Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Sábado, Agosto 19, 2017
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Jesús Esteban

Jesús Esteban
6 Marzo, 2016(0)

En el Evangelio de San Mateo, al final, en el capítulo 25, el Señor nos adoctrina y exhorta con la parábola de la diez vírgenes y la de los talentos. Después dedica un amplio texto sobre el juicio final (vv 31-46), con un estilo de narración propiamente oriental, con repetición de fórmulas i guales para los que están sentados a la izquierda (las cabras) y los de la derecha (las ovejas). En efecto: «tuve hambre y me disteis de comer ». Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, etc.» Y repite todo el texto aplicado a los de su izquierda pero en sentido negativo: «Tuve hambre y no me disteis de comer, etc.» ¿Qué es lo que me llama la atención?: pues que tanto unos como otros no se habían dado cuenta de cuándo le dieron (o negaron) la comida, el agua, visitaron a los forasteros, lo hospedaron cuando estaba desnudo, y lo fueron a ver en la cárcel. Los justos habían sido «ignorantes» del bien que hicieron. ¿Por qué? Porque la gracia de Dios actuaba en ellos en silencio, conscientes, sin embargo, de que el Señor transciende nuestro querer y obrar y, especialmente, porque todo lo que hicieron los «benditos de mi Padre» con los necesitados, era como si se lo hubieron hecho a él mismo, de modo que el mérito de «heredar el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo» no dependía de ellos, pues no existían cuando Dios lo tenía planeado así. A los de su izquierda, les dirá: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles»; estaban destinados igualmente para recibir esa herencia, pero sobre todo no movieron un dedo para asistir a los pobres, no hicieron nada por ellos, se desentendieron de todo, que era como desatender y negar al mismo Jesucristo. De ahí la herencia: para unos el reino del Padre; para los otros, el infierno.                                  Jesús Esteban Full article

1 Marzo, 2016(0)

Es una medida muy drástica que una embarazada pueda acceder al aborto beneficiándose de su gratuidad, facilidad de trámites y rápidamente. Esta mentalidad francesa mientras, por un lado, aumenta su población senil, por otra, se sofoca a sí misma impidiendo nuevos nacimientos. Es como si a un enfermo se le administrara una medicina para que empeore su estado de salud, lo que no deja de tener todos los elementos para calificarlo de suicidio, con el agravante de imponer este modo de pensar y actuar a quienes piensen y actúen de otra forma. Es una pena que al hombre de hoy no le dejen ejercer su libertad sexual en el correcto sentido de la palabra y de su contenido, que, en este campo, revierte sobre su posible descendencia, de manera que un hijo no planificado se convierta en una afrenta inaceptable en una sociedad dictatorial en esta materia. Y queda detrás, semiescondida, una cuestión que puede terminar minando ese tipo de sociedades: ante esta forma de suicidio cultural, ¿llegaríamos a evitar que Europa sea devorada por el islam, cosa que ya está sucediendo?                          Jesús Esteban.

24 Junio, 2015(0)

Desde siempre, en general, a los difuntos se les enterraba, es decir, se cavaba en la tierra y se depositaban los restos mortales en tierra: de ahí enterrar. Hasta hace muy poco, cuando la Iglesia aceptó la incineración (porque ya no se vinculaba a ideas materialistas), el ánfora que contenía las cenizas —no vamos a fijarnos en ciertas costumbres de esparcirlas, en el mar, arrojarlas desde una avioneta o diseminarlas por un campo alejado…— se guardan en otros sitios especiales que cada familia suele tener…, El caso es que tanto los cadáveres de nuestro seres queridos o de tanta gente, lo mismo que esas ánforas de cenizas, también se ponen en nichos, por encima del suelo en varios pisos, porque hay que ganar espacio y muchas veces ya no se puede seguir excavando fosas para enterrar. Y aquí surge la pregunta: quienes duermen el sueño de la paz en los nichos, hasta el día de la resurrección al final de los tiempos, cuando vuelva Jesucristo a juzgar a vivos y muertos, ¿cómo deberíamos decir?: ¿enterrar o debemos inventar la palabra «ennichar»?                                                                                                                          Jesús Esteban.

