Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|Domingo, Abril 23, 2017
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Salmo 118 – Señor, ¿cómo nos quieres tanto? 

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los que temen al Señor: eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor y el Señor me escuchó poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo no temo ¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban, en el nombre del Señor los rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco, en el nombre del Señor los rechacé,
me rodeaban como avispas, ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó,
el Señor es mi fuerza y mi energía Él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.
La diestra del Señor es poderosa, es excelsa.
No he de morir, viviré para cantar las hazañas del Señor,
me castigó pero no me dejó en la muerte.

Abridme las puertas de la salvación y entraré para dar gracias al Señor,
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Este es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor daños la salvación, Señor daños prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor.
El Señor es Dios, El nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia


Doy clase de música en una escuela a niños de cuatro a catorce años. Un día una alumna me preguntó:

—¿Tú vas a misa?
—Sí, ¿por qué? —le respondí con curiosidad.
—No sé, hablas diferente.
—¿Cómo que hablo diferente?
— No sé explicarlo —me contestó—; pero hablas diferente.

En parte me sentí orgullosa, pero también con una gran responsabilidad. Si una alumna ha sido capaz de ver que soy cristiana en una clase donde no hablo de Dios, sino de música, es que algo ha pasado… En mi mochila llevo pins de la JMJ, de la Virgen de la Almudena, también a veces una cruz al cuello o un rosario de pulsera. Externamente puedo parecer cristiana, pero en clase solo hablo de música.

Dios es nuestro Padre, pero también se podría decir que es nuestro profesor: nos enseña lo que debemos hacer, nos corrige cuando nos equivocamos, tiene mucha paciencia, no se cansa de repetirnos las cosas cuantas veces haga falta, podemos acudir a preguntarle cualquier duda y en cualquier momento, se alegra cuando hacemos las cosas bien, todo lo que promete lo cumple y, por supuesto, nos conoce perfectamente. Sin embargo, además de ser un excelente profesor tiene algo que lo diferencia de cualquier otro, y en este salmo se repite varias veces: “Es eterna su misericordia”. Nos demuestra su amor, enseña con amor, corrige con amor, tiene paciencia con amor, repite las cosas con amor… “En el peligro grité al Señor y el Señor me escuchó”, ¿cómo no me va a dar lo que necesito?

De todos los alumnos a los que he dado clase en estos años, que por lo menos uno haya visto en mí algo diferente es obra de Dios, “el Gran Profesor”. No es mérito mío, es el fruto de Alguien que durante mis cuarenta años ha estado enseñándome con paciencia. Me ha repetido las cosas tantas veces y con tanto amor que no podría enumerarlas. Y todo lo que ha prometido se ha cumplido; es el resultado de su eterna misericordia. Pero poder repetir, como en el salmo, “mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres, mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes”, no es cuestión de un pequeño cursillo ni de una larga formación universitaria. Es una carrera que dura toda la vida, porque si eres constante habrá muchos momentos en que podrás decir y asegurar: “el Señor es mi fuerza y mi energía Él es mi salvación”.

Muchas veces podemos no ver el amor ni la alegría, no entender nada y pensar que todo se acabó. ¡El Profesor se ha olvidado de mí! “Todos los pueblos me rodeaban… cerrando el cerco… como avispas”. Aunque no lo veas, siempre está ahí. No dudes en refugiarte en Él, porque solo Él nos pone a salvo cuando le gritamos. “El Señor está conmigo y me auxilia”.

Tu amor no desilusiona a nadie

Para estudiar música hacen falta muchos años de estudio y de práctica. Conviene ser constante y perseverante porque son muchos los éxitos y fracasos… Igual que un cristiano. ¿Es que se puede comparar a un músico con un cristiano? Sí, ¿por qué no? No se consigue dominar un instrumento en poco tiempo, sino que hay que estudiar y dedicarle muchas horas de práctica. Para ser cristiano también necesitas escuchar la palabra, ir a la eucaristía, rezar… Practicar un instrumento es como la oración, nos ayuda a estar en comunicación con Dios y no debemos dejarla nunca. Como dejes de estudiar un par de semanas, pierdes agilidad y el instrumento ya no suena igual.

