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La más difícil Semana Santa 

Ser cristiano en el mundo se hace cada día más difícil y quizá por eso aumente año tras año el número de católicos

Las celebraciones de la Semana Santa de este año no pueden ignorar el sufrimiento de decenas de miles de cristianos en las tierras donde nació el cristianismo. Perseguidos y amenazados, prohibidos y marginados, expulsados y asesinados, en cualquiera de estas vertientes de su vida diaria se encuentran los cristianos en Egipto, Siria, Irak, Pakistán y tantos otros países donde el fanatismo integrista o el comunismo residual ven al cristianismo como un enemigo. Ser cristiano en el mundo se hace cada día más difícil y quizá por eso aumente año tras año el número de católicos. Dijo el Papa Francisco que hoy se persigue a los cristianos más que en los primeros tiempos del cristianismo.

Y así es y cada cristiano asesinado por su fe -a cuchillo o con bombas de Daesh- es un mártir. Por eso, esta es para los cristianos la más difícil de las Semanas Santas de los últimos tiempos. Incluso en democracias civilizadas como la española, la presencia del cristianismo en la vida pública se ha convertido en la excusa para justificar una persistente campaña de acoso, camuflada de laicidad, contra los valores cristianos encarnados por la Iglesia Católica. Lo mismo se ataca a la Iglesia por inscribir en el Registro de la Propiedad templos que le pertenecen desde tiempo inmemorial, que se pretende expulsar de la televisión pública la retransmisión de la santa misa dominical o se pretende eliminar cualquier posible enseñanza religiosa en la escuela pública. Los mismos que propugnan este laicismo agresivo suelen abanderar -más de palabra que con resultados- las causa sociales de las que se ocupa silenciosa y eficazmente la Iglesia Católica, principal institución no pública dedicada a asistir y amparar, sin condiciones, a cualquier familia o ciudadano necesitado, sea cual sea su origen o su fe religiosa.

Al final, nadie puede imponerse a los sentimientos colectivos y esto explica que la contumacia anticristiana de grupos políticos y sociales de izquierda choquen siempre con la realidad de la sociedad española. Una gran mayoría de los españoles, al margen de cuál sea el nivel de su práctica religiosa, incorporan la fe cristiana en los momentos cruciales de su vida, desde el nacimiento hasta su muerte. Una parte de los asistentes a las procesiones que recorren estos días las calles españoles se sentirá motivada principalmente por curiosidad personal o por interés cultural. Pero son muchos más los que hacen de su presencia en las procesiones una manifestación pública de su fe cristiana, que se hará más nítida y cohesionada cuanto más sea atacada. La respuesta que dan millones de españoles a las celebraciones de Semana Santa, incluidas las procesiones, no se explica como un acto de folclore colectivo. Es la consecuencia natural de que los valores cristianos son parte esencial de la identidad histórica y nacional de España.

 

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