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Los coptos abarrotan las iglesias de Egipto pese a la amenaza islamista 

Los atentados del pasado Domingo de Ramos en dos catedrales del norte de Egipto, que causaron 46 muertos, no han espantado a los fieles de las iglesias, sino que les han alentado a participar “más que antes” en las misas de Semana Santa.

En la Iglesia de San Pedro, en el complejo de la catedral de El Cairo, en el barrio de Al Abasiya, cientos de cristianos se han acercado a participar en las oraciones, a pesar de que ese mismo templo fue blanco de otro ataque terrorista el pasado diciembre, que dejó una treintena de muertos, la mayoría mujeres y niñas. “El número de fieles se ha duplicado tras los atentados”, dice Antonius Munir, el cura de esa iglesia, donde han sido colocadas numerosas sillas supletorias fuera del edifico para dar cabida a todos los que han acudido a participar en los rituales.

Munir asegura que el ataque de diciembre en San Pedro y los de esta semana en las catedrales de San Jorge, en la ciudad de Tanta (delta del Nilo), y San Marcos de Alejandría -costa mediterránea-, “animan a la gente a ir” a las iglesias. “El hecho de que hubo mártires -en referencia a los víctimas- no evita que los fieles acudan a rezar, sino que aumenta su número”, explica, antes de destacar que nunca había visto tanta afluencia en los días de la Semana Santa como este año.

Los coptos egipcios, que representan entre el 10 y el 12 por ciento de la población, tienen siempre presente la persecución que sufrieron los cristianos durante el Imperio Romano y su caída en desgracia con el advenimiento del islam en el siglo VII, que supuso el fin del cristianismo como religión mayoritaria en Egipto. “El principal pilar de la iglesia copta es el martirio, forma parte de nuestra historia”, dice Munir, que sostiene que para los coptos egipcios -muchos de los cuales han emigrado a EEUU, Canadá y Europa en los pasados años- “la persecución no es algo nuevo”.

Wadie, un fiel de 42 años, cuenta que a pesar de los ataques del domingo, reivindicados por el grupo terrorista Estado Islámico (EI), no ha tenido miedo de ir a la iglesia para los ritos de Semana Santa. “Sentí que tenía que asistir más que nunca”, explica este padre de tres hijos, que perdió a su hermano Nabil en el atentado de diciembre en la misma iglesia donde acaba de rezar. Asegura que esta Semana Santa acude a misa todos los días con su familia e insiste en que no tiene miedo, aunque reconoce: “Estoy lleno de ira por dentro”.

El gran número de cristianos en los templos está acompañado de una destacada presencia de policías y soldados, desplegados en las cercanías de las iglesias por orden del presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, que declaró el estado de emergencia en todo el país horas después de los atentados del Domingo de Ramos.

Los militares y los agentes revisan los documentos de identidad de los feligreses, en el cual se indica la religión que profesa cada ciudadano egipcio, y les hacen pasar por un detector de metales antes de acceder a la iglesia.

Tras superar este primer control de seguridad en los accesos principales, los “boy scouts” son los encargados de comprobar de nuevo los carnets de los fieles en el interior de la iglesia y de organizar a la muchedumbre en las bancadas. Uno de estos voluntarios de nombre Albair, de 33 años, ha sido “boy scout” en la catedral de San Marcos en los pasados 15 años.

Explica que estos días los jóvenes con uniforme caqui y un pañuelo en el cuello están atentos a cualquier cosa que ocurra tanto dentro como fuera del templo, después de los últimos atentados. “Estamos haciendo un trabajo que no nos corresponde: no sólo nos encargamos de la organización, sino que también tenemos que garantizar la seguridad”, subraya.

Albair se queja de que las fuerzas de seguridad no quieren asumir toda la responsabilidad y que los voluntarios tienen que apoyar su labor, especialmente estos días ante el gran número de personas que acude a las misas de Semana Santa. Sin embargo, el joven asegura que los fieles colaboran y nadie se queja por los controles de seguridad: “A pesar de que la gente está rabiosa -por lo sucedido-, nos muestran sus carnets y bolsos inmediatamente para que los veamos”.

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