Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, octubre 20, 2017
  • Siguenos!

Entrevista al P. Alberto Soria 

Los valores permanentes de la liturgia de la Iglesia

El P. Alberto Soria Jiménez, monje benedictino de la Abadía Santa Cruz del Valle de los Caídos, ha publicado su tesis doctoral “Los principios de interpretación del motu proprio Summorum Pontificum” (Edit. Cristiandad, Madrid 2014), con grandes elogios por parte del cardenal Cañizares, entonces prefecto del Culto Divino y de la Disciplina de los Sacramentos. Aunque en su erudito trabajo —y de abundante bibliografía— profundiza en temas muy especializados, el libro interesa a un público más amplio que los canonistas y liturgistas. El propio autor habla sobre ello.

A qué cree que se debe esto?

Tal vez a que el tema del trabajo, además de tratarse del documento más importante de Benedicto XVI sobre liturgia y derecho litúrgico, en algunos aspectos afecta a todos los fieles. 

¿Pero el motu proprio parece concernir solo a un reducido grupo con intereses y sensibilidad muy especiales?

Debe distinguirse entre la aplicación concreta de esta legislación, que reconoce y protege los derechos de los fieles que desean asistir a las celebraciones —según la tradición litúrgica anterior a la reforma postconciliar— y el mensaje doctrinal del documento, que va más allá de la respuesta jurídica a dichos fieles y que orienta la atención de todos hacia el valor objetivo de esta forma ritual y hacia las riquezas que encierra. 

¿Qué sentido pueden tener para los fieles del siglo XXI estas celebraciones? En una época en la que la sociedad civil valora cada vez más y legisla para proteger el patrimonio histórico-cultural, la Iglesia también ha desarrollado esta sensibilidad, aunque aquí no se trate solo de patrimonio cultural, sino también y sobre todo espiritual. La enseñanza más profunda y tal vez más duradera del motu proprio es, en palabras de Benedicto XVI: “lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser de improviso totalmente prohibido o incluso perjudicial”.

¿Es entonces un estímulo volver al pasado?

No es ningún regreso al pasado, sino más bien una rectificación de las concepciones erróneas que hablan de liturgia “del pasado” o “del tiempo actual” o, algunas más audaces, de “liturgia del futuro”. La liturgia, en especial la de la misa, puede hacer presentes, “hoy”, los hechos de nuestra salvación y por esto el contacto y conocimiento de la tradición litúrgica es un medio adecuado para resaltar los valores permanentes de la liturgia de la Iglesia, superando las equívocas denominaciones cronológicas.

¿Esto significa que todos deberían asistir a estas celebraciones?

Salvo para los pastores, que deben procurar responder a los fieles que las piden, el motu proprio no impone ni crea una obligación, pero de algún modo propone o atrae la atención de todos sobre estas celebraciones. Lo que no significa que se impongan a nadie, pero sí que se pongan al alcance de los fieles para que puedan descubrirlas y enriquecerse con ellas. Esto ha ayudado también a desideologizar el tema y a que ya no se vincule a quien asiste o celebra con el misal de 1962 con posiciones no integradas en la Iglesia católica. Esta normativa ha hecho que, por el contrario, el respeto y valoración de este patrimonio exprese lo que la Iglesia propone en su legislación más actual en la materia; legislación que el Papa Francisco ha manifestado más de una vez no querer modificar. 

Es decir, que hemos pasado de casi una prohibición” a una “promoción” del misal de 1962.

Benedicto XVI afirma en el motu proprio que este misal nunca fue abrogado. He tratado de documentar exhaustivamente los diversos testimonios de por qué afirma esto y de cómo ha ido modificándose la legislación. Según Benedicto XVI, a Pablo VI no le “pareció necesario promulgar normas propias para el posible uso del misal anterior”. San Juan Pablo II, que sintió la necesidad tanto de respetar los derechos de quienes se sienten unidos a esta liturgia, como la de permitir el descubrimiento de los tesoros de piedad y teología encerrados en la misma, decía hacia el final de su vida, a la reunión plenaria de la Congregación del Culto Divino: “El pueblo de Dios tiene necesidad de ver en los sacerdotes y diáconos un comportamiento pleno de reverencia y de dignidad, capaz de ayudar a penetrar las cosas invisibles, aun sin necesidad de tantas palabras y explicaciones. En el misal romano, llamado de San Pío V, como también en las liturgias orientales, se hallan oraciones muy hermosas por medio de las que el sacerdote expresa el más profundo sentido de humildad y de reverencia ante los santos misterios: estas revelan la sustancia misma de la liturgia, de cualquier rito que sea”. Creo que este pensamiento también guió a Benedicto XVI.

BuenaNueva 

Añadir comentario