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La Liturgia no es una convivencia simpática sino un momento sagrado, afirma Cardenal 

“Es esencial comprender y vivir la liturgia como un momento sagrado”, afirmó el Prefecto Emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Cardenal Jorge Medina Estévez.

“No es un momento banal, no es un momento de convivencia simpática como puede tener un grupo de amigos, es otra cosa”, aclaró el Cardenal, quien formó parte de la comisión redactora del Catecismo de la Iglesia Católica, en concreto de la parte sobre la Liturgia y los Sacramentos.

En entrevista con ACI Prensa, el Cardenal Medina se refirió a los intentos de algunas parroquias y comunidades de modificar la liturgia con la intención de hacerla más agradable a la asamblea, frente a lo cual señaló que “hay cosas que son inamovibles y cosas que pueden ajustarse”.

“Si tú miras la liturgia como se celebra en Oriente, el rito bizantino por ejemplo, no es exactamente la forma como se celebra en Occidente en el rito romano. Son dos formas, ambas perfectamente legítimas”, explicó.

En el caso de la homilía, dijo que “puede ser más cercana a la gente, pero no puede caer en un lenguaje vulgar, porque le hace perder el carácter de parte de un conjunto que es sagrado”.

“La liturgia está orientada hacia Dios, es una alabanza, como son los salmos”. Por lo tanto, continuó el Cardenal Medina, “el centro de la Eucaristía no es el hombre, sino Dios”.

En ese sentido, señaló que “en la Misa lo importante es el Señor Jesús y no el sacerdote. Este último no es un actor, ni estrella de cine o alguien que atrae la mirada hacia sí, sino que actúa como ministro, como servidor, como intermediario, como instrumento de la acción de Dios”.

“Esa actitud del sacerdote está subrayada, me parece a mí, por el hecho de que celebra con ornamentos y no con el traje de calle. El ornamento invita a olvidarse de la persona, de las cualidades personales del sacerdote, para pensar que estamos frente a una persona que está actuando como instrumento de Dios”, sostuvo.

En cuanto a las formas de recibir la comunión, el Cardenal Medina explicó que en la Iglesia han existido distintas costumbres, “legítimas en su momento”.

Por ejemplo, “en el siglo III solía llevarse la Comunión a la casa y guardarla en un lugar respetable y cada día comer un pedacito. Eso existió, pero después la Iglesia no aceptó que se tuviera la Sagrada Eucaristía en las casas, a excepción de los obispos y sacerdotes con permiso del obispo”.

En cuanto a recibir la Sagrada Comunión en la mano, el Cardenal expresó que “no me preocupa tanto la cosa, porque yo he cometido más pecados en mi vida con la lengua que con las manos, de manera que no creo que mi boca sea de suyo más santa que mis manos”.

Pero aclaró que “la persona ahí mismo debe llevársela a la boca”, para evitar casos en los que se han llevado la hostia consagrada en el bolsillo “para después usarla para cualquier cosa, incluso para actos de brujería”.

En ese sentido, dijo que una ventaja recibir la Comunión en la boca es evitar que queden algunos restos en la mano.

“A mí personalmente me agrada que la Comunión sea recibida en la boca y de rodillas, como una expresión de respeto hacia un acto tan sagrado como es recibir el cuerpo de Cristo”, concluyó.

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