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​Más allá de la carne y de la sangre 
22 de febrero
Por Manuel Requena

«En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ”¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Ellos contestaron: “Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. (Mt 16,13-19)


La cátedra, importante; la Piedra de cimiento, importante; las llaves del reino, una institución esencial; pero el Catedrático, el Arquitecto, el dueño de todo, y el único que basta, es el Señor. ¡Gran regalo del Padre a su hombre elegido, aquellos “ojos de ver” al Mesías, y reconocer al Hijo de Dios vivo en otro hombre! Ojos de ver, más allá de la carne y la sangre, la revelación de todas sus cosas de Padre. La aceptación y proclamación de esa Verdad, es aún la cumbre del sacerdocio vivo de Cristo que se transmite en Pedro. Es la gran obra de Jesús «He llevado a cabo la obra que me encomendaste… manifestando tu nombre a los que me diste…» (Jn 17,6). Fue su trabajo sacerdotal. El nuestro será recibir y aprender la enseñanza, iluminar en su gloria.

Aunque la Fiesta litúrgica de hoy nos incline a primar la misión de Iglesia, cimentada sobre roca y protegida del poder del infierno, acrecentando nuestra eclesiología, hay una pregunta previa quizás más importante aún. ¿Quién dicen hoy los hombres que es Jesús? ¿Quién es para mí Jesús de Nazaret? De esa pregunta va a depender mi propia incorporación a la comunión con la Iglesia de Cristo, a la bienaventuranza de la revelación que hace el propio Padre de su Hijo, a la vida de gracia del Evangelio.

Es una tarea permanente, que necesita una constante reafirmación. No vale conocerlo y proclamarlo una vez, sino toda una vida, hasta la cruz y la muerte. Por eso, solo cinco versículos después de los que leemos hoy, Mateo relata uno de las mayores correctivos que hizo Jesús, el manso Maestro, a persona alguna. Y fue al mismo Simón, al Pedro fundamento de su Iglesia :«¡Apártate de mí Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, piensas como los hombres y no como Dios!» (Mt 16,23)

¿Es que no conocías bien a los que tú mismo llamaste, Jesús conocedor del corazón humano?¿No sabías acaso su debilidad y su fuerza? ¡Claro que lo sabías! Y también que la firmeza de la Piedra de tu Iglesia no dependía del hijo de Jonás, sino de ti mismo.

No fue fácil para ellos entenderte, Jesús Hijo del Padre, Señor de cielo y tierra. Pero su corazón empezaba a estar abierto no solo al humilde carpintero de Nazaret, aunque tu sola humanidad respiraba confianza, sino a la luz del Padre que te proclama en nuestro corazón por el Espíritu. Seguramente la primera proclamación pública de Pedro fue uno de los momentos más gozosos de tu vida pública, Jesús provocador de nuestra fe. Y no porque tú no supieses quién eras, sino porque ellos, a los que amabas, estaban empezando a conocerte por actuación directa de tu Padre. Y es que el amor quiere ser conocido del amado, profundamente conocido, hasta los tuétanos. Esa era la obra que te encargó tu Padre, y por la que tú saliste de Él y viniste al mundo. Por eso diste y das la vida.

Nosotros ya no tenemos excusa. Te has entregado entero para el conocimiento de los que tienes llamados, y nos sigues preguntando de amor cada día. Empezaste por una encuesta negativa sobre lo que decía la gente. No eras Juan Bautista, ni Elías, ni Jeremías ni profeta alguno, pero tu Padre remedió aquella nube y reveló tu esencia ungida a quien Él quiso: Tu eres el Cristo. Y además le dio al sencillo pescador Simón, el atrevimiento y honor de ser el primero en proclamarlo. Todos lo sabían, pero él tuvo el arrojo de gritarlo. Y te llenó de gozo, y tú lo confirmaste, y con aquella fuerza que tenías nos regalaste la seguridad de la roca en la fe, escudo contra el fuego enemigo. ¡Y aún te amamos! Y creemos en ti como el hombre cabeza de nuestra Iglesia que apoyaste sobre el regalo del Padre: los ojos que te conocen en la humildad. Y como haces siempre con los que amas, al tosco pescador de Galilea le diste un nombre que definía su misión en tu Iglesia pública. Y Le llamaste Piedra, Kefas, Petrus.

Quizás la enseñanza más personal de todo este Evangelio, es que existe un nombre único, irrevocable, para cada hombre en tu proyecto. Cuando uno reconoce en su verdad íntima al Señor, escucha de algún modo su nombre del cielo, su nombre de misión, su nombre de amor personal, inimitable en el contenido y en la forma de pronunciarlo que tú tienes. Es el nombre nuevo escrito en la “piedrecita blanca” de la gracia, (Ap. 2,17) con el que llamas a cada una de tus ovejas, y las vas sacando (Jn 10). Es el nombre que no conoce ni siquiera Pedro, porque de lo interno, de lo íntimo, ni la Iglesia juzga, ni sabe nadie en este mundo, sino solo tú, y el nombrado que te ama. Devolver la llamada en respuesta de vida, es la clave para entrar en el “maná escondido” de la Cena de Amor, “eucaristiando”.

Manuel Requena

Responder a ​Más allá de la carne y de la sangre

  1. F.J.

    Cómo no reparar en el vínculo apenas velado de los nombres: "espiritu" de Dios manifestándose (mas allá de la carne y la sangre), Jesús (autoproclamándose) "hijo del Hombre", identidad de firme "Petrus" en el humilde "hombre-sacerdote" (también proclamación o revelación de Jesús a los díscipulos), "gracia de Dios" en la piedrecita blanca (de la inmanencia), "eucaristiar" (de la trascendencia personal) como Cena de Amor de los hijos de Dios, "respuesta de vida" a la llamada del "Padre"…_ Manuel Requena no repara apenas en esos nombres: los vivifica y propaga allende su conciencia religiosa y su vivenciar místico.Lo que tanto agradecemos.__ F.J.__

     

Reply to F.J.