Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, septiembre 23, 2020
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La belleza del Espíritu Santo 

 

En la aurora asoma la belleza de la creación.  Todavía no abrimos ni la consciencia y ya el hálito de la belleza se atreve a inundar el alba y la tiñe de bendición. La noche apura aún los últimos desmanes del ahínco y la tempestad, descansando desnudos en nuestro frágil pensamiento, y ya la armonía empuja los amaneceres desterrando el caos de nuestros anhelos.

La luz tímida anuncia que ya está aquí. Ya se cuela entre los vanos y las rendijas que hay en nuestra ambición oscura y tibia.

Aparece de nuevo la belleza, como cada día, anunciando la creación, una flamante creación para cada hombre; un diseño abierto de libertad para que iluminemos un día único con la paleta de la verdad revelada en Jesucristo, suma belleza; o al contrario, lo emborronemos con el ansia desmedida de querer ser dios.

Hay que leer despacio…, porque el tiempo es vacío en la eternidad. Y ver en la mirada la luz que nos desnuda… y nos acerca a la verdad… y una verdad original que reproduce la nueva estética rescatada por el espíritu… en los brazos que nos acunan.

Cada día es la única belleza, porque Dios se muestra y se hace ver y se topa con nuestro tiempo finito y carnal para que le descubramos en nuestra condición, en la debilidad…

“mi gracia te basta” y extiende los brazos abiertos en su hijo Jesucristo, para mostrarnos la verdadera belleza, la que se desangra por ti, la que rompe el velo de la ley para manifestar el amor de Dios y la gratuidad, la que rezuma por el sufrimiento el óleo del Espíritu Santo, la que amanece cada día con la bendición de la vida…, con un pábilo de luz apenas que ilumina nuestra historia.

 

“ …pedid el Espíritu Santo”  pues  el discernimiento no se gana, ni se merece, ni se vende. Sólo se regala. ¿A quién…? A quién lo implora, a quién le urge,  a quién no puede respirar, a quién se ahoga en su voluntad, a quién la razón y la lógica no le responden, a quién lo suplica con necesidad, a quién  descubre la belleza en Dios…

 

Pues la belleza del Espíritu Santo, alivia nuestra fealdad; suaviza la tosquedad de nuestros anhelos; rebaja el humor de nuetra vanidad; sofoca el ardor de nuestros deseos; apacigua nuestros bajos instintos; reprime nuestra ira; sostiene nuestro ánimo; endulza nuestra amargura; alienta nuestra fe; enjuaga nuestras lágrimas; aventa nuestras dudas; infunde sabiduría y discernimiento.

¡¡ Ven Espíritu Santo.Envíanos un rayo de tu luz !

 

 

 

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