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Peste en Madagascar 

Diego Jerez y Giuditta Chersovani son familia en Misión en Madagascar desde hace 5 años. Pertenecientes al Camino Neocatecumenal, la misión de este matrimonio consiste en vivir con los pobres y anunciarles el amor de Cristo muerto y resucitado. En plena epidemia de peste, los misioneros nos explican cómo vive la población.

“Hace unos días yo mismo fui al médico, porque no sabía si tenía peste o no”, explica Diego Jerez, desde Antananarivo. “El protocolo indica que te pongan una mascarilla nada más llegar, el médico no tuvo contacto físico conmigo”. Como informó ABC, la expansión de la plaga en la isla se ha cobrado la vida ya de 124 personas, además de registrar otro millar de casos de infectados. “La gente está muy asustada”.

“En los lugares públicos el gobierno ha colocado muchos carteles para informar a la sociedad acerca de la peste” explica el misionero, quien duda de su utilidad. “Cuando se vive entre la basura, es difícil hablar de medidas de higiene para prevenir la enfermedad”. Ellos mismos vivieron en una casa en uno de los barrios de la ciudad, donde sufrieron la presencia diaria de las pulgas. “Muchas de las calles tienen de ancho menos de un metro, y la basura se acumula en los lados”. Según explica, los niños juegan en la calle, donde las ratas caminan libremente.

Todo esto se suma al desconocimiento de la población malgache acerca de la enfermedad, y a las costumbres ancestrales, como la famadihana. Diego Jerez explica a Obras Misionales Pontificias que cuando una persona muere, la costumbre es meterles en unos féretros que se apilan. Tiempo después, cuando el hechicero decide que es el momento oportuno, se sacan los cadáveres para hacer una gran fiesta y un homenaje, en una celebración en la que se les cambian los vestidos. Esta práctica se demuestra especialmente dañina en unas circunstancias como las actuales, en la que los fallecidos por peste pueden seguir contagiando la enfermedad aún después de la muerte. “El gobierno obliga a quemar los cadáveres de los fallecidos por peste para evitar la propagación de la enfermedad”. Para evitarlo muchas familias están secuestrando los cuerpos de sus familiares fallecidos, y así poder celebrar con ellos la famadihana. “De esta forma se está esparciendo la peste”.

Esta familia misionera continúa allí a pesar de todo. “Nuestra misión es acompañar a la gente, y ayudarles a encontrar el amor de Cristo en lo que le sucede, y mostrarles que la vida no termina con la muerte”.

OMPRESS-MADAGASCAR (7-11-17)

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