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a oración, verdadero poder del papa emérito 

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EL PERIODISTA ANTONIO SOCCI ANALIZA LA RENUNCIA DE JOSEPH RATZINGER Y SU DECISIÓN DE SER PAPA EMÉRITO EN LAS PÁGINAS DE “EL SECRETO DE BENEDICTO XVI”

El 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI anunció su decisión de renunciar al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que le había sido confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005. Esta decisión, advertía entonces, había sido tomada con plena libertad, consciente de la seriedad del acto, y después de haber examinado ante Dios su conciencia y haber llegado a la certeza de que, por su avanzada edad, ya no tenía fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino.

En el libro El secreto de Benedicto XVI, editado recientemente por Homo Legens, el periodista italiano Antonio Socci analiza la renuncia de Benedicto XVI y señala que “sobre ese acto tan anómalo y dramático sigue habiendo muchos enigmas, con muchas y profundas preguntas”. Interrogantes a los que el autor trata de responder en este libro a través de los hechos, los gestos y las palabras de Benedicto XVI durante estos últimos seis años.

 

Entre otras cuestiones, Socci analiza las palabras con las que Benedicto XVI concluyó su Declaratio aquel 11 de febrero de 2013 y que el autor considera clave para entender el significado de la misión a la que el pontífice se sintió llamado: “Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria”. Estas palabras, que fueron percibidas por muchos como frases de circunstancia, están, sin embargo, llenas de significado, tal como sostiene Socci:

Solo si consideramos la oración como la más potente y la más eficaz de las acciones que el hombre puede emprender, podremos comprender el extraordinario sentido de estas palabras. Si, por el contrario, la consideramos simplemente un acto de devoción, inocuo o incluso inútil, una ocupación para viejos o enfermos, un acto de desesperación de quien se ve impotente ante la dureza de la vida, un mensaje en una botella abandonado a las olas y destinado a no ser leído por nadie, entonces veremos la renuncia de Benedicto XVI según el mundo, es decir como la decisión de descansar de un jubilado.

Para Socci, sin embargo, nos encontramos ante una verdadera llamada por parte de Dios, la llamada a una misión, y recuerda las palabras que pronunció Benedicto XVI en su último Angelus, el 24 de febrero de 2013:

“Queridos hermanos y hermanas, esta Palabra de Dios la siento dirigida a mí, de modo particular, en este momento de mi vida. ¡Gracias! El Señor me llama a «subir al monte», a dedicarme aún más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar a la Iglesia, es más, si Dios me pide esto es precisamente para que yo pueda seguir sirviéndola con la misma entrega y el mismo amor con el cual he tratado de hacerlo hasta ahora, pero de una forma más acorde a mi edad y a mis fuerzas.”

Asimismo, en su última audiencia, el 27 de febrero de 2013, Benedicto XVI volvió a explicar:

“En estos últimos meses, he notado que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia, en la oración, que me iluminara con su luz para tomar la decisión más adecuada no para mi propio bien, sino para el bien de la Iglesia. […] No abandono la cruz, sino que permanezco de manera nueva junto al Señor Crucificado. Ya no tengo la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, pero en el servicio de la oración permanezco, por así decirlo, en el recinto de San Pedro.”

El autor también hace referencia a la homilía de inicio de pontificado, en la que Benedicto XVI declaró que su verdadero programa de gobierno no era hacer su voluntad ni seguir sus propias ideas, sino ponerse, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor, dejándose conducir por Él. En este sentido, concluye Socci, la decisión del papado emérito se debe considerar como un gesto de obediencia y no como fruto de un proyecto de Benedicto XVI.

Asimismo, el periodista subraya el papel de centinela de la fe de Benedicto, que intercede por la Iglesia y por el mundo desde su retiro. Es más, Socci mantiene que Benedicto XVI ha representado a lo largo de estos años el “verdadero gran obstáculo silencioso” a la “revolución” que algunos pretendían (y aún pretenden) realizar en la Iglesia. Sin embargo, que el mundo haya interpretado la decisión de Ratzinger de renunciar al ejercicio activo del ministerio para entregarse por entero a la plegaria como el deseo de un ancianito venerable de tener un retiro dorado da la medida de la importancia que hoy se le otorga a la oración: entre poco y nada. Para el autor, en cambio, la misión que está llevando hoy a cabo Benedicto es única, aunque no se comprenda y se subestime: una misión de intercesión y de amor.

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