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La ideología de género en las Reales Ordenanzas de las FF.AA. 

 

Vaya por delante que el Coronel que suscribe, el que hace justos 33 años fuera Mutilado Absoluto por la Patria en Acto de Servicio-declarado “a extinguir”(¿?) el Benemérito Cuerpo al que perteneció,  no se propone en estas líneas denostar a persona alguna que hizo, supervisó, autorizó o hizo posible que entraran en vigor las nuevas Reales Ordenanzas  y sigan tal y como se redactaron en sustitución de las centenarias anteriores. El que fuera,  y es, Coronel “a extinguir”, tampoco pretende aconsejar a nadie de nada  desde su condición de retirado por edad y secuelas de comprobada causa-efecto. El que ahora octogenario y ¡vivo gracias a Dios!, o por imperativo legal Teniente Coronel retirado con 49 años a pocos días del ascenso al empleo superior, dice nada más… El que fuera y es todo lo dicho, tampoco pide ni reclama nada.  Criado desde la infancia y desde que recuerdo bajo el lema “Todo por la  Patria”, y aunque en su día recurrió lo de a “extinguir” con todas las prebendas anteriores, repito, dice nada más…  

Y digo, si la dirección de nuestra Revista lo permite, que desde mi particular y puede que intrascendente punto de vista, se nos ha colado un gol de campeonato “Champions League” o mundial.  Con permiso, les expondré mis razones, sean o no las de la razón.   

ARTíCULO 73 DE LAS RR.OO. GÉNERO.  CAPÍTULO II. RELACIÓN  CON LOS SUBORDINADOS.

Artículo 73. Convivencia en su unidad.

“Velará por la convivencia entre todos sus subordinados sin discriminación alguna por razón de nacimiento, origen racial o étnico, “género”, orientación sexual, religión o convicciones, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, fomentando el compañerismo y la integración intercultural”.

A sabiendas de que piso arenas movedizas,  a lo más que me arriesgo es a que o no se me publique esta opinión o a que se me tache de homófobo.

Al llegar a este punto,  creo oportuno recordar el concepto socialista de “género”:

“El feminismo de la igualdad es una tendencia escindida del feminismo radical en los años 70 que pretende conseguir la igualdad entre los dos sexos. Las feministas de esta tendencia desarrollan su actividad e influencia principalmente a través de un trabajo institucional orientado al objetivo de que las mujeres obtengan igual acceso al poder político que los hombres. El feminismo de la igualdad, al contrario de la tendencia opuesta del feminismo de la diferencia pone el acento en que las concepciones de lo femenino y lo masculino son constructos que obedecen a un tipo particular de roles sociales, “los roles de género” y no a diferencias esenciales o inmanentes entre los sexos. Sus adherentes no renuncian al concepto de «sujeto femenino» —como sujeto construido y sometido— ni tampoco al concepto de «igualdad universalista» construido desde los parámetros del patriarcado, pero ponen siempre el énfasis central en el objetivo de la igualdad”.   

Antes de continuar, me permito traer a colación dos conceptos fundamentales a este caso  que define la RAE: Feminidad y femineidad, parecidos, pero esencialmente distintos.   

Dice el diccionario de la RAE al respecto, FEMINIDAD: “estado anormal (subrayen, por favor anormal),  del varón  en el que aparecen uno o más caracteres sexuales femeninos”.

Por el contrario, FEMINEIDAD, dice ser al “carácter femenino de la mujer”. Delicadamente, lo contrario a mujer varonil o marimacho en román paladino. Sin delicadeza con otro apelativo que por supuesto omito. El que, a mi entender, sería tan anormal como feminidad en el varón ¿o no?

Dicho lo cual, vuelvo al artículo 73 de las RR.OO. en vigor. El que fue introducido como novedad progresista durante uno de los anteriores gobiernos.  No me pronunciaré a favor ni en contra de si la modificación es buena, regular o mala. Tampoco si precisa de cambios, modificaciones o anulación.

Si en algo de lo mucho que poseen por méritos propios, podemos enorgullecernos los que hemos dedicado la vida entera al servicio de España, es de que nuestras esposas, prototipo de femineidad en circunstancias  extremas aún para hombres “de pelo en pecho”, que supieron estar ¡sin perderla! a la altura de lo que les tocó vivir a sus maridos profesionales por vocación en la milicia.

Tan esto es y fue así, como que  sin atisbos siquiera de feminidad, los maridos “normales”, supimos cumplir y aún excedernos con hombría y lo que es de común entendimiento —y ustedes me entienden— entre hombres muy hombres, los deberes más duros en situaciones que reflejan tantas hojas de servicios ejemplares.  

Cuando escribo estas líneas, veo con asombro y pena, mucha pena, cómo en una manifestación de orgullo gay, se hace mofa blasfema de Jesús atado a la columna, con el cuerpo desnudo pintarrajeado con lo que no sería correcto nombrar siquiera. ¿Se imaginan ustedes, que alguno de los que lo ha hecho fuera miembro admitido en nuestras FF.AA?  

