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Ideologías sexuales en las escuelas 

Son numerosos los artículos científicos publicados sobre las consecuencias negativas de la actividad sexual en la adolescencia (www.heritage.org). Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2008 aproximadamente el 40% de los casos de infecciones nuevas por VIH afectaban a la población de 15 a 24 años. Precisamente las conocidas consecuencias negativas de la actividad sexual en la adolescencia, como el incremento de la incidencia de ITS (Infecciones de Transmisión Sexual) en los jóvenes menores de 24 años o del número de embarazos en menores, son las que motivan desde hace años que en numerosos países se introduzca la educación sexual en las escuelas.

En España, los 11 primeros artículos de la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo equivalen a implantar en las escuelas una ideología sexual determinada, que puede ser contraria a lo que padres y madres quieran transmitir a sus hijos. La sexualidad que se propone en la ley para la formación de los jóvenes y adolescentes parece dar por supuesto en nuestra sociedad que sólo existe una forma legítima de educar en sexualidad.

Chesterton, en 1923, afirmaba que hay dos tipos de personas: “aquellos que tienen un dogma y lo saben, y aquellos que tienen un dogma y no lo saben”. Sorprende ver en la legislación actual una tendencia a querer uniformizar los valores educativos que se deberán transmitir a los jóvenes, así como volver sobre planteamientos y estrategias de salud pública que ya vienen fracasando desde hace décadas. Más allá de no atender a la diversidad legítima de convicciones sobre estas cuestiones, ni plantear en ningún momento el respeto a la responsabilidad educativa de los padres, existe una falta de rigor científico en las propuestas gubernamentales. Cualquiera que discrepa con estos planteamientos es tachado sectariamente de querer introducir “lógicas confesionales a la educación sexual”. En esta cuestión como en otras, es importante diferenciar las creencias y convicciones personales de los datos que nos aporta la ciencia.

ni previenen ni evitan  

Ciertamente, considerar el preservativo como la única medida de prevención eficaz frente a los embarazos imprevistos, el sida y otras ITS tiene limitaciones y plantea algunos riesgos. La ciencia dice sobre el preservativo: 1) es un anticonceptivo que tiene una eficacia práctica media del 85% (OMS); 2) reduce pero no elimina el riesgo de infección de VIH, siendo su eficiencia del 80%, según The Cochrane Library; 3) no ofrece una protección adecuada frente a ITS frecuentes, como el herpes genital, la sífilis y el virus del papiloma humano, porque, incluso si se utiliza un preservativo, se puede contraer la ITS por contacto con áreas de piel infectadas que no son recubiertas por el condón, según explica la Oficina de Salud de la Mujer del Departamento de Salud de EE. UU.; 4) presentar el preservativo como totalmente eficaz puede inducir a los jóvenes a asumir un riesgo mayor del que inicialmente estaban expuestos, fenómeno que en medicina preventiva se conoce como “compensación de riesgo” y que se encuentra descrito en la literatura científica (Cassell M.M.  et al, 2006).

Hasta la fecha, no hay ningún país que haya logrado frenar la epidemia del sida con políticas centradas exclusivamente en la promoción del uso del preservativo. Por el contrario, los únicos países con una epidemia generalizada que de momento han logrado frenar el avance del sida han basado sus campañas haciendo hincapié en los componentes A y B de la estrategia “ABC”. Han promovido cambios de conducta dirigidos a fomentar de modo prioritario la abstinencia entre los adolescentes y jóvenes, y la monogamia mutua entre los adultos sexualmente activos y presentan los preservativos como lo que son: un modo de reducir el riesgo, pero que nunca puede eliminar totalmente un riesgo. Esta estrategia de prevención fue consensuada por más de 150 expertos de diferentes países, culturas y creencias y publicada en la revista The Lancet en el año 2004.

A la luz de estas evidencias, el director del Centro de Control de Enfermedades Infecciosas (CDC) en su informe para al Congreso de EEUU sostiene que “es insuficiente la recomendación del uso del preservativo como estrategia primaria de prevención”.

Para prevenir embarazos no planeados no es suficiente, ni seguramente la mejor opción, repartir condones en lugares de ocio y centros educativos. Un estudio publicado en The Journal of the American Medical Association muestra cómo algunos programas de distribución de preservativos en los institutos no han tenido los resultados esperados: en concreto, el 47% de los adolescentes que lo usaron no logró evitar el embarazo en el primer año de uso. Tampoco parece que la solución al aumento de los embarazos y abortos entre adolescentes pase por la dispensación sin receta médica de la píldora del día después (PDD).