Nunca podré olvidar cuando en uno de los últimos exámenes para pasar de Grado suspendí. Cuando pregunté la razón del suspenso, me dijeron que porque no tenía cara de profesora. Llegué a mi casa y me puse a llorar. La decepción fue tanta que prometí no volver a estudiar nunca —ya llevaba varios fracasos acumulados y este fue el que me hundió totalmente—. Le dije a Dios muy enfadada: “Si quieres que vuelva a estudiar, me avisas”. Siguieron años en que no oía a Dios por ninguna parte; así que estuve un largo tiempo dedicada exclusivamente a ser ama de casa, algo que detestaba. Poco a poco descubrí la importancia de este servicio y, curiosamente, empezó a gustarme. No me sentía enfadada, solo defraudada, ya que me había hecho a la idea de que mi carrera como músico había terminado. Eso sí, no dejé la oración, lo que me ayudó a calmarme y encontrar la paz.

Justo en el momento en que vivía feliz con mi marido y mis hijas, y lejos de la música, Dios me avisó para seguir estudiando. ¿Cómo? Buscó un profesor concreto en un momento concreto de mi vida. Me hablaron de un buen profesor de Armonía, y con su ayuda empecé a estudiar otra vez —aunque sin muchas esperanzas de conseguir nada—. Cuando estaba acabando el curso, el profesor me animó a seguir estudiando. Me comentó que la profesión de ama de casa era la mejor —me reí, estaba totalmente de acuerdo con él—, pero que tenía que seguir estudiando para ser profesora —entonces me reí aún más—. Le conté lo que me había pasado en el último examen, que no me aprobaron porque no me vieron cara de profesora, y bueno, simplemente lo ignoró. Con mucha autoridad me marcaba el camino y yo simplemente lo iba siguiendo.

Dice el salmo: “Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”, no lo he dudado ni un momento. La victoria es del Señor y puedo decir: “No he de morir, viviré para cantar las hazañas del Señor. Me castigó pero no me dejó en la muerte”.

Dios de ternura y de gracia

Como cristiano también te encuentras con fracasos; cuando quieres hacer el bien y no puedes, cuando ves que tu vida no tiene salida… Pero esa situación la permite Dios para luego sacarte de ahí y salir ambos victoriosos. Muchas veces aparece la pereza para estudiar, para rezar, para escuchar la Palabra. Empiezas a estudiar una partitura y ves que no suena, te cansas, te aburres, hasta le coges manía. Pero ¿a quién se le ocurrió componer esto? No quieres ni volver a escuchar la obra. Sin embargo, ahí esta el profesor que te anima, te indica los errores para enmendarlos, te invita a la paciencia… Es la constancia lo que ayuda a conseguir la victoria. ¡Pídesela a Dios!

Otro aspecto en el que podemos comparar a un músico con un cristiano es en la vergüenza: vergüenza para hablar de Dios y vergüenza para tocar delante del público. Es miedo a quedar mal, a equivocarnos… ¡Qué dirán de mí! Ser músico es para beneficio de uno mismo, pero también para que los que escuchan puedan disfrutar de la música interpretada. Es arte y hay que compartirlo. Ser cristiano también es algo para uno, es personal, ayuda en vida; pero tampoco te lo puedes quedar, hay que compartirlo, proclamarlo, hablar de Dios, alabarlo, que todo el mundo sepa lo que ha hecho en tu vida, que te caíste pero Él te ayudó a levantarte. Es la buena noticia que deseas contársela a tus amigos. “No he de morir, viviré para cantar las hazañas del Señor”.

Dios me ha ido enseñando el camino en mi vida personal y profesional, y mi misión es pregonarlo. Que no piensen que soy cristiana solo por fuera, también por dentro; que se vea que soy cristiana por mi actitud alegre y agradecida ante mi Padre y Profesor. “El Señor es Dios, El nos ilumina”. Aunque en clase de música no hable explícitamente de Dios espero que también otros alumnos vean en mí a una profe cristiana. Que el Señor me ayude a conseguirlo.

M.ª Jesús Nuez
Profesora de música

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