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El Papa desautoriza los catastrofismos apocalípticos ante la Virgen en Fátima 

El Sumo Pontífice defiende que sería «una gran injusticia contra Dios» verle como un castigador implacable frenado solo por María

En una noche iluminada por las velas de cientos de miles de peregrinos reunidos en Fátima para celebrar el centenario de las apariciones de 1917, el Papa Francisco ha rechazado una línea de interpretación catastrofista que falsea la relación con Dios, centrándola en el temor en lugar del amor.

En su saludo a los peregrinos antes de comenzar el rezo del rosario nocturno, el Papa ha abordado frontalmente una anomalía: la obsesión por los castigos apocalípticos y las pseudorevelaciones catastrofistas.

Francisco ha descartado las deformaciones que ven a la Virgen de Fátima como «una “santita” a la que se acude para conseguir gracias baratas» o la imaginan «deteniendo el brazo justiciero de Dios», es decir «una María mejor que Cristo, considerado juez implacable».

Con palabras muy fuertes, Francisco ha advertido que «cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia afirmando en primer lugar el castigo de los pecados sin anteponer, como enseña el Evangelio, que son perdonados por su misericordia».

Ha insistido en que «hay que anteponer la misericordia al juicio», y tener presente que «en cualquier caso, el juicio de Dios se realiza siempre a la luz de su misericordia». Jesús vino al mundo para perdonar los pecados, incluso los de quienes le estaban dando muerte.

Su saludo nocturno a trescientos mil peregrinos, no ha podido ser más claro y directo: «Dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado». Su deseo es que los cristianos «seamos, con María, signo y sacramento de la misericordia de Dios que siempre perdona, perdona todo».

Ante la imagen dulce de la Virgen de Fátima, el Papa ha recordado algunos puntos de su primer documento programático, «La alegría del Evangelio», como una cita muy característica: «Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y el cariño».

Por eso, su invitación a los peregrinos y al mundo ha sido «que seamos, con María, signo y sacramento de la misericordia de Dios que siempre perdona, perdona todo».

El Santo Padre canoniza este sábado por la mañana a los dos pastorcillos, Francisco y Jacinta, fallecidos muy jóvenes en 1919 y 1920. Como han señalado los distintos postuladores de la causa de beatificación y canonización: no se les eleva a los altares por haber visto a la Virgen sino por haber vivido las virtudes cristianas de un modo ejemplar, heroico, en medio de las dificultades.

 

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