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Enfermedades psicológicas 

“Cuando el corazón no llora, lloran los órganos”
Boris Cyrulnik

Hay una fuerte relación entre mente y cuerpo. Nuestras emociones influyen en nuestro cuerpo, y nuestro cuerpo influye en nuestras emociones. Las enfermedades psicosomáticas se caracterizan por la presencia de un conjunto de síntomas somáticos sin causa orgánica, que afecta a la vida de la persona que la padece de forma importante. La somatización es la tendencia del cerebro a expresar una enfermedad psicológica mediante síntomas físicos. Hay estudios que demuestran que la satisfacción y el optimismo influyen sobre la salud, incluso sobre la esperanza de vida, lo mismo que el estrés, la ansiedad o la depresión. Hay estudios que relacionan el estrés con el cáncer y la depresión con una debilitación del sistema inmunológico, que nos hace enfermar con más frecuencia.

Aproximadamente un 30 % de las personas que acuden a consultas de atención primaria, presenta síntomas psicosomáticos y no les encuentran ninguna patología orgánica. Tienen un trastorno por somatización. Este problema colapsa los centros de salud. Los médicos les hacen multitud de pruebas, pero al final no encuentran ninguna enfermedad. Debido a la falta de tiempo en las consultas y el difícil diagnóstico de las enfermedades psicosomáticas, la medicina tradicional tiende a centrarse en los síntomas físicos, sin contemplar la verdadera causa de los síntomas. Es frecuente oír a muchas personas que han visitado muchos médicos pero nunca les encuentran nada que explique sus síntomas.

En muchas ocasiones, el médico trata a estos pacientes con ansiolíticos, pero al cabo de cierto tiempo vuelven con el mismo problema o con más síntomas. El médico deriva a estos pacientes al psicólogo, explicándole que todo lo que le pasa es un problema de tipo nervioso o psicológico. Muchos pacientes acuden a terapias alternativas que tampoco solucionan sus síntomas.

La Psicología Clínica y la Medicina conductual estudian actualmente la relación entre la mente y el cuerpo en muchas enfermedades. De la misma forma que una enfermedad física influye en nuestro estado de ánimo o ansiedad, las enfermedades psicológicas alteran el funcionamiento de muchos órganos. Lo que sigue siendo un misterio para la ciencia es el porqué unas personas somatizan en unos órganos y otras personas en otros, e incluso presentando el mismo trastorno psicológico somatizan de distinta forma.

Las personas que tienen una enfermedad psicosomática, tienen síntomas físicos y psicológicos, casi siempre alteraciones emocionales, se someten a muchas pruebas médicas y consumen un excesivo número de medicamentos. En diversos estudios se ha demostrado que los pacientes que somatizan, tienen un mayor número de bajas laborales y duplican el coste de los servicios médicos respecto a otros pacientes.

Las enfermedades psicosomáticas causan una importante alteración en la adaptación social, familiar, afectiva, laboral y de ocio. En los casos más graves, llevan a una discapacidad psicosocial alterando completamente la calidad de vida.

