Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Domingo, Agosto 20, 2017
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No se habían dado cuenta 

En el Evangelio de San Mateo, al final, en el capítulo 25, el Señor nos adoctrina y exhorta con la parábola de la diez vírgenes y la de los talentos. Después dedica un amplio texto sobre el juicio final (vv 31-46), con un estilo de narración propiamente oriental, con repetición de fórmulas i guales para los que están sentados a la izquierda (las cabras) y los de la derecha (las ovejas). En efecto: «tuve hambre y me disteis de comer […]». Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, etc.» Y repite todo el texto aplicado a los de su izquierda pero en sentido negativo: «Tuve hambre y no me disteis de comer, etc.»

¿Qué es lo que me llama la atención?: pues que tanto unos como otros no se habían dado cuenta de cuándo le dieron (o negaron) la comida, el agua, visitaron a los forasteros, lo hospedaron cuando estaba desnudo, y lo fueron a ver en la cárcel. Los justos habían sido «ignorantes» del bien que hicieron. ¿Por qué? Porque la gracia de Dios actuaba en ellos en silencio, conscientes, sin embargo, de que el Señor transciende nuestro querer y obrar y, especialmente, porque todo lo que hicieron los «benditos de mi Padre» con los necesitados, era como si se lo hubieron hecho a él mismo, de modo que el mérito de «heredar el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo» no dependía de ellos, pues no existían cuando Dios lo tenía planeado así. A los de su izquierda, les dirá: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles»; estaban destinados igualmente para recibir esa herencia, pero sobre todo no movieron un dedo para asistir a los pobres, no hicieron nada por ellos, se desentendieron de todo, que era como desatender y negar al mismo Jesucristo. De ahí la herencia: para unos el reino del Padre; para los otros, el infierno.

                                 Jesús Esteban

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