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Portavoces de su LUZ 
2 de Septiembre
Por Miguel Iborra Viciana

Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas,- es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?» Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.». Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre (san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23).

COMENTARIO

Tradiciones humanas de piedad externa y legalista que se alejan y desvirtúan el mandamiento divino. Tal vez el peor vicio de los fariseos, junto con la soberbia, era su hipocresía: creerse santos y perfectos a los ojos de Dios sólo porque observaban la Ley con escrupulosidad, hasta los detalles más banales, mientras descuidaban la justicia, la caridad y la misericordia.

Este Evangelio nos ofrece una enseñanza de orden no sólo individual, sino también social y colectivo Jesús corta de raíz la tendencia a dar más importancia a los gestos y a los ritos exteriores que a las disposiciones del corazón, el deseo de aparentar que se es -más que de serlo- bueno. En resumen, la hipocresía y el formalismo.

La Buena Nueva anunciada por Jesús nos sacó a todos de la defensiva y que nos devolvió las ganas de vivir, la alegría de ser hijos de Dios, y a ser felices.

Él nos sigue ayudando y yo me pregunto: ¿en mi corazón tengo conciencia de una vida coherente?, ¿converso con el Señor con confianza y abandonándome en sus manos?, ¿le permito que Él intervenga en mi vida?, ¿soy testimonio o continúo a medias y aferrado a la tradición de siempre?

Aquí hay tarea, para ser portavoz de su LUZ.

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