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Francesco de Nigris, discípulo de Julián Marías – Se proyectaba sobre las personas, amándolas 

Es italiano, y ha estado literalmente pegado a su maestro, Julián Marías, durante los últimos cinco años de su vida. Francesco de Nigris, escritor, vivirá ya marcado por esta experiencia; ha conocido al filósofo, al pensador, al conferenciante de éxito, pero sobre todo, ha conocido a un amigo fraterno que le ha acercado a la Verdad con mayúsculas. Dice de Julián Marías que quien le trataba mejoraba como persona. Habla, incluso, de que en su círculo de amigos le consideran santo, por la trayectoria de su vida personal. Pero vayamos por partes…

Hace tres años que murió Julián Marías. ¿Cuál es su vivencia personal tras la muerte de su maestro?

Me he quedado huérfano, mutilado. En la misma Historia de la Filosofía, los grandes maestros son pocos, y creo que Julián Marías ha sido uno de ellos. Nos ha dejado una obra inmensa en la que uno se puede reencontrar con él, aunque falta su presencia, su figura, que es lo que más echo de menos. Las tardes, las infinitas tardes de charla inolvidable, que para mí eran un regalo de Dios, un privilegio. Yo lo pensaba, y decía “no me lo puedo creer”…

Es curioso cómo este pensador, al final de sus días, tenía atrofiado su cuerpo y, sin embargo, su mente, su pensamiento estaba increíblemente despierto…

En los últimos cinco años de su vida, precisamente cuando yo lo conocí, sufrió muchísimo. Ha sido persona que nunca se ha quejado. Él siempre decía que le hubiera gustado vivir su muerte, quería una muerte personal, no una de estas muertes impersonales… Él a veces comentaba, en broma, que hoy en día la gente cuando se muere, en lugar de llamar a un cura, lo primero que dice es ¡ambulancia!… Veía en esto una despersonalización de la muerte, y él consideraba la muerte como un hecho de la vida que había que vivirlo. Dios le concedió vivir la muerte de esta manera, consciente del paso que iba a dar. Recordando su famoso crucero universitario de fin de curso por el mediterráneo, en el que iban Ortega, García Morente, Zubiri… él precisamente le pidió a Nuestro Señor, en Jerusalén, tener una vida auténtica, intensa, con profundo sentido cristiano. Y Dios se lo concedió, desde luego.

tenaz defensor del sentido trascendente de la vida

Julián Marías habla en “La felicidad humana” de que es conveniente imaginarse la vida después de la muerte. ¿Podría abundar en esta idea?

Julián Marías piensa que el hombre es una realidad en marcha, que reobra constantemente sobre sí misma. Él decía que el ser humano esimagen finita de la infinitud”; ve la realidad de Dios en una intensificación de todas las propiedades personales, es decir, en lugar de perder posibilidades el hombre podrá recuperarlas en la vida perdurable, y seguir trayectorias o proyectos que no ha sido capaz de realizar en esta vida. Él sostiene que pueden coexistir las posibilidades personales y las edades.

Él estaba absolutamente enamorado de su esposa Dolores Franco y, cuando murió, esto le dolió muchísimo…

Julián Marías piensa que lo que caracteriza primordialmente a la persona es el amor. Decía que probablemente uno no se da cuenta de lo que ama, ni de su capacidad de amar, y ni siquiera ama hasta sus últimas consecuencias, porque si se amase hasta las últimas consecuencias, la muerte sería inaceptable. Y esto nos enseña precisamente que la vida es una estructura abierta, que se proyecta, que se comprende más a sí misma, y que la muerte, en la medida que nos impide amar, no se justifica desde la vida, sino que la vida misma postula la superación de la muerte.

afán por conocer el alma y encontrar a Dios 

Se definía como profundamente religioso, y cada vez más católico. ¿De dónde le venía esta profundidad en la fe y este acercamiento cada vez mayor a la catolicidad?

Ante todo hay que decir que él vivió en un ambiente de creencia religiosa desde niño; lo que ocurre es que para el filósofo la creencia religiosa es algo sobre lo que se reobra constantemente. La fe en Julián Marías está sumamente ligada a la razón, y esto precisamente yo creo que es el centro del cristianismo, porque Dios es Logos y Amor. Julián Marías llega al concepto de persona después de que, desde la Historia de la Filosofía, se haya pasado por la idea de naturaleza, de conciencia, de ideas, de percepciones, de todo tipo de psicologismos en el siglo XIX; finalmente se llega a la evidencia de que la realización programática de la vida humana es la persona, y que la persona se nutre de las demás personas para hacerse a sí misma. Y esto es el núcleo del cristianismo. El cristianismo está fundamentado en la vida de una Persona que hace 2000 años dijo: Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida. Quien se instala en esta filosofía cuyo centro es la Persona,  inevitablemente se encuentra con el cristianismo, reobra sobre él y se siente estremecido por lo que ve.

exiliado dentro de su patria

Julián Marías ha sido un incomprendido, tanto desde la propia Iglesia como desde los poderes públicos.

