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Corrección fraterna 

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Ez 33,7-9; Sal 94; Rom 13, 8-10; Mt 18, 15-20

 

Texto evangélico

“Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.”

Texto profético

“Si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta y no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida”.

Texto apostólico

“Ninguna corrección resulta agradable en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella” (Hbr 12, 11).

Texto patrístico

“Pero, ¿cómo podríamos corregir a nuestros hermanos nosotros, que descuidamos incluso nuestra propia vida? Entregados a las cosas de este mundo, nos vamos volviendo tanto más insensibles a las realidades del espíritu, cuanto mayor empeño ponemos en interesarnos por las cosas visibles” (San Gregorio Magno).

Texto místico

“Lo que Jesús censura no son los trabajos de Marta. A trabajos como ésos se sometió humildemente su divina Madre durante toda su vida, pues tenía que preparar la comida de la Sagrada Familia. Lo único que Jesús quisiera corregir es la inquietud de su ardiente anfitriona.” (Santa Teresa del Niño Jesús, Historia de un Alma, Final del manuscrito C).

Consideración

Es muy importante, para que la corrección surja algún efecto, verse uno a sí mismo. No suceda lo que denuncia el Evangelio, que no vemos la viga que llevamos en nuestros ojos y corregimos la paja del ojo ajeno.

Para que la corrección sea provechosa debe ser ungida con amor. Un principio acreditado es callar por amor y hablar por amor. Si callas por resentimiento, y si hablas por impaciencia, aunque digas verdad, dañas más que edificas.

Jesús, al tiempo de enseñar el deber de corregir, lo hace en el marco del perdón mutuo.

           Ángel Moreno.

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