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Los ídolos 

Quod idola dii non sint, se afirmaba con fuerza en la era de los mártires. El hombre, seducido por el demonio, eleva las realidades creadas – criatura humana o piedra -, a la categoría de una divinidad quedando esclavo de ellas por el miedo a la muerte:

Él, [Cristo] para reducir a la impotencia mediante su muerte al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo, y liberar a los que, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud… [compartió (con los hombres mortales) la carne y la sangre] (Cfr. Hb 2, 14-15].

Para captar a su favor las fuerzas de la naturaleza el hombre inventa mitos, ritos, y se fabrica talismanes.

Naturalmente, él sabía (san Pablo) que habían tenido dioses, que habían tenido una religión, pero sus dioses se habían demostrado inciertos y de sus mitos contradictorios no surgía esperanza alguna. A pesar de los dioses, estaban « sin Dios » y, por consiguiente, se hallaban en un mundo oscuro, ante un futuro sombrío. « In nihil ab nihilo quam cito recidimus » (en la nada, a la nada, qué pronto desaparecemos!) Benedicto XVI, Spe Salvi, §1.

San Agustín, hablando de esta época de su vida en la cual buscaba a Dios por fuera, en el sol, las estrellas, los mares, afirma en el Libro 10 de sus Confesiones:

Tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste resplandeciente, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.

Si no en la creación, que sí, ¿dónde con mayor fuerza aún se ha hecho Dios visible, audible, tangible, cercano al hombre? (1 Jn 1, 1-4). Dios se hace presente por medio de la Iglesia. San Agustín dice que el  encuentro lo tuvo en la predicación:

Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste resplandeciente, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume…

Por medio de la predicación del kerigma recibimos la fe, el demonio disfrazado de falso dios es exorcizado, el Espíritu Santo, invocado:

Que yo, Señor, te busque llamando y te invoque creyendo en ti, pues me has sido ya predicado. Te invoca, Señor, mi fe, la fe que tú me diste, que tú me inspiraste por la humanidad de tu Hijo y el ministerio de tu predicador. Confesiones, Lib 1,I,1.

San Agustín fue catecúmeno de San Ambrosio y bautizado por inmersión en la Catedral paleocristiana de Milán.

En épocas más recientes se han manipulado los elementos de la naturaleza para construir una religión anticristiana:

El proceso de asimilación de la nueva religión germánica, que debía sustituir al cristianismo ‘alienante’, con sus festividades litúrgicas, tenía sus ritos: el Árbol de mayo, los festejos del Solsticio marcarían el regreso a la santa naturaleza, sustituyéndola a unas ideas extranjeras judeo-cristianas basadas en los pecados y la redención. Ratzinger, Joseph, Lembranzas da minha vida, Autobiografía parcial, Sao Paulo, 2006, 17.

La idolatría, nos hace ciegos al Amor.

Los ídolos esclavizan. Prometen felicidad pero no la dan; y te encuentras viviendo por esa cosa o por esa visión, atrapado en un vórtice auto-destructivo, esperando un resultado que no llega nunca. Queridos hermanos y hermanas, los ídolos prometen vida, pero en realidad la quitan. El Dios verdadero no pide la vida sino que la dona, la regala. (…) Los ídolos proyectan hipótesis futuras y hacen despreciar el presente; el Dios verdadero enseña a vivir en la realidad de cada día, en lo concreto, no con ilusiones sobre el futuro. (…)

De hecho, el amor es incompatible con la idolatría: si algo se convierte en absoluto e intocable, entonces es más importante que un cónyuge, que un hijo, o que una amistad. El apego a un objeto o a una idea hace ciegos al amor. Y así para ir detrás de los ídolos, de un ídolo, podemos incluso renegar al padre, la madre, los hijos, la mujer, el esposo, la familia… lo más querido. El apego a un objeto o a una idea hace ciegos al amor.

Llevad esto en el corazón: los ídolos nos roban el amor, los ídolos nos hacen ciegos al amor y para amar realmente es necesario ser libres de todo ídolo. Papa Francisco 5/8/2018.

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