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INDIA: Iglesia perseguida, parra fecunda 

Los dos personajes más representativos a nivel internacional de la India quizá sean Gandhi y la Beata Madre Teresa de Calcuta. Él, un activista político hindú, y ella, una religiosa católica. Ambos fueron Premio Nobel de la Paz y desarrollaron una labor humana de solidaridad y paz que, aunque distinta, sin duda ha sido ejemplo para un país complicado. Ambos también tuvieron que hacer frente a la intransigencia religiosa y a las reivindicaciones de partidos extremistas hindúes que querían una India solo para ellos. Hoy, la Iglesia sigue sufriendo las embestidas de estos grupos extremistas que ven con recelo a los seguidores de Cristo porque hablan de dignidad, igualdad y amor al prójimo. Los cristianos de la India son amenazados y atacados en varias zonas del país, pero sorprendentemente cada vez son más los hombres y mujeres que quieren consagrarse a Dios y dar la vida por el Evangelio.

Los católicos de la India son tan solo un 1,8% de la población total del país, lo que supone la considerable cantidad de 22 millones. Sin embargo, son una minoría dentro de los más de 1.200 millones de habitantes que posee la India, el segundo país más poblado del mundo. La Iglesia desarrolla una labor social y caritativa a través de hospitales, leproserías, dispensarios médicos, orfanatos, escuelas y universidades que tienen un impacto directo sobre el 20% de la población india. El trabajo por los más desfavorecidos, las personas de las castas más bajas —llamados dalits o “intocables”— es de una gran envergadura. De hecho, son las personas de estos grupos sociales las que más han abrazado la fe cristiana. La libertad religiosa está garantizada en la India, sin embargo, en varios Estados existen leyes anticonversión que ponen trabas para impedir que los dalits y otros indios se conviertan al cristianismo, imponiendo penas de cárcel y multas contra las actividades proselitistas. Según el último “Informe sobre la persecución” de 2013, que elaboran varias asociaciones laicales de la India, se han registrado en el último año más de cuatro mil agresiones contra cristianos en todo el país.

persecución contra cristianos en Orissa

El estado de Orissa, al este de la India, fue uno de los primeros en aprobar este tipo de leyes injustas y extremistas. Allí un grupo de radicales hindúes, próximos al partido político Bharatiya Janata Party (BJP), provocaron una ola de violencia contra cristianos en 2008. Mons. John Barwa, arzobispo de Cuttack-Bubhaneswar, en el estado de Orissa, asegura que «en cuatrocientas aldeas se hizo una limpieza étnica de todos los cristianos. Más de seis mil casas y trescientas cuarenta entre iglesias, capillas, clínicas y escuelas fueron quemadas y destruidas. Miles de creyentes resultaron heridos, varias mujeres y niñas, incluida una religiosa, fueron violadas y unos sesenta mil hombres, mujeres y niños perdieron sus ares». En total fueron asesinadas 75 personas, cuyos asesinos continúan hoy sin ser juzgados. Ante este balance tan desesperanzador, Mons. Barwa señala que la observación bien conocida de Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos” se ha convertido en una realidad en la Iglesia de Orissa. El prelado es testigo del crecimiento de su Iglesia, tras varios años de estos incidentes «esta misión, en medio de la persecución violenta, se ha convertido en el foco de vocaciones religiosas y sacerdotales».

Otro ejemplo de la Iglesia floreciente de India es el testimonio de Mons. Antoni Chirayath, Obispo de Madhya Pradesh, en el centro del país, que ha reconocido que «cuando comenzó la diócesis en 1968 había solo seiscientos católicos y tres sacerdotes, ahora somos treinta y cinco presbíteros». Mons. Chirayath ha destacado que los jóvenes se arman de valor para servir en la Iglesia aunque «saben que, después de Orissa, podrá seguir habiendo persecuciones y agresiones en los que sacerdotes y religiosas son el principal objetivo». Según informa el prelado, el creciente número de candidatos al sacerdocio ha llevado al desarrollo de un seminario menor que actualmente cuenta con 25 seminaristas. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada ya ha ayudado con 18.000€ a la construcción de este seminario, que será capaz de albergar a sesenta personas. «Los jóvenes están involucrados en las actividades sociales y religiosas, para ellos es una fuente de inspiración ayudar a los pobres y necesitados como sacerdotes o hermanas».

se encontró con Jesús en una pastelería

En el estado occidental de Guyarat también se han registrado ataques a los cristianos en los últimos años. Sin embargo, allí también la Iglesia cuenta con nuevas vocaciones. La historia de Christine Kapadia es providencial. Ella es una joven procedente de Guyarat. Como casi el 90% de los sesenta millones de habitantes de este Estado, creció como hindú en una familia normal india. El cristianismo lo encontró de un modo casual: «Cuando tenía unos quince años conocí a Jesús en una pastelería», comenta mientras se ríe. Allí compraba regularmente, cuando en una ocasión entró en conversación con una dependiente, unos años mayor que ella, que era católica. Lo que la joven hindú escuchó de Jesucristo le fascinó. Christine pidió a la vendedora que la llevara a una iglesia. Fue el comienzo de una amistad y de su aproximación paso a paso al cristianismo. Christine empezó a participar regularmente en encuentros de oración. A los diecisiete años pidió ser bautizada, pero ese deseo se topó con la resistencia de sus padres, que rechazaron radicalmente la conversión. «Mientras solo iba a la iglesia estaban de acuerdo; pero cuando quise bautizarme, de repente, se desató la guerra fría en casa», dice Christine. Sus amigos católicos le aconsejaron paciencia, le dijeron que esperara al menos hasta ser mayor de edad. A pesar de todas las resistencias, Christine se mantuvo firme en su deseo. Por fin, en 2002 pudo bautizarse y finalmente sus padres aceptaron su deseo, pues se dieron cuenta de que la nueva fe de su hija no la alejaba de ellos. Todo lo contrario: Christine, que cada vez sentía más viva su vocación a la vida religiosa, se ocupaba más de sus padres. Incluso dejó su trabajo en un banco para atender a su madre, que había enfermado de cáncer. Una semana antes de morir en 2011, su madre se bautizó.

Sin embargo, las tensiones entre el padre y la hija no acabaron de calmarse, sobre todo porque la hija perseveraba en su deseo de ser religiosa carmelita. Pero también aquí mereció la pena la paciencia de Christine: desde hace seis meses pertenece a la comunidad de diez carmelitas descalzas de Vodadora, la tercera ciudad en tamaño de Guyarat. Este Carmelo también cuenta con el apoyo de Ayuda a la Iglesia Necesitada. Christine Kapadia declara: «Mi padre cambió hace tiempo de actitud; cuando ingresé en el Carmelo me acompañaron 21 miembros de mi familia… Todos ellos hindúes».

AIN en apoyo de las vocaciones

Ayuda a la Iglesia Necesitada aprueba cada año cerca de seiscientos proyectos para el sostenimiento de las vocaciones, que incluyen desde la formación y el material académico hasta ayudas para el transporte, subsistencia o construcción de nuevos seminarios o casas de religiosos y religiosas. Siempre apoyando la formación “in situ” y a través de las iglesias locales, para favorecer en aquellas diócesis y países la vida sacramental y la necesaria presencia de los consagrados para la oración y también la caridad.

«En nuestro mundo escasean vocaciones y en el Tercer Mundo faltan misioneros», decía el P. Werenfried, fundador de AIN. La aportación de las vocaciones de la Iglesia pobre y perseguida a la Iglesia universal es un hecho. Su sostenimiento es cosa de todos los cristianos.

Josué Villalón-AIN

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