11 Abril, 2015(0)

Confieso que no sé con qué cuchara o tenedor se «come» semejante noticia, aparecida en la segunda semana de diciembre de 2014: un joven brasileño de pocos años confiesa que lleva asesinadas 42 personas «por placer», así, como suena. La noticia se ha difuminado absorbida por otras más impactantes del momento. Si me hubieran dicho que las mataba por robarles la pasta, por venganza u odio, porque eran unos bichos indeseables, porque la habían tomado contra él…, la noticia se me hubiera atragantado igualmente, pero habría un motivo, irrazonable e irracional por supuesto, que daría una tristísima explicación… Pero ¿matar por placer? Pero ¿de qué placer se trata? ¿Era un puro masoquista que disfrutaba con el dolor ajeno? Pero ¿qué le pasaba a este tío? ¿Acaso llegaba al paroxismo del orgasmo cada vez que hundía el puñal en sus víctimas o les pegaba un tiro o se le hacía la boca agua viendo los borbotones de sangre fresca? Creo que no habrá test, electroencefalograma, tac cerebral… que indique de dónde viene esa «hambre» de hacer daño: habría que hacer un análisis al mismo demonio —y me temo que sabe burlar todos ellos— para que quede de manifiesto que es él quien quiere el mal y por el mal. Jesús Esteban Barranco.

18 Marzo, 2015(0)

Hace poco hablaba del secuestro del Espíritu de la Navidad en nuestros días. Hoy voy a invitaros a poneros el termómetro para que conozcas tu «temperatura». Si el termómetro marca «alegría», el Espíritu de la Navidad está vivo. Si marca «tristeza», es para preocuparse. La cosa parece fácil, pero distingamos: cuando hablamos de alegría, nos referimos a la alegría basada en la Encarnación del Verbo, cuyo cumpleaños celebramos en Navidad; no es la alegría de comilonas, compras compulsivas, alienaciones… Ciertamente también los creyentes celebramos estas fiestas con familiares y amigos, brindando con una copa y algún dulce, como también compartiendo con quien no puede ni tiene forma de celebrar la Navidad. Esta es la «“alegría” de la salvación» (Sal 51,14), que no es solo para el tiempo navideño, sino para todos los días del año. La otra temperatura, la «tristeza» es que la precede, son más, de una vida de pecado.                                                                                                                   Jesús Esteban Barranco

19 Febrero, 2015(0)

¡Anda!, que no nos han dado una tabarra solemne con los lúgubres acontecimientos de París hace unas semanas: que si yo soy Charlie, que si yo soy Hebdo, marchamo de una nefasta revista que se mofa de todas las religiones, y cuyo último número ha provocado la irracional quema de siete iglesias, matanzas de 10 cristianos y persecuciones en Nigeria, mientras los euros iban llenando su caja. Muere o matan a un negro (Willy) en Estados Unidos, y en seguida hay una multitud que se asocia, “Yo soy Willy”, o, como ocurre con la intrigante muerte del fiscal de Argentina, “Yo soy Nisman”… ¿Alguien se imagina al déspota y criminal Boko Haran diciendo “Yo soy Ratzinger o el Papa Francisco? Seguro que el Papa rezaría por él para que algún día pudiera decir arrepentido “Yo soy Cristo”. Da la triste casualidad de que nadie mueve un dedo ante la violencia y tragedia de tantos miles de cristianos vilmente asesinados y perseguidos. A nadie le importa ni la verdad ni la vida, pues siguen las matanzas, mientras Occidente sigue mirando de perfil. Solo hubo uno que supo y se esforzó en identificarse con un inocente que habían matado y luego resucitado: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Gál 2,20).

