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El sueño de Dios 
Por Onofre e Icíar

Dicen que una vez Dios tuvo un sueño…

Soñó con alguien con el que podía hablar, alguien con el que podía reír y llorar, alguien parecido a Él, con gustos similares a los suyos, con un amor para dar y dar, igual que el suyo, con una mente similar a la suya, empleada sólo en hacer el bien a todo lo que le rodeaba.

Y Dios siguió soñando y le puso nombre a este ser con el que soñaba; y le llamó “hombre”, que significa “semejante”, ya que era semejante a Él. Dios soñó que este hombre era su amigo, que formaba grupos con otros hombres para acercarse a Él, que intentaba darlo todo por sus semejantes, que desbordaba el mismo amor que Él siempre había desbordado, que soñaba e ideaba cosas para hacer felices a los de su alrededor.

Dios soñó que este hombre era igual que Él, con la misma libertad, el mismo entusiasmo, la misma alegría, el mismo afán de entrega a los demás, las mismas ganas de intentar hacerlo todo por amor a los demás y no por nada más. Dios soñó que este hombre le amaba porque era Él quien le había creado en su sueño, y que amaba a los demás hombres como seres únicos y especiales, cada cual diferente pero a la vez iguales a Él, cada cual con diferentes ideas pero a la vez similares a las de Él, cada cual con diferentes sueños y proyectos pero a la vez semejantes a los de Él, ¡cada cual en un mundo diferente, intrigante, interesante, frágil, importante, único… igual que Él!

Dicen que una vez Dios soñó con alguien igual que Él, alguien a quien no le importaban ni las razas ni el color, alguien a quien le gustaba soñar como a Él con algo mejor, alguien a quien no le preocupaban ni el dinero ni el poder, alguien capaz de verle a Él en los demás, alguien único y extraordinario, alguien a quien no le importaba su propia vida de tal forma que era capaz de perderla por los demás, alguien cuyo amor era tan grande por los demás que era capaz de morir por cada uno de ellos, aún sin conocerles, alguien que era capaz de ver en cada persona a un hermano por quien darlo todo sin esperar nada a cambio, alguien que no se separaba de Él por nada que le pasara, alguien que creía y confiaba plenamente en Él hasta el punto de llamarle Padre, alguien para quien su mayor objetivo en esta vida era el de hacer todo lo posible por conseguir una sonrisa en el rostro del prójimo, alguien cuyo amor era tan grande que necesitaba hablar de Él a todas horas.

Dicen que una vez Dios soñó contigo. De ti depende que el sueño de Dios se haga realidad. Autor desconocido

            Onofre e Icíar.

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