Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Sábado, Marzo 25, 2017
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La fuerza de la educación 

Entre el sentimiento y la conducta hay un paso importante. Por ejemplo, se puede sentir miedo y actuar valientemente. O sentir odio y perdonar. En ese espacio entre sentimientos y acción está la libertad personal. Se produce entonces una decisión personal, que está en parte en ese momento concreto y en parte antes, en el proceso previo de educación y autoeducación. A lo largo de la vida se va creando un estilo de sentir, y también un estilo de actuar. Siguiendo con el ejemplo, una persona miedosa o rencorosa se ha acostumbrado a reaccionar cediendo al miedo o al rencor que espontáneamente le producen determinados estímulos, y esto ha creado en él un hábito más o menos permanente. Ese hábito le lleva a tener un estilo de responder afectivamente a esas situaciones, hasta acabar constituyéndose en un rasgo de su carácter.

Muchas de las veces que sentí miedo, y les aseguro que no han sido pocas, que no es oportuno detallar, pienso y hago la misma consideración: ¿existe, realmente, “Juan sin miedo”? y siempre contesté y me contesté lo mismo: rotundamente ¡¡no!! Habrá, sí, quien, por naturaleza y vaya usted a saber por qué otros motivos, sean más o menos miedosos; pero ¿sin miedo ninguno ni nunca? En mi opinión, quien afirme esto, miente como un bellaco. Y siempre también considero y afirmo lo mismo –tal vez de forma ingenua- : si valiente es quien vence al miedo, ¿cómo podrá darse la valentía –o incluso el heroísmo- si no se tuviese miedo para poder vencerlo…?

En definitiva, no podemos cambiar nuestra herencia genética, ni nuestra educación hasta el día de hoy, pero sí podemos pensar en el presente y en el futuro, con una confianza profunda en la gran capacidad de transformación del hombre a través de la formación, del esfuerzo personal y de la gracia de Dios.

El no poder cambiar la herencia genética (Aguiló dixit), tengo, con perdón, mis dudas. Cierto que en este mundo “todo se pega menos la hermosura”. Pues aún en este caso, tampoco creo que sea del todo cierto si genéticamente nacimos feos u horrorosos… La cirugía de hoy hace milagros; maravillas quiero decir. No, claro, sobrenaturales, sino los que proporcionan el estudio y la ciencia que avanza una barbaridad. Pues ítem digo, que por medios no quirúrgicos, la herencia genética, en inteligencia, por ejemplo, o en formación humana y otras…, aunque la herencia deje siempre “poso”, el trabajo, la constancia y la voluntad pueden conseguir “casi del todo” estos posibles defectos con los que hemos nacido o se nos han pegado por el ambiente en que nacimos, crecimos y nos desarrollamos. Ejemplos de ello –sin eliminar del todo el “poso”-, no es preciso que les cite ejemplos que están en la mente de todos. De todos es conocido, que no triunfaron en la vida sólo aquéllos que de colegiales conocimos como muy inteligentes. Es la voluntad, a veces, la que con esfuerzo ¡y trabajo! consigue más incluso que la inteligencia con que se nace sin mérito alguno por nuestra parte.

De acuerdo, sin embargo, que sin un esfuerzo personal cuasi heroico, más que “no poder” sí estoy de acuerdo en que “es muy difícil cambiar la herencia genética”. No imposible. Y vale.

Más, mucho más, podríamos añadir sobre la emotividad, por ejemplo, que tantas veces se deriva de los afectos y sentimientos. Pero por no cansar al personal, con el mucho suponer que lean semejantes “troncos” y porque ya dije el ¡vale! al uso, doy por finalizada la miniserie. Si bien me consta que, de momento al menos, omito aspectos tan importantes como son, entre otros, la influencia del tema tratado en los sucesivos artículos sobre la sexualidad y las diferentes tendencias…

                            Carlos De Bustamante.

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