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Hay personas con diferentes capacidades 
11 de Febrero
Por Gloria Mª Tomás y Garrido

En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban (San Marcos 6, 53-56).

COMENTARIO

Una experiencia universal de toda persona madura es el reconocimiento de la vulnerabilidad propia y también de la ajena. El éxito de la reciente película Campeones me conduce a afirmar que la mayoría de los que hemos visionado la película, o hemos visto la Gala de los Goya, o algún reportaje sobre ella, hemos reflexionado sobre la discapacidad, la vulnerabilidad. Y posiblemente, hemos evolucionado en esta dirección: hay discapacitados intelectuales, o mejor personas con discapacidad intelectual y mucho más acertado, hay personas con capacidades diferentes.

La vulnerabilidad puede ocasionar males profundos como la tristeza, la rebeldía, la nostalgia, el desapego, la impotencia…

Pienso que el pasaje del Evangelio que comentamos nos da una alternativa no solo optimista, sino profunda y real: ese acudir a Jesús para presentarle nuestra debilidad. El Evangelio señala que llevaban a los enfermos –los discapacitados en algún aspecto, los vulnerables- en camillas, a las plazas, y que rogaban al Señor que les dejase tocar al menos la orla de su manto; los que le tocaban, se curaban.

Esa curación puede ser física -recordemos tantos milagros a lo largo de la historia-, pero hay otra curación mucho más importante, la curación de esos sentimientos de impotencia que nos achican y apartan de la noble misión de vivir y difundir el cristianismo.

Creo que nos sirve esta vez el paradigma de la película Campeones, en la que todos, me atrevo a afirmarlo rotundamente, nos hemos curado de la indiferencia y hemos adquirido la ternura. Somos mejores personas. Que nos ayude la película e incomparablemente más el Evangelio para, aceptando nuestra situación, nos acerquemos no sólo a la orla de Jesús, sino a su corazón, llevando allí nuestra vida y las de tantos.

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