Para que lo dicho no se quede en una sola opinión personal expongo algunos razonamientos con diferente procedencia; pero de tal importancia, que como “valores” importantes que son para nuestras Fas, bien merecen ser tenidos en cuenta: los de carácter científico primero y los basados en la más fundamental, siempre incluida en nuestros programas de instrucción, cual es la Educación Moral.       

En WASHINGTON DC, la última edición de la revista científica “Archives of Sexual Behavior” publicó esta semana el famoso estudio realizado por uno de los expertos en epidemiología psiquiátrica más importantes en el mundo, Robert L. Spitzer, que a través de numerosos casos médicos demuestra que “la homosexualidad es una enfermedad y puede curarse”. El estudio fue presentado hace dos años en el Congreso de la Asociación Psiquiátrica Americana, luego de que  Spitzer se retractara de la postura que lo hizo impulsar en 1973 el retiro de la homosexualidad de la lista de desórdenes psiquiátricos.

La investigación —basada en más de 200 casos— explica cómo los hombres y mujeres homosexuales son capaces de ser “predominantemente heterosexuales” luego de una psicoterapia ofrecida en su gran parte por organizaciones religiosas.

Según el Dr. Spitzer –profesor de psiquiatría en la Universidad de Columbia en Nueva York–, aunque la mayoría de homosexuales se declaran seguros de sus preferencias sexuales, otro grupo preferiría adoptar un estilo de vida heterosexual.

Otra opinión a tener muy en cuenta es la del p. John Claude Sanhauja. El  gran teólogo con título “cum laude” obtenido en la Universidad de Navarra y de reconocida valía internacional contesta a una entrevista difundida ampliamente en las publicaciones más prestigiosas y dice así:

Decía usted que el lobby gay trata de incluir en España sus postulados en la asignatura de religión… ¿Cree usted que hay una importante presencia del lobby gay en la Iglesia en España? ¿Y en la Santa Sede?

—Al lobby gay lo hemos dejado crecer, en gran parte, nosotros. Me remito a la respuesta que di a la pregunta sobre la ingenuidad de los católicos. Es inaudito que hoy, en muchos ambientes, no se pueda decir que la homosexualidad es una tendencia “objetivamente desordenada”, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el n°2358. Y prácticamente se ocultan los documentos de la Iglesia que comienzan con la Declaración Persona Humana de 1975, bajo el pontificado de Pablo VI, en adelante.

A la vez, se relajó la disciplina eclesiástica. Ciertas jerarquías católicas dejaron que personas con esa tendencia se ordenaran sacerdotes o accedieran a cargos de cierta responsabilidad en la estructura eclesial, en la catequesis, en los colegios católicos, etc. Y así, se fue extendiendo una especie de mala tolerancia, de falsa caridad, que nos ha llevado a la situación actual.   

Por supuesto, que además existe la presión exterior a la Iglesia para aceptar ese tipo de comportamientos. El cardenal Ratzinger lo advertía en 1995, diciendo que había grupos de presión que pretendían cambiar la opinión pública para que la homosexualidad fuera considerada una forma normal de sexualidad y, a la vez, exigían que la Iglesia revirtiera su juicio sobre ella. Esos grupos, decía el cardenal, acusan de discriminación a todos los que no estuvieran de acuerdo con ellos.   
Imposible omitir la dispuesto por la autoridad  eclesiástica referido a una “profesión vocacional” como es la nuestra y que bien pudiera ser aplicable a la admisión  de según quién en la milicia.  

—Disposición sobre la ordenación sacerdotal  de homosexuales:

A la luz de tal enseñanza, este Dicasterio, de acuerdo con la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, considera necesario afirmar claramente que la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, “no puede admitir” al Seminario y a las Órdenes sagradas a aquellos que practican la homosexualidad, “presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyan la así llamada cultura gay”.

 Las personas mencionadas se encuentran, de hecho, en una situación que “obstaculiza gravemente establecer una correcta relación con hombres y mujeres”. No se pueden descuidar las consecuencias negativas que pueden derivar de la Ordenación de personas “con tendencias homosexuales”. 

Les aseguro que todo el respeto y comprensión con cada uno en particular de los que sufran (¿?) estas anomalías. Si repasamos detenidamente el articulito de marras ¿acaso nadie  puede ver ningún riesgo?  ¿Ni en la intención con que se redactó? ¿No hemos visto cómo se abrazaban con alborozo en el Congreso después de aprobado el logro progresista de  la ley del aborto, y otras, las compañeras y afines en ideología? ¿Acaso, y finalizo,  no hemos visto del bracete a la promotora de este cambio con el que portaba el letrero de la, con perdón, “(p……) España”?  Para más y mejor información y posición al respecto, me permito aconsejarles, además de las  enseñanzas sobre el particular del Papa para los católicos que somos mayoría, el libro de  Richard Cohen: “Hijos gays, padres heterosexuales”.

Carlos de Bustamante. Coronel de Infª Retirado (Miembro de AEME)  

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