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El embrión como ser biográfico 

Una persona es un ser con unas capacidades dadas por su tipo de ser, su naturaleza. Esas capacidades se despliegan en una biografía irrepetible. El embrión es una etapa de esa biografía.

Desde la antropología y la filosofía puede afirmarse que la vida humana no se reduce a un hecho meramente biológico sino que es un hecho biográfico. Esta afirmación se refiere a la vida real, la que verdaderamente existe, la del lector de estas líneas y la mía, no a la vida tomada en general (pues la vida no existe en sí misma sino que es una cualidad de unos sujetos determinados, es decir, sujetos o seres que “tienen vida”, que “están vivos”).

Considerar la vida humana desde la biología es considerarla como un conjunto de células organizado. Considerar la vida humana como biografía es considerarla desde un punto de vista más radical y, a la vez, más global, como una unidad de biología, pensamiento, sentimientos, recuerdos, vivencias, etc., fenómenos todos que se asientan o se manifiestan en lo biológico pero que lo trascienden.

El contenido y la diferencia entre lo estrictamente biológico y lo biográfico es un tema importante y largo, pero no conviene perder de vista que ambos niveles se dan íntimamente unidos en el ser humano. La persona es una unidad: un ser con diversas dimensiones (mental, social, etc.) que existen configurando una entidad. Todas ellas forman una unidad y, por eso precisamente, cada dimensión impregna y es impregnada por las demás (por ejemplo, los sentimientos, en el ser humano, influyen y son influidos por la racionalidad).

objeto de valor y de respeto ético 

La muerte es dramática porque en ella se “rompe” algo llamado a pensado para estar unido. No decimos que mueren el cuerpo o la mente, por ejemplo, de Merce (o de Juan), sino que muere Merce: la muerte ocurre a esa totalidad y unidad que es Merce. En ese momento, cesa la biografía de una persona llamada Merce. ¿Cuándo se inició Merce, es decir, la biografía de Merce, la biografía que es Merce? Una mirada atenta y sencilla al itinerario vital de Merce afirmará que esa biografía empezó en el momento de la fecundación. Desde ese instante, producto de la unión de dos células (en el fondo, de dos biografías, pues esas células son partes de ellas), una nueva biografía echó a andar. En el momento de la fecundación, un nuevo ser inicia su vida, su biografía.

Ese ser, como miembro de la especie humana, está dotado de una serie de capacidades (racionalidad, lenguaje, etc.), capacidades que tienen todos los demás miembros de esa especie. Durante su vida, el individuo va desplegando esa gama de capacidades. Y ese despliegue lo hace de una manera personal, es decir, irrepetible, biográfica.

Un individuo, por tanto, no implica solo un tipo de ser que le dota de unas capacidades sino que es algo, alguien, con un carácter distintivo, alguien que se desarrolla, se va desplegando a lo largo del tiempo de una manera personal, única, biográfica. En ese despliegue, su identidad su unidad se configura a través de múltiples factores: genéticos, emocionales, racionales, sociales, etc. El despliegue de unas capacidades comunes se hace de una manera no común, es decir, personal. Y eso es lo que configura su biografía.

De ahí el valor de la persona (y, en concreto, de la persona en su etapa embrionaria). La persona es objeto de valor y de respeto ético por el tipo de ser que tiene: un ser humano, un ser biográfico, pues se desarrolla de manera única e irrepetible (biográfica). Las capacidades propias (comunes) del ser humano se dan en un ser irrepetible (no común), esto es: en una biografía.

persona en estado inicial

Es clásica la definición que Tomás de Aquino da de persona (partiendo de Boecio): “substancia individual de naturaleza racional” (Suma de teología I, q. 29, a. 1)[1]. Lo que da valor y un carácter distintivo al ser humano es el tipo de ser que tiene, su naturaleza, su esencia: la de hombre, gracias a la cual el individuo tiene unas facultades y unas capacidades. Lo importante lo distintivo, por tanto, no es que la persona es de hecho racional, sino que es un ser de naturaleza racional, lo cual le otorga una serie de potencialidades que, en circunstancias normales, se irán desplegando progresivamente en el tiempo: pensar, querer, hablar, imaginar, etc. Lo que da valor a un ser humano no es la actualización de capacidades (hablar, pensar, etc.) sino las capacidades en sí (poder hablar, poder pensar…). Esa actualización puede verse impedida, por ejemplo, por un problema físico o un accidente. Pero ese impedimento afecta a la actualización de dichas capacidades, no al ser cuya naturaleza las incluye.

Un cigoto la célula nueva que surge de la unión del espermatozoide y del óvulo no designa un tipo de ser, es decir, una naturaleza (hombre, perro, caballo, mesa), sino solo un estadio o etapa de una naturaleza concreta (la de hombre). Por ello, una persona es, ante todo, algo con determinadas capacidades, capacidades que se van desplegando en el tiempo. Persona es el ser con unas determinadas capacidades. La experimentación con embriones, por ejemplo, presupone y cuenta con la existencia de esas capacidades, de esa potencialidad. Así pues, no importa para ser persona el desarrollo actual aquí y ahora de esas capacidades sino que ese ser las tenga (pues quien no es persona nunca podrá actuar como tal, ya no tendrá esas capacidades).

De ahí que carezca de validez real o validez práctica al menos la diferencia entre ser humano y persona. Todo ser humano es ya una persona (está actualizado como tal) en virtud de su pertenencia a una especie caracterizada por su racionalidad (es decir, por una determinada naturaleza). Un embrión es un ser genéticamente humano. Si se afirma que no es un ser humano adulto, se está afirmando que es ya un ser humano, pero en una etapa inicial. Es más plausible y coherente entonces afirmar que el embrión es una persona en un estadio inicial que afirmar que no es ni ser humano ni persona pero que, meses o semanas después, se convierte en eso[2].

[1] TOMÁS DE AQUINO, Suma de teología, BAC, Madrid, 2001

[2] GÓMEZ-LOBO, A., Morality and the Human Goods: An Introduction to Natural Law Ethics, Georgetown University Press, Washington, 2002, pp. 86-87. PATERSON, C., Assisted Suicide and Euthanasia: A Natural Law Ethics Approach, Ashgate, Aldershot, England – Burlington VT, 2008, p. 133.

David Lorenzo 
Fundación REDMADRE. Profesor de Bioética (Centro Universitario San Rafael-Nebrija)
davidlorenzoes@yahoo.es

 

 

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