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Adiciñon a las redes sociales 

La Organización Mundial de la salud (OMS) reconoce que una de cada cuatro personas presenta trastornos de conducta con la nueva adicción a las redes sociales. En nuestro país, según estudios recientes, el 18% de los españoles es adicto a las redes sociales. Así por ejemplo, el 32% de los usuarios de móviles inteligentes (smartphones), iPhone y Android se conectan nada más levantarse; de ellos, un 19% entra en la red social Faceboock, y el 23% restante consulta su correo electrónico. Esta adicción, aunque puede pasar inadvertida porque se desarrolla en un contexto habitual como es el trabajo o la casa, tiene las mismas consecuencias psicológicas que las drogodependencias.

Los signos que pueden hacer pensar en una adición a las redes sociales varían en intensidad: desde pasar más de dos  horas al día conectado o consultar cada 10 o 15 minutos la nueva información en Facebook, hasta los más evidentes de no salir apenas de la habitación o incluso dedicar más tiempo a internet que a las relaciones sociales. Cuando la adicción es seria, el enfermo abandona totalmente la vida social y familiar,  llegando a convertirse este medio de comunicación virtual en el sustituto de la vida real.

Puesto que se trata de una nueva adicción, los médicos de atención primaria han de ejercer una labor importante en la detección, diagnóstico y tratamiento de esta, ya que los expertos prevén un crecimiento exponencial en un futuro no muy lejano. En EEUU ya existen centros específicos para su tratamiento psicológico.

factores de riesgo

Suele comenzar como una conducta más o menos normal pero poco a poco se va convirtiendo en patológica. Como en toda adicción, los pacientes experimentan dependencia, tolerancia y síndrome de abstinencia, llegando a producir conductas negativas, desadaptación social e incluso a sustituir la verdadera relación con los demás por una virtual. El adicto se comunica muy bien por internet, ya que nadie le observa,  con el riesgo que ello supone de perder o no desarrollar las normales conductas de asertividad y habilidades sociales de comunicación con los demás.

Los estudios que se han hecho hasta la fecha demuestran que esta adicción produce impulsividad, introversión, baja autoestima, dificultad para relacionarse con los demás, déficit de habilidades sociales, depresión e incluso enfermedades psicóticas.

Esta sociedad es un terreno abonado para las redes sociales; la gran oferta de ocio, junto con la idea de que solo el dinero y el consumo producen la felicidad, inciden en que todo se dirija hacia el exterior de la persona y se olvide de su interior, lo que fomenta la adicción.

Los más importantes factores de riesgo que se han investigado son:

  1. Apoyo social. Las visitas diarias a un determinado chat hace que la persona se sienta más segura por la pertenencia a un grupo.
  2. Intimidad. El uso de las redes sociales incita a comunicarse con libertad, sin ninguna inhibición. El anonimato que proporciona la Red es adictivo en varios tipos de personalidad, ya que se obtiene un refuerzo inmediato y una gran percepción de control.
  3. Este apoyo y anonimato llena el vacío que tiene la persona por una situación estresante de tipo laboral, social, afectiva, de enfermedad, divorcio, soledad, etc.
  4. Las personas, sean adultos o menores, que tienen una personalidad segura usan las redes sociales para mantener sus relaciones, encontrar información, etc., mientras que las personas inseguras o con baja autoestima las utilizan para comunicarse, socializarse y conocer personas nuevas, o pertenecer a un determinado grupo. De esta forma obtienen un triple reforzamiento positivo: apoyo social, realización personal y creación de un nuevo tipo de personalidad no tímida.
  5. Vídeos sexuales que permiten al adicto elegir su fantasía sexual preferida, desde la homosexualidad a las más  diversas parafilias. Se sienten libres de practicar sexo seguro, sin problemas añadidos, manteniendo su anonimato. Son muchos los jóvenes o menores que usan Internet para experiencias sexuales, sin que lo sepan sus padres. A esto hay que añadir que las personas que físicamente no se sienten atractivas, o tienen determinados complejos, encuentran en estos chat una forma de liberarse de ellos.
  6. Internet permite la creación de una personalidad ideal, ficticia, que en el mundo real es imposible lograr. Es una forma de diseñarse físicamente a sí mismo y de ocultar problemas psicológicos, enmascarando su inseguridad personal.
  7.  Internet permite expresar rasgos reprimidos de la personalidad, como por ejemplo, la agresividad, la paidofilia, etc.
  8. Gran sentimiento de desinhibición.
  9. Para los adictos, el tiempo se detiene o pasa muy rápido cuando están conectados.
  10. Sensación de placer porque nadie controla lo que hacen.
  11. Internet es un medio propicio para aumentar las infidelidades, lo cual puede incrementar el número de separaciones.

