Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, octubre 20, 2017
  • Siguenos!

Letanías sálmicas de Dios Padre 
Por Horacio Vázquez

Los Salmos son, ante todo, una colección de oraciones, alabanzas y súplicas a Dios Padre, aunque con tal título, referido a la Primera Persona de la Santísima Trinidad, no aparezca en las Sagradas Escrituras hasta la llegada al mundo de Jesús.

Y es que el pueblo judío no esperaba un Mesías Hijo de Dios, sino a un Mesías hombre como los demás, perfecto, poderoso, y capaz de reunir a todos los pueblos en una sola fe, pero solo un hombre. Así se trasluce en los salmos de inspiración mesiánica: “Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia, el Señor te bendice eternamente”, Sal. 45(44), o en el 72(71): “Dios mío confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia…”. Y así se pone igualmente de manifiesto en el pensar de los apóstoles, que seguían a Jesús para instaurar un reino terrenal.

Por eso en las invocaciones al Dios del Antiguo Testamento no se utiliza la palabra “Padre”, pues no se percibe aún la filiación divina de los hombres como verdaderos “hijos de Dios”, que se producirá por el hermanamiento con Jesús, el Hijo del hombre, el que Daniel intuyó en su visión nocturna bajando entre las nubes. Y por eso se le nombra como Dios, Señor, Santo, Juez, Protector, Pastor, Benigno, o Misericordioso, y se le dedican encendidas loas en las que se atisba a veces el “celo protector del padre”, o se alude al amor que nos une, así el Salmo 18, 2-3: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza: Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.”. Hermosa paráfrasis, fácil de recordar y repetir, invocación amorosa que debería estar de modo frecuente en nuestros labios.

Pero en los ciento cincuenta salmos de este Libro, tienen cabida los más tiernos y evocadores títulos divinos con los que aquellos poetas enardecidos que lo compusieron, cantan y proclaman la gloria de Dios, y que nosotros, ahora, después del año de gracia jubilar, podemos acompañar con el ruego piadoso de la misericordia divina.

De todos los títulos con los que se ensalza al Todopoderoso en estos cánticos sagrados, se han seleccionado cuarenta invocaciones que es la cifra de la “manifestación de la divinidad”

LETANÍAS SÁLMICAS.

Dios de justicia

Dios Santo

Dios de salvación

Dios del universo

Dios Salvador

Dios de Israel

Dios de Abrahán

Dios del Sinaí

Dios de Jacob

Dios de perdón

Dios compasivo

Dios Fiel.

Dios que castiga las maldades

Dios de nuestra alabanza

Rey de la gloria

Rey del mundo

Rey Victorioso

Rey Poderoso

Señor Altísimo

Señor del universo

Señor de toda la tierra

Juez de los pueblos

Juez justo

Protector de las viudas

Protector de Israel.

Protector de los peregrinos

Roca del corazón

Roca que nos salva

Santo de Israel

Padre de los huérfanos

Pastor de Israel

Sostén de los humildes

Bueno con todos

Defensa de nuestra vida

Lote perpetuo

Pan de los hambrientos.

Sanador de los corazones destrozados

Piadoso y clemente

Glorioso y poderoso

Benigno y justo

Añadir comentario