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“El problema de la Iglesia europea son los templos vacíos”, recuerda el Cardenal Onaiyekan 

 

Ya saben cuál es el gran reto de la Iglesia en Europa, ¿verdad? La acogida a los homosexuales y ver qué se hace para que los divorciados que se han vuelto a casar puedan recibir la comunión sin necesidad de exigirles que renuncien a lo que, técnicamente, es adulterio. Y, bueno, si atendemos al Cardenal Marx, podemos añadir el Cambio Climático. ¿Se me olvida algo?

Que nuestras iglesias están vacías, por ejemplo. Eso es lo que llama la atención al catolicismo ‘de las periferias’, por emplear una palabra que tanto le gusta a Su Santidad; concretamente, lo que ha señalado el Arzobispo de Abuja, en Nigeria, Cardenal John Onaiyekan.

En un entrevista concedida a la cadena austriaca ÖRF, Onaiyekan se dijo “asombrado de que estos (los arriba citados) sean los temas que preocupan” a los católicos europeos que, en su opinión, deberían estar más alarmados por el hecho de que “las iglesias están cada vez más vacías y más gente ha dejado de acudir a ellas del todo”.

Omaiyekan viene de unas circunstancias inversas: mientras el catolicismo mengua a toda velocidad en su centro, en Nigeria está creciendo, aunque una exigua mayoría del país es de religión musulmana, y del total de cristianos, los católicos representan solo un 27,8.

Pero en las materias que parecen obsesionar en Europa hay amplio consenso, no solo entre los cristianos, sino entre estos y los musulmanes en Nigeria, donde las prácticas homosexuales son, además, ilegales, como en muchos otros países africanos.

No es, naturalmente, que la Iglesia deba “demonizar” a los homosexuales, se apresura a decir Onaiyekan, pero señala que la doctrina es muy clara al respecto “y desviarse de ella no es una opción”. No es para nada un indicio de “atraso”, insiste Su Eminencia, que la Iglesia Católica africana se niegue a “aprobar” la homosexualidad porque la aceptación de las relaciones de personas del mismo sexo vigentes en Europa “no son signo de progreso”.

Tampoco tiene el cardenal muchas dudas sobre la interpretación correcta de Amoris Laetitia en cuanto a los divorciados vueltos a casar, a quienes en su diócesis recomienda acercarse con frecuencia a la iglesia aunque no puedan recibir la comunión.

“Les digo: no estáis excluidos”. Y lamenta su difícil situación, especialmente cuando se trata de un cónyuge que ha sido abandonado. Onaiyekan aconsejó al segundo Sínodo de la Familia en 2015 que evitara la cuestión de la homosexualidad y la comunión de los divorciados vueltos a casar. “Son asuntos sobre los que la doctrina es ya clara. Los sínodos no se convocan para cambiar las doctrinas o enseñanzas de la Iglesia”.

La confusión es para Onaiyekan una de las razones de la aguda crisis de vocaciones, una cuestión sobre la que querría que se hablara más. “También debería preocuparnos más que ya no esté claro qué significa ser cristiano”.

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