sujetos más vulnerables

Existen ciertos rasgos de personalidad que hacen muy probable que el uso de las redes sociales se convierta en adictivo. La vulnerabilidad psicológica a  esta adicción se expresa en los siguientes factores de riesgo:

1.  Problemas de relación interpersonal: timidez y fobia social.

2. Problemas de personalidad: baja autoestima, introversión y búsqueda de nuevas aventuras o experiencias.

3. Adicciones anteriores. Cualquier persona que haya tenido o tenga otra adicción, tiene más probabilidad de serlo de las redes sociales.

4. Trastornos psicológicos: estrés, ansiedad o epresión aumentan también la probabilidad de cualquier adicción.

5. Alteraciones cognitivas. Dificultad de atención y concentración. Falta de control sobre las propias fantasías.

Aunque todavía es pronto para evaluar científicamente la influencia de las nuevas tecnologías en el cerebro humano, existen estudios recientes que ya demuestran que la adicción a la red disminuye la capacidad de reflexión, de razonamiento abstracto y altera la estructura cerebral, modificando los circuitos neuronales. Las redes sociales fomentan el pensamiento rápido y superficial, la lectura de baja calidad y disminuyen el razonamiento.

Las personas que se conectan a las redes sociales más de cinco horas al día, presentan una menor creatividad y una forma menos eficiente de realizar las tareas cotidianas, cometen más errores y, aunque tienen una tendencia a hacer todo con una velocidad mayor, disminuye su capacidad de atención y concentración.

protección frente al “grooming”

Resulta alarmante el dato de que en España el 32% de los jóvenes se haya  comunicado alguna vez con un desconocido vía internet; de ahí la necesidad de enseñar a nuestros hijos a decir “no” y a pedir ayuda. Hace poco me comentaban unos padres: “Nuestro hijo tiene 16 años y hace tiempo que sabemos que chatea con un desconocido en internet. Él le considera su mejor amigo, aunque no sabe su edad, ni cómo es su cara, a qué se dedica o dónde vive. Incluso no estamos seguros de que el nombre que le ha dado sea el auténtico. A nuestro hijo no le importa; no intuye el peligro”.

Esto mismo está ocurriendo con mucha frecuencia en España y en otros países. Es lo que los expertos denominan “grooming”. Se define como un conjunto de estrategias que realiza un adulto con habilidad para ganarse la confianza de un menor a través de internet, normalmente con un fin sexual. En la aparente inocencia de esta “ciberamistad” se puede estar escondiendo un pederasta. En Internet, el pederasta se hace pasar casi siempre por un adolescente para ganarse  la confianza del joven. Cuando está seguro de haberle conquistado, entonces pide información privada o fotos del menor. En el siguiente paso le obliga a quedar con él, amenazando con difundir las fotos o los datos secretos que previamente ha conseguido. El acosador siempre termina chantajeando al menor hasta lograr quedar con él o ella.

