Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|lunes, octubre 23, 2017
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Existe una verdad que hay que descubrir 

Se ha hablado mucho estos dias  del autobús del odio, o el autobús de la libertad… es curioso que el mismo autobús tenga -según quien se exprese- estos dos calificativos tan distantes.

Pero yo quisiera centrarme en lo siguiente: La clave no es que se esté discriminando a los transexuales, y por ello el “autobús del odio” no deba circular por las calles de Madrid, el punto, a mi parecer, es que el mensaje de Hazteoír hiere, porque es verdad. NO se trata de discriminación, sino de dejar clara -porque parece que hay gente que ha perdido el norte- cual es la cuestión: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva”. Esa es la cuestión. Dos más dos son cuatro, por muchas vueltas que le queramos dar a los números. Abramos los ojos  a la biología natural, a nuestro cuerpo, respetemos nuestro cuerpo, ¿no estamos concienciados de que respetar la naturaleza es lo mejor? Nuestra identidad está configurada a través de un cuerpo con unos atributos sexuales, y nuestra mente y todo nuestro ser, han de estar en comunión con ese cuerpo si queremos ser felices. Habrá que buscar la unidad del ser. Existe una verdad que cada persona tiene, y que ha de descubrir. Esa verdad radical, es que somos creados para ser amados y sobre todo, para amar. La persona que no se siente amada, es incapaz de amar. ¿Dios se ha equivocado contigo, dándote un cuerpo que no corresponde con tu mente, con lo que tú “sientes”? No creo que esto sea así… habrá que mirar de dónde me viene esta inclinación hacia mi propio sexo, habrá que adentrarse en mi historia personal, en uno msimo, y buscar profesionales que puedan ayudarme… habrá que ser humilde -“en la humildad está la verdad” dirá santa Teresa-, y profundizar en por qué me pasa esto. Habrá que ser valiente.

 

Si nuestra sociedad no estuviera contaminada por la superficialidad de las ideas, por la falta de interés en la búsqueda de la verdad, (¿cuál es la verdad? dirá Pilato, para posteriormente lavarse las manos, como signo de desentendimiento), si ahondáramos un poco en qué es la Ideología de género, qué quiere hacer en las escuelas, qué quiere imponer a nuestros hijos, qué está haciendo en los distintos ambientes de nuestro entorno (cine, política, medios de comunicación, instituciones públicas…), nos toparíamos con que en todo este entramado del lobby gay y del feminismo radical existe una raíz perversa. Un engaño sibilino del maligno. Y al fondo, de lo que se trata es de destruir nuestra cultura judeo-cristiana. ¿Por qué? Porque nuestra civilización judeo.cristiana está asentada en la familia, y la familia, queridos, es imagen de Dios vivo. Donde hay una familia que se quiere, se deja entrever el amor de Dios. Al fondo, de lo que se trata es de destruir la imagen de Dios, la obra de Dios (“hombre y mujer los creó”, dirá el Génesis). Al fin, se trata de acabar con esta civilización para que se dé paso a otra cosa, a los individuos solos que no tienen un referente de familia natural. Para que se dé paso a la confusión del sexo, a los cambios de sexo, a los vientres de alquiler, a los niños probeta, a los divorcios, a los niños con dos padres, o dos madres,  Para que se dé paso a la soledad, al vacío, al suicidio. Mirad lo que pasa en Suecia, en Dinamarca, en Holanda, en aquellos países donde la Ideología de Género campa a sus anchas. El índice de suicidios está disparado. ¿Por qué? porque las  personas solas, sin familia natural, sin Dios, acaban suicidándose. Porque somos seres que necesitamos de la relación de unos con otros, para sobrevivir. Acordáos de aquel experimento de la Alemania nazi, con bebés a los que se alimentaba bien, pero se les negaba el cariño, la caricia… murieron todos. No pudieron sobrevivir.

 Lo que subyace detrás de la Ideología de Género es la destrucción de nuestra sociedad cristiana, y por ende, la destrucción de la identidad personal, ¿Para qué? Para que el individuo sea manipulable, para que se limite a refrendar una ideología que supuestamente le dará la felicidad, pero que en verdad, lo que le dará es la muerte óntica. Porque nadie puede ser feliz negándose a sí mismo, negando su propia naturaleza.
 

El asunto no está en que por una parte de la sociedad exista aversión o se discrimine a los transexuales, gays, lesbianas, etc., y en consecuencia haya que luchar contra esta discriminación… eso no es verdad. Al menos, por parte de los cristianos, esto no es verdad. El Papa Francisco lo ha dicho por activa y por pasiva-, los cristianos acogemos y comprendemos el dolor que estas personas llevan sobre sus hombros, un dolor que no se soluciona -pienso- con el cambio de sexo, o con salir del armario, o con que todos los que tengo a mi alrededor aplaudan mi “opción” sexual… no es esto. No se trata de esto. La cuestión es que no nos conformemos con una felicidad de baratija, hay que ser valientes, hay que aspirar a los bienes superiores. Hay que aspirar a encontrar el verdadero sentido de mi vida, de mi historia, de mi sufrimiento… y acogerlo, abrazarlo, y caminar hacia adelante. Dios no nos dejará solos. Eso lo garantizo.

           Victoria Luque.

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