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​ “Ama y haz lo que quieras” 
23 de enero
Por Javier Alba

«En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenia la parálisis: “Levántate y ponte ahí en medio.»Y a ellos les preguntó: “¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?”. Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: “Extiende el brazo”. Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él». (Mc 3,1-6)


Los fariseos son aquellos que “aparentemente” cumplen la ley de Dios. Los que son buenos “aparentemente“; buenos a los ojos de los hombres, y, lo que es peor, a sus propios ojos, pero no a los ojos de Dios, no a los ojos de Jesucristo. Los fariseos no solo se creen “buenos cumplidores de la ley de Dios”, sino que además “estaban al acecho… para acusarlo”.

Dios ha revelado la ley a su pueblo para nuestra conversión, para que reconociendo sinceramente nuestra realidad de pecado nos volvamos a Él; no para que juzguemos al hermano. Mas nosotros muchas veces hacemos un uso malvado y perverso de la ley, como los fariseos, y juzgamos al hermano; también como ellos “estamos al acecho para acusarlo”.

El Señor en su misericordia hace un milagro y cura al hombre que está paralítico; paralítico como nosotros, paralítico para hacer el bien, para servir a los hermanos. El Señor le cura, y ante este acto de misericordia, los fariseos en vez de convertirse, “endurecen el corazón” y juzgan. De ahí la mirada de ira del Señor, “dolido de su obstinación”; “apenado por la dureza de su corazón”, dice la Biblia de Jerusalén. Después del milagro, los fariseos “se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él”. No soportaban a Jesucristo.

También nosotros podemos a veces caer en tratar de impedir el verdadero milagro de nuestro Señor Jesucristo en nuestros días: el amor entre los hermanos, el amor por encima de la muerte, el amor incluso a ese que a mí me parece que es mi enemigo; para que el mundo diga “mirad cómo se aman “. Porque el Señor ha querido que el mundo de hoy viendo ese amor se convierta y crea.

Y voy yo y digo que no, que a ese hermano no le amo. No señor, a ese sinvergüenza no. Es como decirle a Jesús: No, a ese no le curas el brazo: Que hoy es sábado, y la ley lo prohíbe.

¿Hay mayor milagro que el amor al enemigo? ¿Hay mayor milagro que pedir al Señor no solo que me cure el brazo para que pueda servir a ese hermano al que me cuesta querer, sino también que me cure el corazón para que le pueda amar por encima de mi orgullo y mi soberbia? Por eso hemos de pedir al Señor con humildad que nos haga pequeños y nos libre de la levadura de los escribas y fariseos.

Bendita sean las humillaciones de cada día que nos libran del pecado del orgullo y de la soberbia. Bendito sea el milagro del amor entre los hermanos, donde los paralíticos pueden mover el brazo para servir al otro, para servir a Cristo en el hermano.

Javier Alba

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