Es evidente que se han disparado los casos de acoso por Internet en España, aunque, según la Fiscalía General del Estado, solo se denuncian apenas un 2%. Según un estudio realizado con 23.240 usuarios de la Red de 25 países europeos, el 17,5 % de los menores en España entre 10 y 18 años ha recibido una propuesta sexual y el 36% se encuentra con material sexual que no ha buscado. Son de sobra conocidas las razones por  las que los padres han de explicar estos riesgos a sus hijos menores: no hablar con desconocidos, saber decir no y pedir ayuda cuando se encuentren con un problema, antes de que sea demasiado tarde.

Debemos concienciar a nuestros hijos de la importancia de saber tomar decisiones y de mantener su privacidad en Internet. Sobre todo, lo más importante es lograr como padres la confianza de nuestros hijos para que nos cuenten el problema y poder tomar las medidas adecuadas o denunciarlo. Para ello, es importante que nuestros hijos tengan la seguridad de que no les vamos a regañar, castigar, o quitarles Internet. Si no logramos esta confianza, no nos lo contarán nunca. Cabe recordar el caso de Chiclana (Cádiz), un ejemplo entre los muchos que ocurren a diario en el mundo, en el que una joven de 16 años fue violada por un adulto, después de quedar con él a través de la red social “Tuenti”. Este fenómeno se agrava al tener lugar en la adolescencia, etapa en la cual quedar con un desconocido puede ser muy atrayente por el factor de riesgo y aventura que supone.

Para minimizar en lo posible este riesgo de “grooming” en nuestros menores, conviene tener en cuenta ciertas pautas:

  1.   Hacerles saber los peligros de Internet antes referidos, recalcando que es el medio más utilizado por los acosadores y pederastas que se hacen pasar por adolescentes.
  2.   Explicarles la necesidad de proteger su privacidad: no revelar nunca claves personales, no subir sus fotos y no comunicarse nunca con desconocidos.
  3. Enseñarles a proteger sus datos: que nunca rellenen ningún formulario que, bajo el gancho de un sorteo, les solicitan sus datos personales. Tienen que tener claro el enorme riesgo que supone aportar el nombre, dirección, datos de sus padres y hermanos, de los amigos de la familia, etc.
  4.  Instalar en el ordenador de casa claves o programas de control parental.
  5.  Colocar el ordenador familiar fuera de la habitación del menor, en un lugar donde se le pueda ver cuando está conectado. Generalmente chatean por la noche y a escondidas de los padres.
  6.  Procurar que la puerta de su habitación no tenga pestillo, para evitar que se encierre por dentro.
  7. No podemos caer en el error de dejarles en el ordenador sin ninguna supervisión; debemos preocuparnos por conocer sus contactos e investigar sus redes sociales.

Como ejemplo de los nuevos peligros que surgen cada día en la Red destacamos el nuevo programa que permite descargar un archivo llamado I-Dose, el cual simula los efectos de algunas drogas como el cannabis y la cocaína. Son sonidos en alta frecuencia, que alteran la conciencia y pueden producir daños en la audición o daños más graves, como ataques de epilepsia. Se piensa que es un mecanismo que puede llevar a muchos jóvenes a probar las drogas y a incentivar su consumo.

síntomas de abstinencia

El uso de las redes sociales se ha generalizado hasta tal punto que un 85% de los jóvenes españoles asegura que se conecta a las redes sociales todos los días, llegando a pasar de unas dos o tres horas diarias de media frente al ordenador. El motivo siempre es el ocio, la diversión y comunicación. El 88% de los jóvenes prefiere Facebook, frente a un 12% de los de menor edad que opta por el Tuenti.

El potencial de adicción a las redes sociales o a Internet es directamente proporcional a la accesibilidad, velocidad e intensidad de la información. Uno puede convertirse en erte en adicto cuando confluyen ciertas características de su personalidad y ambiente social. Las redes sociales enganchan porque se rompen todas las dificultades que se presentan en las relaciones sociales convencionales: una persona puede dirigirse a otra con absoluta libertad y puede cortar la conversación en un preciso instante sin temor a ninguna represalia. Esa sensación de libertad-privacidad es adictiva. Algo parecido ocurre en el cibersexo.