23 Diciembre, 2014(0)

—¡Alto ahí! ¡Quieta «pará»! ¡Arriba las manos! ¡La bolsa o la vida!… Y la Navidad, que iba tan campante por el bosque, como una ingenua Caperucita Roja, en búsqueda del Sol Invictus, se encontró de golpe y porrazo sin vida: le habían robado el espíritu, el espíritu de la Navidad: un secuestro en toda regla. Yo no sé usted, pero servidor está has dos centímetros más allá de cada pelo de mi cabeza de esta diarrea de anuncios navideños de la caja tonta, que cada día lo es más: anuncios de colonias, de perfumes, de turrón tal y mazapán cual, de adornos de la mesa para la cena de Nochebuena y las que fiestas siguientes, de delikatessen del mar, del cerdo bellotero o del cordero y cochinillo castellanos, de la decoración del Belén —¿será posible?, ¿del Belén he dicho?, ¡pues también!—, a lo que hay que sumar el barullo de las calles, las compras irrefrenables de regalos, los miles o millones de lucecitas de colores, privadas de significado, excepto el de sorprender al turista o viajero…, etc., etc. Y todo ello parea «vivir el espíritu de la Navidad». Y yo me sigo preguntando de qué espíritu se trata, porque, aparte ser invisibles los espíritus, aquí lo que menos aparece es el espíritu de la Navidad: hace tiempo, años, que lo han-hemos convertido en un pelele, en un alfeñique de feria para titiriteros. Deben ser muy pocos, entre la multitud, quienes piensan que se celebra la Encarnación del Verbo eterno del Padre, el Logos divino, venido entre nosotros como un pobre más de todos los desterrados de todas las tierras y planes de gobierno: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Jesús Esteban Barranco

17 Septiembre, 2014(0)

Podemos Con mucha probabilidad al lector le habrá llamado en seguida la atención que el título de estos párrafos vaya entre interrogantes; pero también en seguida comprenderá por qué. Personalmente estimo que para que una noticia sea tal, debe fluir de la verdad, o buscarla o caminar por sus sendas; si no, será un simple secuestro de la misma, una presencia del lobo con piel de oveja, vender gato por liebre, un tocomocho y cosas así… Esto viene a cuento porque, en estos últimos tiempos, en el escenario político ha surgido como de repente y como la espuma una nueva formación política, con el nombre de «Podemos», acusando de «casta», a muchos colegas del mundo de la política, a la vez que se presenta como «supercasta» que arremete contra todo lo que se mueve fuera de sus alcances, de manera que se erige en esa casta superior o pensamiento único llamada a controlar todo lo que, por ahora, no cae bajo sus dominios… ¿Será posible que esa maestra de la vida, que llamamos Historia, todavía no nos haya convencido hasta la saciedad que todos los absolutismos llevan en su raíz la bacteria de su propia muerte? Y así, con demasiada frecuencia, constatamos que un régimen absolutista acusa de corrupto al anterior, también absolutista, para subirse al mismo podio… Creo que todos —y este con más papeletas que otros muchos a lo largo de la historia— son flor de un día, pues llevan en su origen la yesca que ellos mismos han prendido y que acabará calcinándolos, como ha ocurrido hasta el presente (Gengis-kan, Alejandro Magno, los césares romanos, los zares rusos, los emperadores japoneses, Stalin, Pol-Pot, Hitler, las continuas revueltas de gerifaltes en África y Sudamérica, como Idi Amin en Uganda, Bokassa en la República centrofricana,  Pinochet en Chile, Videla en Argentina, los Castro en Cuba, Chávez en Venezuela, etc.). ¡Cuán cierto es que el hombre es el único animal —animal político podríamos decir en estos casos— que tropieza no dos, sino cien y mil… en la misma piedra. Pero no era por estos derroteros por donde quería ir, pues, aparte de correr el riesgo de la inexperiencia, ya hay quien se ha ocupado y ocupa de estos asuntos, como expertos en estas materias que saben lo que dicen y dicen lo que saben sobre «Podemos»: de hecho ya han corrido, si no ríos, sí torrentes de tinta; y …

