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Teología para Millennials 

El domingo 28 de octubre concluye el Sínodo de Obispos dedicado a reflexionar sobre la vocación de los jóvenes. Esta actividad eclesial se ha desenvuelto jaloneada por esperanzas y polémicas a un tiempo. Esperanzas porque existe una crisis real -los números no mienten- de vocaciones dentro de la Iglesia. La tendencia a la baja en la vocaciones religiosas y sacerdotales es un hecho, paralelo al crecimiento del número de fieles, lo cual torna más aguda la crisis. Polémicas porque, frente a dicha situación compleja, no existe una receta mágica y, lógicamente, cada quien propone la suya propia, no siendo sencillo conseguir un consenso sobre qué está pasando y, más importante aún, cómo debemos afrontar esta situación.

Sin embargo, en medio de esta realidad, que entre polémicas y esperanzas a marcado a un Sínodo que por primera vez se dirige a los jóvenes, existen muchas iniciativas paralelas y concomitantes con sus trabajos. Felizmente la Iglesia no funciona solo, ni principalmente, de arriba hacia abajo, sino que el Espíritu suscita a su vez iniciativas de abajo hacia arriba, concretas, locales, eficaces y fecundas. En este sentido, el trabajo de los padres sinodales ha sido importante, también toda la oración de la Iglesia, particularmente la dirigida a Dios a través de la intercesión de la Virgen con el rezo del rosario y la invocación a san Miguel Arcángel, como ha pedido el Papa. Gracias a la oración todos hemos estado en primera fila en los trabajos sinodales: somos protagonistas. Pero “sínodo” significa también “camino”, y el Espíritu suscita y abre multitud de caminos, muchas veces insospechados, a lo largo de la historia y el tiempo, con lo cual siempre tenemos motivos para mantener la esperanza y confiar.

Una de esas iniciativas, sencilla, concreta, local, ha sido Teología para Millennials: Ha nacido de los jóvenes, no de la jerarquía, de los fieles laicos, no de los consagrados, ha surgido espontáneamente, no ha sido algo planeado. Como manantial, simplemente brotó, y poco a poco ha recorrido su camino, empapando a su paso los senderos que suelen ser pisados por la juventud. Así, discreta, pero constantemente, se ha abierto paso en las redes sociales: Facebook, Instagram, ágoras contemporáneas donde se encuentran los jóvenes. A través de imágenes, sencillos videos, textos cortos, memes y anécdotas, va despertando el lado espiritual de muchos de ellos, sirviéndose de su lap o Smartphone.

La idea fue de una chica, estudiante de derecho, que llevó tres cursos de Teología en su universidad y, para mi sorpresa –era su profesor- ¡quería más! No es frecuente que los alumnos quieran más clases de un curso una vez que lo han concluido, menos aun cuando no es de su carrera y más si te habla de Dios. Pero así era. Y era una chica “normal”, quiero decir, no el estereotipo que alguno pudiera suponer: era inteligente, buen estudiante, guapa, muy social, que tiene ya un empleo y está en la universidad. Sencillamente planteó sus dudas, hizo el esfuerzo para que tomaran forma como preguntas, me tocó a mí el trabajo de responder y a ella determinar si la respuesta era comprensible para un público joven.

De ahí nació un blog, una página de Facebook, una cuenta de Instagram, una serie de reuniones semanales (dos veces por semana), varias clases con lluvia de preguntas y, el resultado: lo de siempre. Somos muy diferentes y al mismo tiempo parecidos. Somos generaciones distintas, el mundo y la historia corren cada vez más rápido, pero el fondo permanece intacto, idéntico: hay un anhelo de verdad, una búsqueda de sentido, un hambre de dejar huella y, más o menos conscientemente, la idea difusa o contundente, de que necesitamos ser salvados, un deseo de salvación, personal y colectiva, que apunta, sepámoslo o no, a Jesús.

Así, partiendo de mundo en que viven los jóvenes, de las dudas e inquietudes que anidan en su corazón, podemos ir recorriendo paciente, pero decididamente, el camino que lleva a Jesús. Sólo hay que despertar sus deseos de verdad, de cosas grandes, alimentar su inconformismo, su sentido crítico, para que no se dejen manipular dócilmente por medios de información sometidos a capitales económicos, dispuestos a manipular. Ser joven y ser cristiano tienen en común el ser rebeldes, ir contracorriente. En Teología para Millennials sabemos eso y lo queremos explotar. La seducción de la rebelión, pero con fundamento y causa. “Las aventuras pueden ser locas, pero los aventureros deben ser cuerdos.” Esperemos que el final del Sínodo fomente una floración de locuras como “Teología para Millennials”, mejor aún, que se hagan “virales”, para alcanzar nuevamente, uno a uno, el corazón de los jóvenes con el mensaje de Jesucristo.

Mario Arroyo

Doctor en Filosofía

p.marioa@gmail.com

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