Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, septiembre 21, 2018
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La verdadera puerta 

«En aquel tiempo, dijo Jesús: “Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: “Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”».  ( Jn 10, 1-10)


No conozco a nadie, ni cercano ni lejano, ni famoso o no, que no busque la felicidad. Yo mismo me he sorprendido en alguna ocasión afanado en ello. ¡Cuántos “buenos consejos” hemos oído e incluso seguido para encontrarla! Los políticos no paran de vendernos el logro del Estado del bienestar; los sindicatos, las metas a conseguir para mejorar las condiciones de trabajo y así ganar en calidad de vida; los ideólogos distintas filosofías que, de seguirlas,  tendrán como resultado la escurridiza felicidad; en los medios de comunicación  todo el mundo te dice qué es lo que nos hace falta para ser felices; y así un largo etcétera.

Con todo esto no sé si nos damos cuenta que al seguir alguna de estas corrientes la hacemos tan nuestra que creemos que en ella se encuentra la verdad. Al hacerlo, de alguna manera, tendemos a enfrentarnos con aquellos que no la comparten, y en el mejor de los casos estos enfrentamientos traen como poco, descalificaciones.  De la búsqueda de la felicidad hemos pasado a encontrar todo lo contrario: la discordia y el enfrentamiento, que nos roban la paz y nos hacen vivir en la mentira.

Si existe el sufrimiento, si existe la enfermedad y si existe la muerte podemos concluir que la felicidad no existe, que todo es “caza de viento”. En cambio sí existe vivir en el Amor de Dios, y para ello hoy se nos presenta la puerta que tiene justo tu medida, con los brazos abiertos en cruz; entra por ella y descubrirás que solo en el “dar la vida” sin esperar nada a cambio se experimenta, contra toda lógica mundana, la vida buena.

Entremos por la  puerta: Cristo. Los demás saltan por otra parte haciendo estragos, te roban la Paz y te enturbian el alma, pues su única misión es borrar la imagen que Dios creó en ti en su acto de Amor creador. Entra, pues como nos dice Él:  “Yo he venido para que tengan Vida y la tengan abundante”.

Juan M. Balmes

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