3 Julio, 2013(2)

Acabo de asistir ayer sábado a las últimas sesiones de las “II Jornadas Católicos y vida pública” que la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y la Fundación Universitaria San Pablo CEU (Centro de Estudios Universitarios) han organizado en Toledo durante los días 21 y 22 de junio del presente año. Como el mismo programa indicaba, estas Jornadas “son un espacio para el encuentro, la reflexión y la toma de conciencia sobre la tarea de los cristianos en la vida pública”. Su actual presidente recordó, en el acto de clausura, que son ya un centenar de estos congresos los que se han venido celebrando en las diversas diócesis españolas. El tema elegido para este encuentro ha sido Fe y Razón “…contra toda esperanza”, manteniéndose dentro de la dinámica iniciada por el Papa emérito Benedicto XVI al convocar con su carta Porta Fidei el Año de la Fe en el 50.º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. El título alude explícitamente a la encíclica de Juan Pablo II Fides et Ratio, del 14 de septiembre de 1998, y a la fe de Abrahán, “padre de todos los que creen“ (Rom 4,11), porque “creyó contra toda esperanza” (4,18). En este contexto se había programado un debate entre dos reputados intelectuales de alto rango: un sacerdote y un conocido filósofo, profesor de universidad, escritor y comentarista político de la actualidad. Al primero lo conozco personalmente por su preparación académica como teólogo, sus doctorados, escritos y conocimientos de las lenguas clásicas y modernas, y, especialmente, por su lúcida y sabia exposición como profesor de Teología Fundamental, materia que imparte en el Instituto Teológico San Ildefonso de Toledo y, también, en el seminario Redemptoris Mater de Berlín; al segundo lo conozco igualmente desde hace varios años, porque lo sigo siempre que puedo en los medios de comunicación social, donde expone sus agudísimos puntos de vista sobre temas filosóficos —entre otros muchos y diversos conocimientos, maneja al dedillo los clásicos griegos y, luego, la filosofía del siglo XVII, con Baruch Spinoza a la cabeza y otros muchos autores, como Pascal, por quien siente también admiración—: él se declara ateo o no creyente, y lo hace desde una plataforma racional honrada, característica esta, la de la honradez, que destilan su personalidad y sus pensamientos. No tiene prejuicios en describirse como ateo en tanto que católico…, expresión que, tal vez, necesitaría de alguna aclaración complementaria. El tema …

15 Abril, 2013(1)

Buenas noches: son las 22.30 de la noche, noche cerrada por aquí, con cielo plomizo…, mientras ahí por los madriles son las 16.30 de la tarde con cielo azul. Vuelvo de la Eucaristía a la que he ido yo solo (Clara-Edu y los niños estaban invitados a una primera comunión de niños de otras familias en misión, justamente en el Seminario, y he preferido quedarme en casa, descansando). Sobre la “Nueva Estética” . Resulta que no he podido quitar la vista del paño de hombros que cubría el atril: era el de la Anunciación: solo que, con perdón, al ángel lo he podido identificar por las alitas, porque su rostro era un huevo con ojos y pelo; la  cara de la Virgen se salvaba, pero como hay que ilustrar que la concepción en su seno virginal tiene antes lugar en su corazón, el niño (¿niño?) que aparece a la altura del pecho es más bien, sin perdón, una rana patizamba con taparrabos y una manita en el pecho, pensando que debe ser el Niño concebido por la aureola de la cabeza… En fin, que estoy con Kiko en que estas cosas no se pueden dejar al arte e inspiración de quien se eche “pa’lante”, porque luego se ven estas cosas, como otras que conozco de algunos países sudamericanos… Tiene más que razón al ser tan celoso y exigente con la arquitectura de los catecumeniums, las pinturas, etc. Aquí hay que aplicar el mismo criterio o regla de fe que indicaba San Vicente de Lerins (un padre del siglo V) en su “Conmonitorio”: antigüedad (copia perfecta de los originales), universalidad (igual en todos los sitios) y consenso general (que todos estén de acuerdo en ello). Sin embargo, el resto de los signos los mantienen y cuidan con sumo esmero: el mantel es precioso, el altar con su candelabro de  nueve luces, el pan perfectamente dibujado, etc. El tema de las brasas. Dejadme que como sustituto clandestino del Gamaliel cristiano, maestro en el Israel-taiwanés de esta parte del mundo, os haga una pequeña exegesis del evangelio de hoy. Cuando después de esa pesca de los 153 peces (no me gusta un pelo la interpretación cabalística que hace San Agustín de ese número: prefiero, …