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Es el Señor 
21 de Abril
Por César Allende

 

 En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:«Me voy a pescar».
Ellos contestan:«Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:«Muchachos, ¿tenéis pescado?».
Ellos contestaron:«No».
Él les dice:«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:«Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:«Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:«Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos  (Juan 21, 1-14)

 

Él es el Señor. Nosotros somos su “Asamblea del Amor”: los 153 peces grandes.

Si sumamos el número 12 (de los Apóstoles y de las Tribus de Israel – ahora “nuevas tribus”-) elevado al cuadrado más el cuadrado de 3 (el 9 es un número “perfecto”) tenemos 153. Juan ha dejado a sus discípulos la maravillosa idea de lo que es verdaderamente la comunidad cristiana congregada en torno al Señor Resucitado. El valor de 153 en las letras hebreas da la expresión, en opinión de algún experto, “qahál ha ´ahaváh” o “Asamblea del Amor”.

La plasticidad de la narración es magnífica; primero por la “visualización” que nos permite a nosotros hacer desde el corazón de creyentes de la “aparición de Jesús junto al lago de Tiberíades” (21,1) y, en segundo lugar, por la urdiumbre interna de la misma, que lleva al lector a la “confesión de fe” en la Resurrección de quien sabemos bien ser el Señor (v.12). El redactor de Juan 21,1-14, sabía bien que nosotros habríamos de llegar también a saber lo que él conoció y que nos era necesario absolutamente para nuestra vida:  llegar al conocimiento de la Resurrección de Jesús, pero no sentados en los pupitres de una escuela, sino formando congregación, Comunidad de fe que celebra la experiencia común a todos de haber sido rescatados del mar de la muerte y del vacío vital por quien puede hacerlo, cuando otros no han podido, pese a toda una noche de brega y esfuerzos (vv. 3.5). Yo señalaría 1Pe 1,3-21 como lectio divina de la narración del Evangelio de hoy.  (Jn 21, 3-14 )

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