápido transcurrir, en la que la salida del sol se junta con la llegada de la fría ...
​​El santo no es perfecto, es fiel
1 de noviembre
Por Juan Sánchez
​​ «En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”». (Mt 5,1-12a) La Iglesia nos trae hoy un texto evangélico que resulta esencial para la vida de los cristianos: las Bienaventuranzas. San Mateo enuncia ocho, en el contexto del Sermón de la montaña, mientras que San Lucas (6,20-22) reduce a cuatro sus bienaventuranzas. Pero lo importante no es lo cualitativo: estamos ante la que podríamos denominar carta magna del cristiano, las características del hombre nuevo que ha de surgir del bautismo, el texto programático ...
¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!
31 de octubre
Por Juan Alonso
«Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó:”¿Es lícito curar los sábados, o no?”. Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: “Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?”. Y se quedaron sin respuesta». (Lc 14, 1-6) Al meditar en este evangelio me ha venido a la cabeza, y al corazón, una de las exclamaciones del Papa Francisco en la Exhortación Evangelii gaudium: “¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!” (n.109). Y es que toda la escena que narra san Lucas nos descubre el afán evangelizador de Jesús y nos ofrece una pauta luminosa, al menos en tres puntos. El primero es su esperanzado afán de almas, expresado al aceptar la invitación para almorzar en casa de uno de los principales fariseos de la ciudad por donde pasa camino hacia Jerusalén. Me gusta pensar que Jesús es invitado por aquel fariseo porque Él mismo se “puso a tiro”, buscó de alguna manera ser invitado en aquella casa para así poder hacer el bien. A Jesús le interesan todos; también los que, ...
¿Realmente queremos la salvación?
30 de octubre
Por Antonio Simón
«En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: “Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte”. Él contestó: “ld a decirle a ese zorro:  ‘Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término’. Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido.  Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor”». (Lc 13,31-35) Jesús sube a Jerusalén, por última vez, consciente de lo que le espera. Y en el desierto rechaza la tentación de huir de la historia. Una vez más nos muestra su confianza en el Padre, que le lleva a aceptar la Cruz a sabiendas de que tras ella está nuestra salvación. De alguna manera hace presente a los judíos que su salvación va más allá de ellos, que no lo han reconocido, y quedará pospuesta hasta su venida final por no tener el oído abierto. Lo que les ha impedido discernir la historia que Dios tenía preparada para ellos. Pensemos en ...
El Reino del amor
29 de octubre
Por Hermenegildo Sevilla
«En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?”. Jesús les dijo: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’; y él os replicará: ‘No sé quiénes sois’. Entonces comenzaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él os replicará: ‘No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados’. Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos”».  (Lc 13,22-30) Hoy, Jesucristo se dirige, quizás especialmente, con su Palabra a todos aquellos que por pertenecer a la Iglesia creen asegurada su salvación. Pueden pensar, tal vez, que es de justicia que el Señor los lleve al cielo. Es este un error que se daba en el antiguo pueblo de Israel y que se sigue produciendo, en ...
Elección y Alianza
28 de octubre
Por Alfredo Esteban
«En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos». (Lc 6,12-19) Sucedió por aquellos días, dice el Evangelio de Lucas, que Jesús después de orar toda la noche la oración de Dios, elige a doce apóstoles, número que hace referencia a plenitud, y los llama por su nombre. Reparo que el Evangelio dice: “la oración de Dios” y me sugiere que no puede ser otra cosa que el deseo de Dios que todos los hombres lo conozcamos, pero aunque no le podamos poner deseos lo que sí sabemos es que lo que Dios sí ...
Señor, que sirva amando y ame sirviendo
27 de octubre
Por Ernesto Juliá
«Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacia dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: “Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados”. Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: “Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta, que es hija de Abrahán y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?”. A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía». (Lc 13,10-17) A lo largo de toda su vida en la tierra, Jesús enseñó los misterios insondables del Amor de Dios; y manifestó a quienes le escucharon el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, a los hombres. En el evangelio de hoy  vemos a Cristo enseñando en una Sinagoga. Está dando una catequesis. Ha venido a anunciar a los judíos que el Mesías prometido por ...
Cuestión de semántica
26 de octubre
Por Pablo Morata
«En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”. Él le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas”» (Mt 22,34-40) Me contaron la anécdota de un compañero, sacerdote rural, destinado a un pueblecito de la “Castilla profunda”, con poquitos habitantes pero todos ellos fieles a la Eucaristía dominical. Con tal magnitud de concurrencia (casi el 100%) pensó que del mejor tema que podía hablar era de la gracia del “banquete eucarístico”. Así, semana tras semana y homilía tras homilía; observando que, o porque estaban todo el día “cara al sol”, o porque no se enteraban de nada, ante la evidente percepción de que sus discursos mantenían a la feligresía con “impasible ademán” decidió preguntar: “¡Sabéis lo que es un “banquete!, ¿verdad?”. A lo que respondieron sin ningún género de duda: “¡Claro, padre, una tablilla redonda con tres o cuatro patas cortas que sirve pa’ sentarse!”. Son los problemas de ...
La fe se acrecienta dando fruto
25 de octubre
Por Valentín de Prado
«En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Y les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?’. Pero el viñador contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas’”». (Lc 13,1-9) A lo largo de toda su predicación y de muchas maneras, Jesús insiste en la necesidad de la conversión personal. Sabiendo que nuestro Padre Dios es paciente, sabe esperar un año, dos años, tres años… ¡Muchos años!. Así, Jesús aprovecha la situación que le vienen a plantear para invitar a sus interlocutores ...
Yo sé lo que quiero, pero Dios sabe lo que me conviene
24 de octubre
Por Juan José Guerrero
«En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: “Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: ‘Chaparrón tenemos’, y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: ‘Va a hacer bochorno’, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo». (Lc 12,54-59) En este Evangelio Jesús se dirige a esa muchedumbre que le seguía, gentes del campo o del mar, habituadas a predecir el tiempo atmosférico por su experiencia al examinar ciertos signos precursores de lo que se avecinaba. Tomando este hecho como ejemplo, les echa en cara que no sepan reconocerle a él como Mesías, dados los signos y señales que realiza y que estaban profetizados desde hacía tiempo. Esto mismo se puede aplicar hoy día a cuantos se niegan a reconocerlo como enviado de Dios, como Dios mismo y a cuantos prefieren seguir el ...
Señor, ¿qué quieres que haga?
23 de octubre
Por Gloria Mª Tomás
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra». (Lc 12 49-53) En este pasaje Jesús habla con enorme vigor sobre el sentido evangelizador del cristiano, que no es algo yuxtapuesto en el devenir de cada día, sino que es imitarle a Él, participar del sentido redentor de toda su vida. Así nos dice el Señor:”He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ardiendo!”. En la Biblia, el fuego expresa frecuentemente el amor ardiente de Dios por los hombres. Recordemos, por ejemplo en Dt 4,24: “Porque el Señor tu Dios es fuego consumidor, un Dios celoso”. Con la imagen del fuego se nos insta a preocuparnos por lo demás, lo cual conlleva una purificación del corazón porque se trata de agrandarlo a la medida del Corazón de Cristo, y salir de nuestros planes, a  ...
¿Estás preparado para partir?
22 de octubre
Por Fernando Zufía
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”. Pedro le preguntó: “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”. El Señor le respondió: “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá”».  (Lc 12,39-48) ...