Aunque esta adhesión y entrega desmesurada a las redes sociales o a Internet todavía no figura como trastorno psicológico en la última edición del manual DSM-IV-TR, donde se registran las enfermedades y trastornos psicológicos existentes, los investigadores en cambio ya están estudiando los síntomas y consecuencias de dicha adicción. A menor edad, mayor riesgo de adicción, por eso los jóvenes que no pueden conectarse presentan síntomas de abstinencia como:

1. Aumento del estrés o la ansiedad. Agitación psicomotriz. Cansancio frecuente,     debilitación del sistema inmunitario y deterioro de la salud.

2. Dificultad para controlar sus impulsos.

3. Aumento de los sentimientos de comunicación.

4. Alteración del estado de ánimo, incluso depresión.

5. Tolerancia: Necesidad de incrementar el tiempo de conexión a las redes sociales para obtener una mayor satisfacción.

6. Irritabilidad como consecuencia de haber perdido la conexión a las redes sociales. Esto lo observan mucho los padres en vacaciones, donde sus hijos no pueden conectarse.

7. Alto grado de saliencia: la conexión a las redes sociales se convierte en una de las actividades más importantes de su vida cotidiana.

8. Alteraciones emocionales con síntomas físicos: hipersudoración, cefalea, taquicardias, vértigo, etc.

9. Conflictos interpersonales entre el joven adicto y los que le rodean (área familiar, académica, laboral, social, de ocio, etc).

10. Influencia negativa en su rendimiento escolar, trabajo, aficiones, vida social. Se reduce el tiempo que el adicto dedicaba antes a actividades de otro tipo, como actividades sociales, deportivas, de ocio, familiares, etc.

11. Síntomas psicológicos como obsesiones o retraimiento social. Se agudizan los aspectos negativos de su personalidad.

12.  La adicción a las redes sociales, al igual que otras, es una relación negativa-destructiva que el menor o el joven es incapaz de controlar. El adicto puede haber hecho grandes esfuerzos por reducir su dependencia de Internet, pero nunca lo consigue.

13. La adicción a las redes sociales puede alimentar o incrementar otras adicciones como el cannabis, el alcohol, la cocaína, la ludopatía, etc.

14. Pensamientos obsesivos respecto a lo que no puede ver en Internet.

15. Sueños o fantasías respecto las  redes sociales.

16. Tecleos involuntarios: el adicto va por la calle, en el coche, el autobús, tecleando con sus dedos.

17. Privación del sueño, llega tarde a clase o al trabajo, está cansado y no termina sus deberes profesionales. Es incapaz de cortar la conexión, permaneciendo despierto hasta altas horas de la madrugada.

18. Usa las redes sociales como un modo de evadirse o superar una etapa de depresión, buscando nuevas experiencias.

19.Miente a su familia, a su psicólogo, profesor, respecto al tiempo que está conectado, que se incrementa cada vez más.

20. El adicto se aísla del entorno y no presta atención a sus obligaciones. Muchos son los casos en los que se ha perdido el trabajo o la promoción profesional por el uso de Internet en el trabajo.

21. Creación de una personalidad virtual con la que conviven día a día conectados contínuamente. Esto puede llevar a graves trastornos psicológicos.

Son evidentes los riesgos que conlleva el uso de Internet y las redes sociales con fines negativos. Pero estas herramientas no son malas de por sí, sino que, como ocurre con todo, depende de su uso o abuso. Si  se utilizan para obtener información y relacionarse de forma positiva, entonces se convierten en un instrumento que enriquece al ser humano.

Recientemente, el Papa ha abierto una cuenta de Twitter del Vaticano y la reacción ha sido espectacular: más de 570.000 usuarios vieron en un día el primer tuit del Papa. “Queridos amigos, acabo de lanzar www.news.va. Alabado sea nuestro Señor Jesucristo. Con mis oraciones y mis bendiciones. Benedicto XVI”, fueron sus palabras de apertura.

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