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Cuando la Verdad visita la mentira 
Por Juan Manuel Balmes

«En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Herodes se decía: “A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?”. Y tenía ganas de ver a Jesús». (Lc 9, 7-9)


Ciertamente lo que movía las ganas de Herodes a ver a Jesús no era la fe, sino pura curiosidad. Pero esta curiosidad, inequívocamente, era fruto de las noticias que de él habían llegado a su palacio; noticias sobre su forma de vida, sobre sus actos. Actos que indudablemente denunciaban a muchos judíos, incluso a maestros de la Ley, incluso a un rey…

Qué fuerza tenía la Palabra de aquel Nazareno que, para atravesar las murallas de palacio y vencer su guardia, haría falta un ejercito. Sin embargo, nada de esto fue necesario. Luego vendría la sorna, la burla, el desprecio, la persecución; síntomas de la ira que se despierta cuando la realidad se destapa. Cuando la Luz deja ver las miserias humanas. Cuando la Verdad visita a la mentira.

Hoy, quizás más que nunca, existan nuevos palacios de Herodes camuflados en suntuosos corazones, llenos de siete pecados, de numerosos caminos empezados hacia ninguna parte. Han oído hablar de un tal Jesús de Nazaret que una institución de tradición medieval llamada Iglesia, anclada en el pasado, aprovecha su imagen para inundar las mentes de los desesperados de patrañas y así seguir siendo necesarios, pero que en realidad viven del cuento.

Son herederos de una fe que desconocen, de unos valores que les han traído hasta hoy; valores que se difuminan y que otros, amparados en un iluminismo de mariposa de aceite, pretenden hacer suyos —no sin antes haberlos tergiversado— con un solo propósito: borrar la imagen de ese tal Jesús.

Y tú, bautizado, ante esta realidad, ¿piensas hacer algo? Porque en la misa de los domingos cada vez hay más personas que comulgan y están de acuerdo con determinados presupuestos del aborto, o están divorciados… Que en su moral llueve sobre mojado. Yo, que soy un siervo inútil, te anuncio una gran noticia que puede cambiar tu vida para siempre: ¡que Dios te ama tanto que ha mandado a su único Hijo, el cual ha dado su Vida por ti y por mí!; que es verdad que está resucitado y que ha vencido a la muerte… ¡tu muerte! Que las primicias de esa Vida Eterna la puedes experimentar aquí en esta carne mortal, porque podrás caminar sobre lo que antes te mataba, te destruía. Que podrán venir sufrimientos, pero no por ello perder la alegría y la esperanza.

Tenemos un tesoro llamado bautismo y en él se encuentra todo un proyecto de vida, te invito a redescubrirlo. Pues al recibirlo pasamos a ser coherederos de Cristo. ¡Ánimo, asalta ese palacio y denuncia a su rey! Así podrás preguntarte a diario, como yo lo hago, si soy signo o piedra de tropiezo para los que comparten mi día a día. Quizá el único Evangelio que tu vecino vea en esta vida sea el que tu vida haya reflejado, quizá otros herodes “se enteren de lo que pasaba y no sepan a qué atenerse”… y finalmente, “tengan ganas de ver a Jesús”.

Juan Manuel Balmes

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