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Aprende a admirar a los otros 
30 de Septiembre
Por Gloria María Tomás

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús:
–Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.
Jesús respondió:
–No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga.
Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida que ser echado con los dos pies al abismo.
Y si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga (San Marcos 9, 38-43.47-48).

COMENTARIO

Pensaba al comentar este pasaje cuanto nos ayuda saber que la Iglesia es sacramento universal de salvación, que, por tanto, es para todos, que no hace distingos. Ciertamente la santidad es múltiple, puesto que existen diversos carismas e incluso, cada persona, tiene su vocación, su propio camino.

Aprender a admirar a los otros, a rezar por los otros, a saber ir del brazo con todos. Dios en su Providencia amorosa nos utiliza y nos ayuda a cada uno tanto a nivel individual como en conjunto. Y no somos quien para creernos los mejores, claro que hay dificultades e ignorancia, pero no es el camino cristiano difamar, escandalizarse, criticar…

Todos podemos y debemos ser cada vez más conscientes  de que convivimos con la fuerza del amor y con la existencia de la debilidad. Simbólicamente esa debilidad es esa pequeñez de la que nos habla aquí Jesús. Y la fuerza es la fortaleza para cortar con lo que no va para ganar el cielo.

No estamos libres ni del dolor, ni del sufrimiento, ni tantas veces de la injusticia y todo ello tanto a nivel activo como pasivo. Vamos a no girar alrededor sólo de nosotros mismos, de los que nos gusta, ni siquiera de lo que nos hace sufrir, sino que, como nos alienta el Señor, como nos da ejemplo el Papa Francisco, tratar de expandir lo bueno, de esperar en el cielo, de tener  la fortaleza de luchar cada día, quizás en lo pequeño, en lo que sólo ve Dios y, a veces, en lo grande, en lo que también ven los hombres.

Hay un punto de Camino (número 755) que seguro nos anima, dice así: “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere dependen muchas cosas grandes”. Adelante, sin escandalizarnos, cortando lo que haga falta. Avanzando.

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