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Makoto Fujimura 

Makoto Fujimura, japonés afincado en Nueva York desde que era niño, es un gran artista, un extraordinario ser humano y un alma excepcional. Cuando se convirtió al cristianismo, todo su trabajo se enfocó en construir al ser humano desde los principios de la fe para formar una civilización en valores sólidos. Creó incluso una fundación impresionante llamada el IAM (International Arts Movement), basada en el concepto de restaurar la cultura que hoy en día se ve quebrada, para crear un mundo unificado, buscando armonía y esperanza. En este movimiento reúne a artistas de todos los campos —desde arquitectos y artistas plásticos hasta cineastas y payasos— con el fin de colaborar juntos en proyectos que reconstruyan a la sociedad desde la cultura, con un sentido de renovación en valores, basándose en tres principios: Arte, Fe y Humanidad.

Por su calidad de artista reformador fue nombrado miembro del Consejo Nacional de las Artes para el Gobierno de EE.UU. durante seis años, y en el 2014 la Academia Americana de Religión le concedió el premio insigne del año. Mako, a quien he tenido el honor de conocer, es de esas personas admirables no solo en su trayectoria profesional y pictórica, sino asimismo en su insaciable hambre de crear piezas concretas y también agrupaciones, ideas, sueños y metas ideales, que para muchos de nosotros se quedan en conceptos abstractos pero que él consigue materializar en percepciones palpables. Parece que esté describiendo a una apisonadora, a un torbellino emocional, estético y espiritual, pero cuando te encuentras cara a cara con Mako lo que más impacta es su humildad, su mirada profunda llena de vida y de fuerza que trasmite con una inmensa sencillez que llena y conmueve.

 Es justamente esa apreciación de la sencillez la clave de su vida y de su obra. ¡La grandeza en la pequeñez!, cuántas veces lo hemos oído y aun así necesitamos que nos lo sigan atornillando. Mako, en alguna ocasión ha utilizado un poema de William Blake para describir la forma en la que deberíamos apreciar el arte y la vida:

Ver al mundo en un grano de arena

Y el cielo en una flor del campo.

Sujetar la infinidad en la palma de tu mano

Y la eternidad en una hora

Este poema es como una recomendación para afinar nuestros sentidos y descubrir toda la belleza del mundo en un simple grano de arena. Mako nos invita a ver el polvo de los pigmentos que emplea en sus obras como prismas que reflejan destellos del arcoíris. Es muy interesante cómo nos incita a mirar sus cuadros con pausa, como meditaciones, interiorizándolas antes de intentar comprenderlas, y procurando incluso “oírlas” con los ojos. Es muy bonito cuando, hablando también de nuestro camino de la fe, describe la forma en la que deberíamos entrenar nuestra vista para llegar a ver con los ojos del corazón y que podamos conocer la esperanza. «Iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos» (Ef 1,18).

Mako recibió un encargo muy especial en el 2011 con motivo de los cuatrocientos años de la publicación de la King James Bible (la traducción al inglés de la Biblia), para la que realizó ilustraciones casi como si fueran iluminaciones de los cuatro evangelios, a modo medieval pero desde una visión contemporánea. “Pinté cinco grandes imágenes para ilustrar los cuatros santos evangelios, usando acuarelas de materiales Nihonga (pintura de estilo japonés), enfocándome en las lágrimas de Cristo (Jn 11), lágrimas derramadas por las atrocidades del siglo pasado y por nuestra oscuridad actual”.

 

“Las Lágrimas de Cristo”

Cuando Mako habla de pintura Nihonga se refiere a obras que se han realizado de acuerdo con las convenciones artísticas tradicionales de Japón, incluyendo técnicas y materiales. Precisamente estuvo estudiando en la Universidad de Bellas Artes de Tokyo estas técnicas para traducirlas a un lenguaje actual, pero empleando el mismo tratamiento artístico de hace más de mil años. La modulación de tonos de tinta domina sus cuadros para llamar la atención a través de la sutileza de los cambios cromáticos de los pigmentos y minerales que utiliza.

