Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Sábado, Marzo 25, 2017
  • Siguenos!

El método del descubrimiento 

El encuentro personal

En la entrevista publicada en el número anterior aludí a la elaboración de “un método nuevo para una juventud distinta”. En tres artículos sucesivos voy a exponer la base de ese método, que viene dada por tres temas: la creación de encuentros, la opción por el ideal de la unidad y el descubrimiento de los ocho niveles de realidad y de conducta. Las experiencias que haremos en estos artículos nos permitirán luego abordar a fondo temas muy jugosos y fecundos: cómo he de conseguir la verdadera libertad, de qué modo puedo dar pleno sentido a mi vida, qué medios tengo para ser creativo en la vida diaria… Comencemos por el primer tema: el encuentro.

Debemos hacer un pequeño esfuerzo de atención, pero créanme que vale la pena. Iremos descubriendo las inmensas posibilidades de crecimiento como personas que se nos abren en la vida con solo introducirnos con decisión en el mundo del encuentro y del ideal de la unidad. Es la empresa apasionante que viven las personas que llegan a la madurez espiritual.

Crecer jugando

Debemos comenzar por una experiencia básica: la necesidad de crecer. Crecer es ley de vida. Para crecer no me basta ejercitar mis potencias: moverme libremente, andar, hablar, manejar objetos… Necesito recibir posibilidades del entorno —al que me hallo vinculado de raíz— a fin de actuar con eficacia y con sentido. El sentido lo adquiero jugando. Jugar —entendido en sentido filosófico preciso— significa recibir posibilidades para crear con ellas algo nuevo valioso: jugadas, en los juegos de mesa y en el deporte —cuya meta es dominar el campo adversario—; formas, en el arte, para “engendrar obras en la belleza” (como indicaba Platón); escenas, en el teatro, destinadas a mostrar la “intrahistoria” de unos personajes[1].

Paso del nivel 1 al nivel 2

Uno de los juegos que podemos realizar es, por ejemplo, el ajedrez. Para jugar necesito un tablero. Tomo una tabla cuadrada. Es mía, puedo hacer con ella lo que quiero. A este nivel de mi vida en el que dispongo de objetos y los pongo a mi servicio vamos a llamarle nivel 1. Ese dominio no me satisface, pues para crecer como persona necesito actuar de forma creativa. La creatividad comienza cuando asumo activamente posibilidades para generar algo nuevo dotado de cierto valor.

Para actuar creativamente pinto, en la tabla, unos cuadraditos en blanco y negro, y la convierto en tablero. He transformado la tabla, y ahora debo transformar mi conducta respecto al tablero. En vez de poseerlo y dominarlo, debo obedecerle, por ser el cauce del juego de ajedrez que voy a realizar conforme al reglamento. Justo cuando renuncio a mi libertad primera —la libertad de maniobra—, adquiero un tipo superior de libertad, la libertad para crear una forma de juego. Al moverme con esta libertad creativa entre realidades abiertas —que, como el tablero, me ofrecen posibilidades para crecer—, me hallo en el nivel 2. Subir del nivel 1 al nivel 2 es decisivo en la vida humana.

La experiencia del poema

Dentro del nivel 2 puedo elevarme a un plano todavía superior al del ajedrez. Alguien me regala un folio en el que se ha escrito un poema. Con el papel puedo hacer lo que quiera; con el poema, no. He de asumir activamente las posibilidades que me ofrece para declamarlo y darle vida. Mi declamación es libre, pero con libertad creativa, vinculada a las condiciones del poema. El poema me inspira, guía e impulsa; yo lo configuro a él. Me siento llevado por él, pero soy yo quien le da un cuerpo sonoro. Los dos colaboramos por igual. De aquí se deduce que, si deseamos crecer, debemos perfeccionar nuestra la libertad de maniobra —capacidad de actuar conforme a nuestra voluntad—, adquiriendo un modo de libertad creativa o libertad interior, que nos permite ser creativos precisamente cuando obedecemos a las realidades valiosas que nos otorgan posibilidades. No se trata de renunciar a la libertad de maniobra, sino de emplearla en adquirir una forma de libertad superior: la libertad creativa.

Las experiencias reversibles

Acabamos de descubrir, por nosotros mismos, un tipo superior de experiencias: las experiencias reversibles o bidireccionales. De ellas depende nuestro crecimiento personal, pues en ellas aprendemos a ser creativos, al aceptar el hecho de que debemos ser receptivos y activos a la vez. Gracias a esta doble condición, podemos dar vida a obras literarias y musicales y unirnos a ellas con un modo de unión superior a las formas tangenciales de unión propias del nivel 1. De nuevo observamos que solo al obedecer a algo valioso crecemos como personas. Vislumbramos ya el secreto de la vida personal, lo que podemos llamar la “lógica de la vida creativa”: obedecemos a lo que nos perfecciona sin ser coaccionados, sino movidos por la necesidad de crecer y perfeccionarnos.

