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Ya es oficial: la ONU excluye al no nacido del Derecho a la Vida 

Las Naciones Unidas llevan desde su origen siendo, a través de sus distintas organizaciones filiales, un poderoso patronizador del aborto en todo el mundo, financiando grupos como Planned Parenthood o abogando por campañas malthusianas radicales, muy próximas a veces a la coacción, en continentes enteros como África.

Pero, por otra parte, uno de los hitos de la ONU es la Carta Universal de los Derechos Humanos, el primero de los cuales es, naturalmente, la vida. Y hasta ahora, pese a todo su entusiasmo abortista, la posición oficial del concebido no nacido se beneficiaba indirectamente del silencio en cuanto a su inclusión -por lo demás, evidente- en este derecho universal.

Pero ahora, y a pesar de la oposición explícita de un centenar de gobiernos -como los de Polonia y Estados Unidos- y asociaciones provida, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha excluido explícitamente a los no nacidos del derecho a la vida en la legislación internacional esta semana en Ginebra.

Estados Unidos, que había basado su independencia en “el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad” de los que todos los hombres han sido dotados por su Creador, se vieron en su día ante una contradicción similar con la esclavitud, lo que obligó a la llamada Cláusula de los Tres Quintos, que en la práctica suponía negar a los negros una plena humanidad para no tener que reconocer su inalienable derecho a la libertad.

El borrador de la disposición ha estado a cargo del profesor de Derecho israelí Yuval Shany, que ha trabajado en la misma durante dos años, y que admite haber sabido que no encontraría obstáculos. Los 18 miembros del comité aprobaron el texto, que en algunos aspectos es aún más radical que el previsto previamente.

Así, en el texto queda claro no solo que el ser humano concebido y aún en el seno de su madre no tiene derecho a la vida, sino que el acceso al aborto se convierte en derecho, y ha de ser “efectivo” y al alcance de cualquier economía, exactamente lo que había recomendado el lobby abortista.

Ni una sola voz, ni un solo ‘experto’, mencionó en las deliberaciones preocupación alguna por el hecho de que el niño en el vientre materno siente dolor, según numerosas pruebas, ni se mencionaron los códigos de todo el mundo que prevén una protección especial para el nasciturus.

Para mayor sarcasmo, las discusiones estuvieron dominadas por un tono de moralina. “Soy muy sensible a mi consciencia”, llegó a decir el profesor italiano Mauro Politi, aunque lo que conmovía su conciencia no era la muerte del concebido mediante métodos brutales sino la idea de que alguna mujer pudiera verse privada del derecho de acabar con la vida de su hijo no nacido

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