En el Reino Unido (país con la tasa de embarazos en adolescentes más alta de Europa) hay más embarazos de adolescentes donde más se difunden los anticonceptivos; y es más frecuente, entre las adolescentes que abortan, haber recibido con anterioridad la píldora post-coital. La idea de que la difusión de los anticonceptivos previene el aborto está muy arraigada, pero la realidad es más compleja. Por ejemplo, una clínica especializada en abortos indica que seis de cada diez abortos realizados en su clínica son debidos a fallos en los métodos anticonceptivos, principalmente el preservativo.

abstinencia y monogamia mutua

Estas evidencias científicas, entre otras, deben hacer reflexionar sobre el tipo de educación sexual que queremos para nuestros hijos y que deberían facilitar las autoridades sanitarias y educativas. Es exigible que los programas de educación sexual que se pretendan ofrecer se fundamenten en los datos que aporta la medicina basada en evidencias, así como sobre la adecuación de los mensajes que se transmiten a los estudiantes para favorecer los estilos de vida más saludables.

Sería un error centrar la educación sexual en la promoción del uso del preservativo y del relativismo respecto a las conductas sexuales, ya que enseñar a amar no es igual que enseñar a hacer el coito. Los jóvenes deberían poder conocer las mejores opciones para ellos y los beneficios de ciertos estilos de vida sexual frente a otros menos saludables. Los estudios epidemiológicos prueban cómo las diversas formas de entender y vivir la sexualidad no son inocuas o neutras desde el punto de vista de la salud (www.educarhoy.org).

Por ejemplo, es necesario que los programas de educación sexual tengan presente que, según los datos del Ministerio de Sanidad, la gran mayoría de los adolescentes españoles no tiene actividad

sexual: el 71% de los jóvenes de 15 y 16 años manifiesta que no ha tenido relaciones sexuales. Con frecuencia, la visión de la juventud que transmiten las campañas institucionales en las que se presenta el condón como la única opción razonable, dan una visión negativa y pesimista de la juventud española, además de errónea.

Es positivo que los jóvenes conozcan que, frente a los estereotipos de las series de televisión o de las estructuras de ocio consumistas, la mayoría de sus iguales no tienen sexo y que existen para ellos alternativas mejores que el preservativo.

En contraste con los planteamientos de este país, en diversos países occidentales se están planteando políticas de educación sexual más integrales y amplias basadas en alentar el retraso de la edad de inicio de relaciones sexuales en jóvenes y la mutua monogamia. Se afirma que “el condón es una opción, pero no es la única y no debe endiosarse”, debido, entre otros aspectos, a la limitación del condón en la prevención de algunas infecciones. Estas perspectivas están en total conformidad con las evidencias científicas actuales. En este sentido, desde hace años se están implementando, cada vez más, programas de educación sexual centrados en la abstinencia con unos resultados esperanzadores, como el reciente estudio de John B. Jemmott, publicado en Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine.

Algunos de estos programas sitúan a los padres como protagonistas de la educación de sus hijos. Sirva de ejemplo la guía ¡Padres, hablen ya! (www.4parents.org), elaborada por el Departamento de Salud de EE. UU. Esta guía forma parte de una campaña nacional de educación pública, con cuñas publicitarias en radio y televisión, que tiene como finalidad dar a los padres la información y las habilidades necesarias para ayudar a sus hijos a tomar decisiones saludables, entre ellas, la decisión de esperar hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales.

una educación sexual sin sexo

¿Se puede afirmar, sin ser malintencionado o ignorante, que hablar a los jóvenes de abstinencia y monogamia mutua es un error fruto de una lógica religiosa arcaica cuando es lo que aconseja el conocimiento científico? ¿No tienen nuestros jóvenes el derecho a tener una información completa para poder tomar sus decisiones en verdadera libertad? Frente a quienes tienen una visión pesimista de la juventud y piensan que los jóvenes no tienen más remedio que tener relaciones sexuales y usar condones, existen otras opciones que no ocultan conocimientos a los jóvenes, sino que los capacitan mejor para tomar sus propias decisiones y establecer un estilo de vida sexual más saludable y acorde las evidencias científicas disponibles.

La visión de quienes se atreven a plantear abstinencia y monogamia mutua a los jóvenes es más integradora, progresista, científica y, sobre todo, optimista, pues confía en que los jóvenes bien informados son capaces de tomar sus decisiones acertadas para su felicidad actual y futura. Quedarse anclados en los prejuicios y creencias personales no educa a nuestros jóvenes ni les ofrece un futuro mejor.

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