Causas

  1. Muchos niños aprenden sin querer de sus padres conductas inadecuadas hacia un malestar físico.
  2. Niños que crecen en un ambiente donde hay una tensión superior a la normal.
  3. Los padres sin querer, pueden estar reforzando la preocupación hipocondríaca de su hijo con síntomas emocionales.
  4. Hay niños que aprenden a comportarse como un enfermo obteniendo el premio de no afrontar una responsabilidad (no ir al colegio, no realizar una actividad física, etc.) y manipulan a los padres.
  5. Pérdida de uno de los padres.
  6. Inseguridad. Las personas inseguras somatizan más.
  7. Personalidad débil. Las personas con una fuerte personalidad son más propensas a los síntomas psicológicos y los que tienen una personalidad débil tienen más síntomas físicos.
  8. Hay algunos tipos de personalidad que favorecen la enfermedad psicosomática, como la personalidad histriónica, la pasivo-dependiente, la pasivo-agresiva, etc.
  9. Dificultad en la comunicación interpersonal.
  10. Alexitimia: dificultad para expresar las emociones y los sentimientos. Por eso el cerebro escoge la vía de expresión de los síntomas físicos.
  11. Es frecuente que las enfermedades psicosomáticas se presenten conjuntamente con otros trastornos psicológicos como trastorno de ansiedad generalizada, depresión, hipocondría, trastorno de pánico, trastornos fóbicos, obsesivos, etc.
  12. El hecho de vivir muy centrado o preocupado por sus síntomas, los potencia.
  13. La preocupación excesiva por tener una enfermedad grave también aumenta los síntomas, y la persona puede terminar con hipocondría.
  14. La cantidad de pensamientos negativos que tiene la persona le hacen evitar actividades, y así acelera la aparición de nuevos síntomas físicos.
  15. El uso prolongado de medicación sin tratar de verdad su enfermedad con un profesional de la salud mental, hace que los síntomas se hagan más crónicos y afecten a su vida diaria.
  16. La importancia de los familiares o amigos. Es importante analizar si refuerzan los síntomas prestándole mucha atención o por el contrario, los ignoran.
  17. En muchas ocasiones el paciente no es consciente de que está llamando la atención de los demás con sus síntomas, y consigue cuidados especiales de los demás obteniendo un refuerzo de su enfermedad sin darse cuenta.
  18. La insatisfacción de una persona con su vida aumenta la probabilidad de somatizar.
  19. La baja autoestima también aumenta el riesgo de tener enfermedades psicosomáticas.
  20. Las personas sin vida social también tienen más riesgo de somatizar. Son personas que se relacionan y comunican muy poco con los demás.
  21. La carencia afectiva. Una persona que no tiene resueltas sus necesidades afectivas, o que piensa que nadie le quiere, tiene más probabilidad de tener enfermedades psicosomáticas.
  22. La persona no es consciente de la relación entre los síntomas físicos y las situaciones estresantes que le producen síntomas emocionales.
  23. Las personas que no realizan actividades agradables o de ocio, ni tienen aficiones terminan con una alteración de su autoestima, con ansiedad o depresión y frecuentemente con enfermedades psicosomáticas.
  24. Las personas que llevan una vida demasiado monótona y su cerebro recibe poca o nula gratificación, también tienen más riesgo de padecer estas enfermedades.
  25. Las personas que llevan toda su vida evitando afrontar los problemas alegando tener síntomas físicos.
  26. La persona que es muy aprensiva porque lo aprendió de sus padres o porque tuvo en el pasado una enfermedad o intervención quirúrgica importante.
  27. El hecho de haber vivido mucho tiempo con una persona enferma.
  28. El haber convivido con una persona aprensiva o hipocondríaca.
  29. La obsesión por observarse físicamente en exceso hace que siempre esté atento a sensaciones físicas o de malestar.
  30. Personas escrupulosas, introvertidas y con síntomas obsesivos.
  31. Tener mucha sensibilidad o miedo a padecer alguna enfermedad.
  32. Pensamientos erróneos que interpretan los síntomas físicos como una enfermedad grave.
  33. Estrés o tensión permanentes en el trabajo.
  34. Hechos traumáticos en la vida de la persona como accidente de tráfico, enfermedad médica importante, intervención quirúrgica, muerte de un ser querido, haber sufrido un atraco, etc.
  35. La soledad.
  36. Ser pesimista.
  37. Estrés en el embarazo.

Como ejemplo de cómo los factores psicológicos afectan a los órganos, en recientes estudios se ha visto que las madres que sufren estrés en el embarazo lo transmiten al niño a través de la placenta. El estrés en el embarazo puede estar vinculado al desarrollo neuronal, como el autismo y la esquizofrenia, mediante la alteración de la enzima OGT que actúa como protectora del cerebro durante la gestación.

El tratamiento que ha demostrado ser más eficaz es el psicológico, la terapia cognitiva. Mediante la terapia, el paciente va experimentando la desaparición de sus síntomas físicos. Con técnicas de relajación, de autocontrol emocional y cognitivas desaparecen sus pensamientos negativos, con lo que aprende a expresar adecuadamente sus emociones, afronta sin ansiedad sus situaciones estresantes y mejora sus relaciones interpersonales.

Los trastornos psicológicos que más síntomas psicosomáticos producen son: trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de angustia con o sin agorafobia y ataques de pánico, hipocondría, trastorno de estrés postraumático, trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad debido a enfermedad médica, trastornos de personalidad (histriónica, obsesiva, fóbica, dependiente, pasivo-agresiva, esquizoide, paranoide, límite, narcisista, etc.), depresión, hipomanía, trastorno bipolar, anorexia nerviosa, bulimia, fobias, etc.

