Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Miércoles, Agosto 23, 2017
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Hablar bien de Dios 

¿Quién se atreverá a hablar mal de Dios? Esto lo tiene claro casi todo el mundo, aunque últimamente uno tiene que ver de todo… Pero ahora quiero referirme a un detalle curioso que se observa en la Biblia. Se trata de algunos pasajes que resultan cuando menos extraños. Por ejemplo este: «Su mujer le dijo: “¿Todavía persistes en tu honradez? Maldice a Dios y muérete”» (Job 2,9; también puede verse 1,5.11; 2,5). La mujer es la de Job, y lo que dice, lo dice después de ser testigo de las desgracias que le han acaecido a su marido: pérdida de ganados, de hijos y de la propia salud. Aparentemente, la recomendación de la mujer de Job a su marido no presenta mayor problema: maldice a Dios –le dice–, pues, en último término, es el responsable de tu «mala suerte» –en la antigüedad, la suerte no existe, sino que todo sucede por la voluntad de Dios–, y acaba con tu desdichada vida.

El problema viene si acudimos al texto hebreo que sirve de base a las traducciones modernas de la Biblia, donde lo que se lee es lo siguiente: «Su mujer le dijo: “¿Todavía persistes en tu honradez? Bendice a Dios y muérete”». ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué se ha cambiado bendecir por maldecir? Lo que ha sucedido, sencillamente, es que en algún momento de la transmisión del texto bíblico, un copista piadoso se escandalizó al ver la expresión «maldecir a Dios» –que es la que figuraba en el texto original– y la cambió por «bendecir a Dios». Se trata, pues, de un eufemismo (del griego eu, «bueno», «bien», y femi, «decir»: «decir bien»), que es la sustitución de una palabra malsonante por otra que sea más amable o positiva. En este caso, el eufemismo es absoluto, ya que la sustitución no es cosmética, sino radical. Así, hablar bien de Dios se ha convertido en la máxima guía de la vida.

                          Pedro Barrado.

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