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El misterio de la diplomacia del Papa: los espías secretos del Vaticano 

Su extensa red de informantes repartidos alrededor del globo, hacen de la diplomacia vaticana una de las más influyentes y silenciosas del mundo

El Papa ha pedido este pasado domingo «una solución pacífica y democrática» a un conflicto político que, por el momento, se ha saldado con 89 muertes en las calles de Venezuela. La crisis del país caribeño se ha recrudecido durante los últimos meses y, mientras Nicolás Maduro busca sacar adelante una Asamblea Constituyente que le otorgaría de facto todo el poder, la oposición lleva más de tres meses de protestas contra el régimen bolivariano.

Maduro, en el Vaticano en octubre de 2016
Maduro, en el Vaticano en octubre de 2016– EFE

Esta no es la primera vez que el Pontífice expresa abiertamente su deseo de entendimiento en Venezuela. El pasado mes de noviembre se produjo en el país algo histórico: el Gobierno y la oposición iniciaban negociaciones para alcanzar un acuerdo. Semanas después, la coalición opositora decidió retirarse porque el Ejecutivo, según denunciaban, no cumplía con los acuerdos pero, aún con aquel escenario, declaraba seguir conversando con los mediadores, especialmente con los representantes del Vaticano.

Ya entonces un representante de la Santa Sede en el país, una vez roto el diálogo, se mostraba «preocupado» en una carta remitida al gobierno de Maduro y a la oposición. «¿Quién es el Vaticano para darle órdenes a Venezuela? No sabemos quién es, es otro país, otro estado», comunicaba a su pueblo Diosdado Cabello, el vicepresidente. Precisamente, Lilian Tintori, esposa del opositor Leopoldo López, eligió el pasado 4 de diciembre las columnas de la plaza de San Pedro para encadenarse en un acto simbólico en el que reivindicaba la libertad de los presos políticos en Venezuela.

Tintori, junto a Mitzy Capriles, en la plaza de San Pedro del Vaticano
Tintori, junto a Mitzy Capriles, en la plaza de San Pedro del Vaticano– ABC

El Vaticano es, a nivel internacional, uno de los mediadores actuales más influyentes en conflictos entre países pero también en los internos. Además del proceso de acercamiento en Venezuela, tuvo un lugar destacado en las negociaciones entre EE.UU. y Cuba o en el acuerdo con las FARC en Colombia. Este rol tan relevante, y del que carece cualquier otro estado, se debe a una experiencia atesorada durante siglos de historia. En el Vaticano se creó la primera escuela para formar a diplomáticos: su Academia de nobles eclesiásticos, sobre la que se construye su imperio. El poder de disuasión que posee la Santa Sede se basa en la información, a la que accede casi en tiempo real, sobre cualquier tema y en cualquier parte del planeta. «La información es vital, no solo para su propia organización interna sino para la defensa de sus intereses (promoción de la fe, búsqueda de una paz internacional duradera y el desarrollo integral de las personas) en el exterior», comenta a ABC Juan Pablo Somiedo García, analista y profesor del Curso de Experto en Inteligencia de la UAM.

Un ejército de informantes

Según este experto, «el servicio de inteligencia del Vaticano es uno de los más opacos y menos conocidos del mundo», y en él trabajan unas 300 personas. La mayoría son sacerdotes que reciben el nombre de «minutantes», y su tarea es la de crear un archivo con toda la información recogida por los medios de comunicación, en conversaciones con diplomáticos o de otras fuentes. Algunos sacerdotes, incluso, son escogidos sin el conocimiento directo del obispo y con el compromiso de guardar silencio. Otros, sí son elegidos como el secretario de Estado del Papa, y son los encargados de trasladar las cuestiones más sensibles y urgentes al Santo Padre, que puede pedir aclaraciones de cualquier informe realizado por los «minutantes».