Evangelio de San Mateo

“Considera los lirios” 

Esta obra es realizada con más de sesenta capas de mineral azurita y malaquita, delicadamente pulverizado sobre la tela, con reflejos de polvo blanco de concha de ostra y pintado con tinta sumi envejecida durante unos cien años. Pigmentos de oro y platino forman parte también de esta pieza, aglutinados con una cola japonesa que ya no se fabrica. Según Fujimura, la elección de los materiales eleva la obra al estatus de joya para que el espectador experimente cómo unos simples lirios abriéndose pueden simbolizar una realidad regeneradora, eco de la Resurrección de Cristo, la joya de nuestra fe.

En uno de sus escritos, Mako medita sobre el texto de Lucas 12,27-29, que le inspira a pintar esta obra centrándose en la llamada a la confianza en el amor incondicional de Dios . «Fijaos en los lirios, cómo ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste. ¡Cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! Así pues, vosotros no andéis buscando qué comer ni qué beber, y no estéis inquietos».

Evangelio de San Marcos

“Llamas de Agua”

Makoto describe en esta obra la forma en la que las llamas abrasan pero a la vez santifican. Nuestra mirada recorre el cuadro hacia arriba elevándonos hacia la salvación. El autor se inspiró en los grandiosos cuadros monocromáticos de Rothko, pintados en tonalidades de rojo japonés, pigmentos plateados y tintes indios.

Evangelio de San Lucas

“El Dios Pródigo”

Esta obra está inspirada en el libro “El Dios Pródigo”, de Timothy Keller. En este libro, Keller, basándose en la parábola del hijo pródigo (Lucas 15) analiza cómo Jesús revela la gracia pródiga del amor infinito de Dios, buscando recuperar el corazón de la fe cristiana.

La complejidad visual de este cuadro refleja para el artista su lucha interior partida entre dos mundos: una, la que representa el hermano mayor en la parábola, legal, moral, constante, y otra, la que ilustra la reacción desorbitada e incomprensible de un padre entregando un amor incondicional. Mako se siente tirado por ambos lados para poder amar en profundidad; la tensión y la entrega se ilustran en esta obra.

Evangelio de San Juan

“En el principio”

Fujimura explica con esta pieza la forma en la que el primer capítulo del evangelio de Juan habla tanto de la creación como del misterio de la encarnación de Jesús. El artista siente la necesidad de ir más allá de la apreciación del lienzo; el arte tiene que abordar estos misterios, tiene que abrirnos a preguntas, adentrarnos en nuestra alma y buscar más allá de la realidad. Esta obra fue realizada como una performance en vivo que Mako pintó en colaboración con la percusionista de jazz, Susie Ibarra; uniendo así arte y música con el puente de la fe.

Me gustaría concluir con una anécdota referente a esta edición excepcional de los evangelios, ilustrada tan grandiosamente por Makoto. Este nos cedió una de las obras para que la expusiéramos durante la JMJ Madrid 2011 y fue presentada durante la exposición de Arte +Fe que tuvo lugar en la Fundación Pons. Tras la inauguración de la exposición, los artistas representados se reunieron para compartir sus vivencias y su enfoque de la fe cristiana a través del arte. Eran artistas cristianos provenientes de diversas culturas y nacionalidades, pero todos con la misma bandera de Jesucristo clavada en el corazón. Como comisaria de la exposición quise empezar el congreso con una oración ecuménica que nos uniera a todos. Uno de los artistas —sacerdote jesuita filipino— tomó un ejemplar de los evangelios ilustrados por Makoto y, abriéndolo al azar, inspirado por el Espíritu Santo, proclamó el texto. Acto seguido, rezamos juntos el padrenuestro, y otra de los artistas, cantante de jazz y soul en Chicago, cerró el encuentro con la maravillosa oración cantada: “Amazing Grace”. En ese momento vi realizadas las palabras de Mako, al abrirse de par en par los ojos de nuestros corazones.

María Tarruella
Comisaria Arte + Fe

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