Sí. Hubo más bien una incomprensión doctrinal en tiempos durante la posguerra, por ser Julián Marías un pensador orteguiano. Ortega nunca manifestó su cristianismo, pero todo lo que se ha dicho sobre su anticristianismo, tanto Julián Marías como yo mismo consideramos que es radicalmente falso. Por su procedencia orteguiana, como por su no tomismo, Julián Marías ha sido atacado también; sin embargo ha sido una persona incapaz tanto del rencor como de maledicencia; sus reacciones siempre han sido sumamente razonables, y guiadas por la verdad, con una capacidad de perdón inmensa. Veías cómo estando a su lado tu realidad se disparaba en cuanto a ilusión, entusiasmo; él se proyectaba sobre las personas amándolas; para él cada persona era única y sagrada.

Lo rechazaron efectivamente también desde los poderes políticos, primero el franquismo, después la democracia; fue rechazado desde ideologías que veían en él alguien poco cómodo. Desde el mundo universitario también se le hizo el vacío, pues le rechazaron la tesis doctoral, nunca pudo enseñar en la universidad, durante dieciséis años se le prohibió escribir en los periódicos; pero a él todo esto no le produjo amargura, lo aceptó y se dedicó a escribir libros procurando que su pensamiento fuese riguroso al tiempo que comprensible para la gente.

Ese estilo tan claro quizá lo ha heredado de Ortega… Normalmente cuando nos acercamos al pensamiento de algún filósofo, éste nos resulta difícil de entender, cosa que no ocurre con Julián Marías.

Julián Marías es ante todo un filósofo contemporáneo. Con Ortega descubre la vida como la realidad radical, la perspectiva metafísica desde la que hay que interpretar el mundo. La vida como lugar, como perspectiva en la que se encuentran las cosas, en la que se encuentra la circunstancia. Y esto supone un cambio sideral en el pensamiento, porque durante todo el Idealismo la realidad estaba metida dentro de las ideas de la persona, hasta el punto que se había llegado a ciertas formas de solipsismo, es decir, el mundo encerrado en uno mismo, de lo que se deriva que ya no puedo llegar a las cosas, no puedo saber si las otras personas son consecuencia de mi imaginación o entes con los cuales tengo que hacer algo, pero no sé qué.

hombre ponderado y amante de la verdad

¿Y qué filosofía desarrolla Julián Marías?

Él veía la realidad con un sentido personal, por qué y para qué se ha hecho eso, y por qué y para qué me puede servir para buscar la verdad. Julián Marías sigue la línea de Ortega y la amplifica enormemente. Encuentra un método muy eficaz y lo aplica brillantemente. Yo siempre digo que tenía el don de que en la medida en que contemplaba la verdad, se quedaba en ella hasta desbordarla, hasta encontrar en ella una verdad superior.

Él piensa que el hombre es un ser circunstancial, es decir, que dentro de su realidad está la circunstancia (la sociedad, la familia, las estructuras sociales, etc.); pero añade que la circunstancia fundamentalmente es convivencia. En líneas generales, que la persona se va comprendiendo a sí misma, va siendo ella misma mediante las demás personas, que son los entes privilegiados de la realidad personal.

Julián Marías llevará a cabo una investigación sistemática en el quién, en la persona. La persona es pretender ser ella misma en la circunstancia constantemente. Pero pretender ser ella misma lo tiene que hacer dentro de la circunstancia.

Fue nombrado por el Papa Juan Pablo II miembro del Consejo Pontificio de la Cultura. ¿Pudo transmitirle al Papa su pensamiento filosófico?

Julián Marías comentaba que nunca pensó que un almuerzo con un Papa pudiera ser algo tan sencillo y espontáneo, que éste tuviese una actitud tan simpática, directa, tan habladora y carismática.

Con todo yo no creo que llegase a hacerle partícipe de su pensamiento filosófico, ni a través de libros regalados ni de palabra, fundamentalmente porque su misión en el Consejo Pontificio era la de difundir la situación cultural de la Iglesia… Julián Marías era una persona sumamente humilde, prácticamente nunca hacía alabanza de sí mismo.

En definitiva, fue un hombre que se pasó la vida buscando la verdad, y aferrándose a ella con todas sus fuerzas…

Julián Marías se ha pasado la vida alabando la excelencia, ennobleciéndose con ella, y haciéndose tan noble que, desde mi punto de vista y del de todos los que lo conocimos en la intimidad, era un santo. De hecho, tenemos un milagro pendiente…

Todos estamos convencidos de ello. A mí, me aconsejó muchas veces; y sus consejos tenían un valor tan verdadero, que brillaba la Providencia en ellos. Él tenía una visión tan profunda de la realidad, que podía ver sus hilos más providenciales, los que a uno se le escapan.

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