Así, es su extensa red de personas sobre el terreno la que determina su influencia. Pero esta no sería nada sin su personal (sacerdotes, religiosas y religiosas), conocido por su discreción, su silencio, su capacidad de guardar secretos y su posibilidad de desplazarse por todo el mundo.

El Papa Francisco con Fidel Castro en 2015
El Papa Francisco con Fidel Castro en 2015– EFE

La inteligencia vaticana sigue siendo una de las más respetadas del mundo y no solo por sus «estrechas y consolidadas relaciones con otros servicios como la CIA norteamericana», según publica Somiedo García en «La diplomacia vaticana y su influencia», sino porque a pesar de carecer de sofisticados medios técnicos (como los que utilizan la NSA o la CIA), es uno de los mejores en inteligencia humana en todos los niveles: político, religioso o ONG. Para evitar las intromisiones, el Vaticano cuenta con tecnología israelí para protegerse de escuchas o del exterior. El equipo de seguridad vigila las ondas que sobrevuelan el ambiente, las líneas telefónicas y cualquier otro canal de comunicación. Sin embargo, nada está a salvo, y para muestra las filtraciones denominadas «Vatileaks» que acabaron con la detención del mayordomo del Papa, Paolo Gabriele.

Javier López Facal, autor de «El declive del Imperio vaticano», señala que mucha gente confía en el Vaticano porque este no persigue intereses económicos, militares o políticos, «sino simplemente éticos». «El Vaticano no debería perder ese prestigio mediante intervenciones demasiado frecuentes y disputas menores, sino que debería reservarse a algunos conflictos que impliquen la guerra entre bandos enfrentados o las vidas de inocentes», añade.

Santos y Rubén Salazar en 2016
Santos y Rubén Salazar en 2016– EFE

El último fin del Vaticano es «buscar una paz duradera en medio de la diversidad de un mundo multipolar», opina Somiedo, que explica que si su diplomacia tiene tanto renombre es porque «se sitúa más allá de los intereses nacionales, a veces muy particulares». Pietro Parolin, el secretario de Estado del Vaticano y jefe de la diplomacia ya dijo en su momento que no quería una institución de grandes titulares, sino efectiva, que pasa por tener una buena información que después sea tratada en inteligencia en tiempo y formas oportunos.

El «cambio Francisco»

Uno de los primeros problemas que se encontró el Papa Francisco cuando llegó a la Santa Sede fueron las continuas filtraciones que se hacían desde dentro de la institución, pero además tuvo la tarea de poner al corriente las cuentas financieras del Vaticano. Antes que él, Juan Pablo II ya había realizado una tarea «enorme y sobresaliente» en política exterior, según Somiedo. Francisco ahora ha demostrado «que su olfato diplomático no suele fallar». Su modo de hacer política se basa en los pequeños gestos, el trabajo silencioso y la huida de los grandes titulares en los medios de comunicación. «En algunos aspectos ha seguido la línea emprendida por Benedicto XVI en lo que tiene que ver con la crítica al capitalismo salvaje, las alertas contra el relativismo y la preocupación por el medio ambiente», comenta este experto. Además, muchos señalan que su capacidad de empatizar resulta clave a la hora de gestionar conflictos y negociaciones; en otras ocasiones son los nombramientos los que parecen definir la estrategia elegida en cada país.

El Papa Francisco
El Papa Francisco– EFE

La elección, por otra parte, de un Papa argentino, no es baladí. En su nombramiento se plasma uno de los objetivos de la Iglesia Católica, que es afianzarse en un continente que, hasta ahora, había estado vinculado de manera secundaria a esta institución desde que en la década de los 80 el protestantismo se perfilase como la opción dominante en la sociedad. Los conflictos en los que más se ha visto el trabajo de Francisco desde fuera son, en este sentido, en países latinos. En Sudamérica y Centroamérica, el Vaticano juega ahora un papel muy destacado y, según vaticinan algunos expertos, el próximo territorio sobre el que trabajará será África.

 

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