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EL JESÚS CRÍPTICO 
16 de Febrero
Por Horacio Vazquez

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca.

Jesús les recomendó: “Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes”.

Ellos contestaban: “Lo dice porque no tenemos pan”.

Dándose cuenta les dijo Jesús: “¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver: “¿Cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinc o panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?

Ellos contestaron: “Doce”.

“¿Y cuantas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?

Le respondieron: “Siete”.

Él les dijo: “¿Y no acabáis de entender?” (San Marcos 8, 14-21).

COMENTARIO

También para nosotros pueden resultar difíciles de entender las palabras de Jesús, y quizá por ello debamos recurrir al evangelista Mateo 16,11-12 para descifrar aquello que Jesús quiso decir, que nos lo aclara con la siguiente explicación de Jesús que en el Evangelio de Marcos se omite:

“¿Cómo no comprendéis que no me refería a los panes? Guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos” Entonces comprendieron que no hablaba de guardarse de la levadura del pan, sino de las enseñanzas de los fariseos y saduceos”.

La referencia de Jesús a la “levadura de los fariseos” para referirse a lo peligroso de sus enseñanzas, es un ejemplo tomado de la vida corriente del pueblo, pues dicho condimento era de uso ordinario en la preparación de un buen pan, y todos sabían de sus efectos beneficiosos e imprescindibles para logarlo, aunque ignoraran la causa o esencia de dicho proceso cuando se mezclaba con la harina, el agua y el aceite que se utilizaba en su elaboración, todo ello en las proporciones adecuadas.

Por otra parte, la referencia de Jesús a los milagros portentosos que sus discípulos habían presenciado en las dos multiplicaciones de los panes y los peces, trae causa directa de lo que luego dirá a los judíos en Jerusalén, en la Fiesta de la Dedicación: “Si no hago las obras de mi Padre no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que me comprendáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre” (Juan 10, 37-38).

Así, la fe en Jesús, por el efecto convincente de las obras que realiza, más allá de cualquier intento humano de llegar a comprenderlo en su esencia divina, es el mejor remedio contra el fracaso de nuestros lógicos y sanos deseos de llegar a comprenderlo en cuanto dice y explica, y en esta tesitura, al fin y a la postre, cuando nos domine la perplejidad o la duda, la fe en Jesús, por los signos que realiza, y será el bastión definitivo para adherirnos a él con todas las fuerzas de nuestro corazón.

Así lo hizo Pedro en Cafarnaúm después de escuchar las palabras de Jesús en el Discurso del Pan de Vida, que escandalizó a tantos de sus discípulos que huyeron sin esperanza, respondiendo a la pregunta apremiante de Jesús en nombre de todos sus compañeros, de si ellos también querían marcharse, con este sencillo acto de la fe más pura: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.

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