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¿A que se parece el reino de Dios? 
30 de Octubre
Por Gloria María Tomás

En aquel tiempo, decía Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.»
Y añadió: «¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta» (San Lucas 13, 18-21).

COMENTARIO

Una finalidad clave de los Evangelios es mostrarnos que Jesús, Hijo de Dios, nos ha traído su Reino y la esperanza de alcanzarlo y gozarlo después de la vida terrena. La parábola de Evangelio de hoy, muy similar a las que nos ofrece el Evangelio de Marcos (la del sembrador, la de la lámpara encendida, etc.) aluden al Reino desde perspectivas distintas; todas coinciden en que esta venida no se presenta de modo avasallador, ni grandioso, tal como se planteaban muchos de los coetáneos de Señor, sino que, este Reino nace pequeño, nace históricamente con la persona de Jesús, y va a permanecer hasta el final de los tiempos ¡Qué esperanzador resultan estos hechos proféticos! Pues la propia realidad histórica nos confirma que Reino de Dios supera las previsiones que humanamente cabría esperar. Particularmente el Evangelio de hoy nos anima a cuidar lo pequeño, muy distinto a quedarse en pequeñeces o en tener un corazón mezquino.

En el libro Camino, de San Josemaría, el capítulo 39 está dedicado a “Cosas pequeñas”. Copio de allí tres números: 821: “No me olvides que en la tierra todo lo grande ha comenzado siendo pequeño. Lo que nace grande es monstruoso y muere”. 830: “No me seas tonto: es verdad que haces el papel -a lo más- de un pequeño tornillo en esa gran empresa de Cristo. Pero ¿sabes lo que supone que el tornillo no apriete bastante o salte de su sitio?: se aflojarán las piezas de más tamaño o caerán melladas las ruedas. Se habrá entorpecido el trabajo. Quizá se inutilizará toda la maquinaria. ¡Qué grande cosa es ser un pequeño tornillo!” Y otro más, 816: “Has errado el camino si desprecias las cosas pequeñas”.

Orientaciones que nos sirven para ser puntuales en nuestro plan de vida; para cuidar el orden en el trabajo; para no eludir pequeños favores… y un sinfín de pequeños detalles que suponen esfuerzo, desde luego, pero nos hacen descubrir y tener vida interior, nos dan un alma joven y vigilante, nos hacen ser partícipes de la extensión del Reino de Dios, al que, con su ayuda, llegaremos al final de nuestra vida terrena, donde Jesús ojalá pueda decirnos en su plenitud de amor: “Muy bien siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu Señor” (Mt, 25,23).

Qué cosa tan grande pueden ser las cosas pequeñas…

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