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Locura de amor 

El pasado cuatro de septiembre el Papa Francisco canonizó a Teresa de Calcuta la archi popular Madre Teresa que dejando su casa y su familia en tierras albanesas se dedicó a cuidar a los pobres entre los pobres en la lejana India. Acogió en sus casas de Misioneras de la Caridad a los desahuciados, enfermos terminales, leprosos y niños abandonados que recogía por las calles y los llevaba a las humildes casas de acogida que tenían las Misioneras de la Caridad y no solo para cuidarlos y alimentarlos, elogiosa labor, sino para darles lo que nunca habían tenido el calor del amor. A este respecto decía Madre Teresa, la peor pobreza no es la falta de alimentos o cualquier otro tipo de indigencia, la verdadera pobreza es la falta de amor. ¡Cuánta razón tenía! así lo manifestaban las personas acogidas en sus casas, que se sentían felices de saberse queridas por las religiosas y de poder morir amadas por ellas. Y es que la Madre Teresa, de pequeña estatura física, era un gigante en el amor. Amaba a Cristo con todo su corazón y este amor se transformaba en ella en amor gratuito, incondicional para con su prójimo, sobre todo con los más desvalidos. Este amor la llevó a visitar a los poderosos, de quienes conseguía ayudas económicas para sus pobres, es el caso de Diana de Gales o de nuestra reina emérita doña Sofía que apoyaron con sus donativos la construcción de casas de acogida para los pobres. Pero no se conformaba con llamar a las puertas de los que podían ayudarla sino que aprovechó la fama que iba adquiriendo por este raro amor con que distinguía a los necesitados, no en beneficio propio sino para levantar su voz y tocar las conciencias de los poderosos, tanto en favor de la vida rechazando de plano el aborto, como para concienciarlos en favor de los necesitados. Amaba la paz y gritó a los cuatro vientos para que se detuvieran las guerras. La trayectoria de su vida hizo que los grandes se fijaran en ella y le concedieran el Nobel de la Paz que invirtió íntegramente en sus necesitados. No faltó quien la denigrara injustamente, como ha ocurrido con los grandes santos. No entendían, en su estrechez de miras, este amor inmenso y desinteresado calificándolo de locura.

¡Bendita seas, Madre Teresa! y bendita sea esta locura de amor

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