Síntomas comunes 

Las enfermedades psicosomáticas más frecuentes, en las que se dan a la vez síntomas físicos y psicológicos, son:

Trastornos de inicio en la infancia o adolescencia: Dificultad de atención, concentración, memorización, problemas de aprendizaje, fracaso escolar, incomunicación, retraso en el desarrollo, tics, trastornos de conducta.

Memoria: Amnesia, demencia, alteraciones cognitivas.

Osteomusculares: Temblores, tics, rigidez o dolor muscular, aumento del tono muscular (hipertonía muscular), mareo, vértigo, disminución de los reflejos (hiporreflexia), bajo tono muscular (hipotonía muscular), parálisis rígidas en cuello y extremidades, convulsiones, parálisis, cataplejía, movimientos de los párpados por ansiedad, cefaleas, desmayos, hormigueos, cansancio, fibromialgia, tortícolis psicógena y movimientos espasmódicos.

Corazón y sistema cardiovascular: Dolor precordial, taquicardia o palpitaciones, hipertensión arterial, arritmias cardíacas emocionales, caídas bruscas de la tensión arterial (hipotensión), arritmias cardíacas, infarto de miocardio, hemorragia cerebral.

Digestivas: Sequedad de boca, sensación de nudo en la garganta, gases (aerofagia), estreñimiento o diarrea frecuente, digestiones lentas, molestias digestivas, sensación de atragantamiento, hipo frecuente, reflujo, gastritis, gastritis crónica, úlcera gastroduodenal, pérdida del control de los esfínteres (enuresis o encopresis), alteración de la motilidad intestinal, colitis ulcerosa, colon irritable.

Respiratorias: Tos psicógena, sensación de ahogo, dolor u opresión en el pecho, crisis de asma psicológica, respiración rápida (taquipnea), respiración superficial, hiperventilación, opresión torácica, dificultad de respiración (disnea).

Trastornos somatoformes: Se caracterizan por la existencia de múltiples síntomas físicos, sin explicación orgánica y que alteran la adaptación social, laboral y familiar del paciente, que presenta una demanda excesiva de consultas, pruebas y análisis clínicos.

Sexuales y genito-urinarias: Disminución o aumento del deseo sexual, orinar frecuentemente (polaquiuria), pérdida del control de los esfínteres (enuresis o encopresis).

En la mujer: menstruación dolorosa (dismenorrea), ausencia de menstruación (amenorrea), anorgasmia, vaginismo, dolor en la relación sexual (dispareunia), picor frecuente.

En el hombre: picores (prurito uretral, escrotal), impotencia sexual, eyaculación precoz.

Endocrinas: Obesidad, hipertiroidismo, hipotiroidismo, diabetes mellitus tipo 2, anorexia nerviosa o bulimia.

Trastornos psicológicos: debidos a una enfermedad orgánica médica.

Abuso de sustancias: Drogas de abuso, alcohol, tabaco, medicamentos y sustancias tóxicas.

Trastornos facticios: síntomas físicos y psicológicos, percibidos como una enfermedad real pero sin base orgánica.

Trastornos de dolor crónico: Dolor intenso que no puede ser explicado por una enfermedad física y que está relacionado con situaciones fóbicas o ansiógenas del paciente.

Piel: Hipersudoración, rubor o ponerse colorado (eritrofobia), acné, eczema, seborrea, alopecias o caída del cabello, psoriasis, dermatitis, alergias en la piel, picores generalizado (prurito), hormigueo o entumecimiento.

Trastornos del sueño: Insomnio, terrores nocturnos, dificultad en conciliar el sueño.

trastornos adaptativos: Síntomas físicos y psicológicos como respuesta a una situación social estresante.

Vista: Visión borrosa, visión doble (diplopía), pesadez de los párpados, parpadeo frecuente, dificultad para mantener la mirada, molesta mucho la luz (fotofobia).

Oído Ruidos y pitidos (acúfenos). Molesta mucho el ruido.

Tacto: Hormigueo, frío, calor. Hipersensibilidad al dolor y a los estímulos dolorosos.

Gusto: Aversión hacia ciertos alimentos. Alteración en la percepción del sabor.

Olfato: Disminución de los olores (hiposmia) o ausencia (anosmia).

José Antonio Gris
Especialista en Psicología Clínica

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