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Reconstruir la comunión en España 

Más allá de la legitimidad histórica y legal, la unidad de los españoles ha de ser considerada como un bien moral alcanzado por todo el patrimonio de generaciones en las que no han faltado los mártires y los santos que iluminan siempre el camino de nuestra historia.

Monseñor Juan Antonio Reig Pla – 

Ante los acontecimientos recientes en nuestra amada Cataluña me piden los fieles de la diócesis unas palabras de orientación. Os escribo estas líneas, con dolor, pero también con esperanza, en estos momentos difíciles en los que se han comprometido la paz, la justicia y la verdad y con ellas el bien y la comunión fraternal en nuestra Patria, España.

A esta carta adjunto el texto de la LXXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) sobre «Los nacionalismos y sus exigencias morales» que aparece en los números 70 – 76 de la Instrucción Pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España. A este documento, aprobado en 2006, os remito para que conozcáis con precisión la enseñanza de la CEE sobre tan delicado tema.

En todo caso este es el tiempo de escuchar la voz de Jesucristo, el Señor, que nos invita a edificar la comunión entre los españoles: Amaos los unos a los otros como yo os he amado (Jn 13,34). Este mandato del Señor debe inspirar siempre toda la misión de la Iglesia Católica.

Reconstruir la comunión desde la verdad

Los católicos no podemos admitir un concepto negativo de la libertad que rompe todos los vínculos. El llamado “derecho a decidir” o afirmaciones como “se ha de otorgar soberanía a la voluntad humana sobre cualquier otra consideración física”, vienen justificando desde hace años la anticoncepción, el aborto o la eutanasia encubierta hasta la ruptura con Dios y su Iglesia, con la familia natural, con los conciudadanos, con la Patria e incluso con el propio cuerpo. Todo esto está en la misma “lógica” de una libertad arbitraria al margen de la verdad y del bien.

Sin embargo, los católicos afirmamos un concepto de libertad que sirve a la verdad y al bien y que es camino de comunión. Sin ella, todo sistema político decae. Más aún, como enseña el Apóstol Pedro “«el don que cada uno ha recibido, póngalo al servicio de los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 P 4,10). Todos los hombres son llamados a esta unidad católica del Pueblo de Dios” (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 13); si queremos la verdadera unidad debemos rezar para que también así suceda en España. Más allá de la legitimidad histórica y legal, la unidad de los españoles ha de ser considerada como un bien moral alcanzado por todo el patrimonio de generaciones en las que no han faltado los mártires y los santos que iluminan siempre el camino de nuestra historia. La base doctrinal de la “sana laicidad”, «implica que las realidades terrenas ciertamente [gocen] de una autonomía efectiva de la esfera eclesiástica, pero no del orden moral» (Benedicto XVI, Discurso los participantes en el 56° Congreso nacional organizado por la Unión de Juristas Católicos Italianos, 9-12-2006). En una sociedad secularizada, este orden moral ha quedado oscurecido. Sin el cristianismo España y Europa no tienen futuro.

Reconstruir la comunión desde el bien

La libertad, por tanto, debe estar al servicio del “bien común” y no simplemente del interés particular o del llamado “interés general”. El “bien común” que habla de comunión está vinculado en nuestra Patria a los lazos familiares, religiosos, culturales, históricos, etc. que han hecho a España propagar la fe por los cinco continentes bajo el signo de la Cruzun amor que da la vida por sus hermanos (cf. Jn 15,13) a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia. Con el Papa San Juan XXIII queremos afirmar: «Estamos seguros de que España, que ayer tuvo intérpretes tan autorizados del derecho natural en Suárez y Vitoria, y que supo plasmar doctrinas sociales tan acertadas en las «leyes de Indias», continuará siempre el camino de su grandeza fundada en instituciones y obras enderezadas a la elevación y bienestar del pueblo en la armonía y concordia de todos los ciudadanos» (12-11-1961).

Reconstruir la comunión desde el perdón

Cristo nos llama, como el Buen Samaritano, a curar las heridas, a recuperar la mirada fraterna, a reconocernos de nuevo como hermanos, a perdonarnos. El cuarto mandamiento de la Ley de Dios nos enseña que «el amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2239), pero también «ilumina las demás relaciones en la sociedad. En nuestros hermanos y hermanas vemos a los hijos de nuestros padres; en nuestros primos, los descendientes de nuestros antepasados; en nuestros conciudadanos, los hijos de nuestra patria; en los bautizados, los hijos de nuestra madre, la Iglesia; en toda persona humana, un hijo o una hija del que quiere ser llamado “Padre nuestro”. Así, nuestras relaciones con el prójimo se deben reconocer como pertenecientes al orden personal. El prójimo no es un “individuo” de la colectividad humana; es “alguien” que por sus orígenes, siempre “próximos” por una u otra razón, merece una atención y un respeto singulares.» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2212).

Reconstruir desde las raíces

El Papa San Juan Pablo II nos exhortaba en 1984 con estas palabras: «Quiero referir a España el grito que desde Compostela dirigí a Europa: “Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes” (Acto europeo en Santiago de Compostela, 4; 9 de noviembre de 1982). Así encontrarás tu historia vertebrada. Podrás superarla con la debida apertura hacia metas más altas. Podrás avanzar hacia los desafíos del futuro, con savia vital, con creatividad renovada, sin rupturas ni fricciones en los espíritus. A la Virgen del Pilar, Patrona de la Hispanidad, confío estas intenciones, España, sus pueblos y cada uno de sus hijos». (Aeropuerto de Zaragoza, 10 de octubre de 1984).

Reconstruir desde la santidad

«España es hermosa, hagámosla santa» recordaba el Papa Pío XII y añadía: «España es hermosa, sí, en los mil dones con que la mano generosa del Creador la enriqueció (…) hermosa en sus sufrimientos, hermosa en sus empresas, hermosa en su historia. (…) España es mucho más hermosa en sus santos. Que nunca se apague esta llama en los pechos españoles, que viva y crezca este anhelo de santidad.» (Radiomensaje a la juventud femenina de Acción Católica Española con motivo de su XXV aniversario, 27-11-1955).

Por su parte, San Juan Pablo II recordaba que «decir España, es decir María. Es decir el Pilar, Covadonga, Aránzazu, Montserrat, Ujué, el Camino, Valvanera, Guadalupe, la Almudena, los Desamparados, Lluch, la Fuensanta, las Angustias, los Reyes, el Rocío, la Candelaria, el Pino» (Homilía en la Celebración de la Palabra en Zaragoza, 10-10-1984). A Ella, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción y a Santiago Apóstol, Patronos de España, y a todos los mártires que derramaron su sangre por amor a Dios y a la Patria, les encomendamos a los españoles y a todas las autoridades de la Nación, para que trabajen, desde la verdad y el bien, por un futuro de amor, perdón, paz, justicia, unidad y prosperidad espiritual y material.

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