El descubrimiento del encuentro

Al entrar en el campo de estas experiencias reversibles, descubro rápidamente la forma más alta: el encuentro, que es la unión estrecha de dos personas deseosas de crear un estado de enriquecimiento mutuo. La experiencia me dice que también aquí tengo que obedecer si quiero crecer. Efectivamente, el encuentro me pone como condición para darse que sea generoso, veraz, fiel, cordial, comunicativo, participativo… La condición primera y primaria es la generosidad, actitud de entrega y dadivosidad. En ella se inspiran todas las demás:

  • La apertura al otro generosa y veraz. El que miente no es generoso en la entrega. Tal ambigüedad suscita desconfianza y bloquea el encuentro. El mentiroso no puede encontrarse de veras. Al decirnos Carlo Collodi en su famoso relato —y posteriormente Walt Disney en su película— que al pequeño Pinocho le crecía la nariz cuando mentía, quería indicar que se le deformaba la personalidad, pues la nariz determina la figura del rostro, y este es la expresión máxima de la persona.

 

  • La confianza surge cuando uno tiene fe en el otro, lo ve como fiable, digno de hacerle confidencias, que crean la relación de intimidad propia del encuentro. Los términos subrayados están hermanados entre sí por proceder de la misma raíz latina “fid”.

 

  • La intimidad generada por la confianza se traduce en fidelidad y cordialidad. Esta significa la tendencia a poner corazón —en latín, cor— en cuanto se hace. La fidelidad tiene un carácter creativo, pues supone la disposición a crear en cada momento de la vida el ámbito de encuentro que uno prometió en un momento.

 

  • Cuando uno se abre al otro de modo cordial, sobre el telón de fondo de una actitud de fidelidad, su comunicarse es un decidido darse.

 

  • Si dos personas se dan cordialmente a una realidad valiosa y se unen íntimamente a ella, se unen profundamente entre sí, aun sin pretenderlo. De ahí que para afirmar la vida de encuentro deban los amigos realizar acciones nobles: ayudar desinteresadamente a personas necesitadas, cultivar algún arte, practicar algún deporte…

 

Estas condiciones del encuentro reciben el nombre de valores. Encierra valor todo aquello que coopera a nuestro crecimiento personal. Cuando los valores son asumidos por nosotros como un canon de vida, un principio interno de acción, reciben el nombre de virtudes. En latín, virtutes significa capacidades; en la vida ética, se trata de capacidades para crear relaciones de encuentro.

El descubrimiento del ideal de la vida, el ideal de la unidad 

Si asumo estas virtudes en mi vida y tengo la suerte de que otra persona adopte esta misma actitud, tiene lugar el encuentro. Y con él vienen sus frutos: nos da energía interior, luz para conocer las realidades abiertas —personas, obras culturales…—, alegría, entusiasmo, plenitud y felicidad, sentimiento que se traduce en paz interior, amparo, gozo festivo o júbilo. Siempre que hay encuentro hay fiesta.

En este momento tiene lugar la experiencia decisiva de mi vida. Al darme cuenta de que, incluso en momentos penosos, me basta encontrarme de verdad para tener alegría y ser feliz, concluyo que el valor más grande de mi vida —o sea, la fuente más copiosa de posibilidades de crecer— es el encuentro. Acabo de descubrir el ideal de mi vida, que es el ideal de la unidad, o del amor auténtico. Estoy en el momento decisivo de mi desarrollo personal, pues del ideal depende todo en mi existencia.

La asombrosa capacidad transformadora del ideal de la unidad 

Este ideal no es una mera idea; es una idea motriz, dinamizadora. Si elegimos siempre en virtud del ideal de la unidad —no de nuestras apetencias—, este ideal orienta nuestras acciones y nos impulsa hacia la plenitud personal. Tal plenitud queda de manifiesto cuando alguien es capaz de afirmar, con la seriedad de las decisiones fuertes, que “el bien hay que hacerlo siempre; el mal, nunca”, “lo justo, siempre; lo injusto, nunca”… Al convertir el ideal de la unidad —y, con él, el de la bondad, la verdad, la justicia, la belleza— en un principio interno de acción, nos situamos en el nivel 3, que supone la cumbre de la vida ética. Entonces experimentamos siete transformaciones, que cambian nuestro modo de pensar y de actuar, y nos dan un toque de excelencia:

  • La “libertad de maniobra” se transforma en “libertad creativa” o “libertad interior”.
  • La vida anodina se colma de sentido. Tener sentido equivale a estar bien orientado. La persona se orienta bien al actuar en virtud del ideal de la unidad.
  • De modo semejante, la vida pasiva se vuelve creativa.
  • La vida cerrada se torna abierta, creadora de relaciones.
  • El lenguaje pasa de ser mero medio de comunicación a ser vehículo viviente del encuentro.
  • La vida temeraria —entregada al vértigo— se torna prudente, inspirada por el ideal de la unidad.
  • La entrega al frenesí de la pasión se trueca en amor personal.

 

Al vivir este sorprendente proceso de desarrollo personal hemos ido descubriendo diversos niveles de realidad. Al conocerlos, nos disponemos para pensar con toda precisión y vivir de forma creativa. Disfrutaremos viéndolo de cerca en el próximo artículo.

[1] Un amplio estudio del juego se halla en mi Estética de la Creatividad, Rialp, Madrid 1998, 3ª ed., págs. 33-183.

Alfonso López Quintás
Sacerdote mercedario y filósofo

Añadir comentario