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Aerolíneas Divinas …con el viento a favor 

 

Un viaje maravilloso en la mejor compañía aérea

Estas palabras, dirigidas por Cristo a Nicodemo y tomadas del Evangelio de San Juan, nos pueden ayudar a reflexionar sobre el curso de la vida de cada hombre. Feliz es la vida del hombre que camina fiándose de Dios, abandonado en su amor, como en el viento: siente su presencia, pero no sabe hacia dónde le conduce en cada momento.

El viento, en esta cita del Evangelio, nos recuerda mucho a la divina  providencia que el catecismo de la Iglesia Católica define como: las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia la perfección; ya que la Creación, con su bondad y perfección propias, no salió plenamente acabada de las manos del Creador, sino que fue creada “en estado de vía” hacia una perfección última. El viento es la fuerza de Dios Providente que conduce a sus criaturas hacia esa perfección final en Él mismo.

En el “viaje” de la vida, la providencia sería como una compañía aérea.

A los que viajamos nos preocupan  mucho tres cosas en todo viaje: llegar al destino, la seguridad del medio de transporte y el confort.

Cuando un  hombre decide informarse sobre las Aerolíneas Divinas, estos tres elementos se le muestran poco atractivos desde un punto de vista simplemente humano, y además sólo gozan de la garantía de la palabra del gerente de la compañía aérea: Jesucristo.

El destino es muy raro: el Cielo. Un lugar, por llamarlo así, fuera de las dimensiones temporoespaciales, indescriptible desde el punto de vista de la física porque no se ubica en ella. Un lugar que lo pintan muy bonito, pero que realmente nadie ha vuelto para contarnos detalles y ver si realmente interesa ir: tipo de hoteles, clima, arte culinario, deportes acuáticos, campos de golf, etc.   Con  tan poca información, realizar un viaje espacial resultaría más seguro, ya que al menos se conoce bien el destino: Marte, la Luna, Plutón (que según parece ya no es un planeta, también se equivocan los  científicos)….

¡La seguridad de esta Compañía es aún más preocupante. No tiene aeronaves, se viaja sentado incómodamente en el viento, una fuerza llamada Providencia, basada en la voluntad de Dios “que no sabes de dónde viene ni adónde va”. Ésta es la circunstancia que más miedo produce, porque a veces se vuela tan alto que da más vértigo que si montas en un avión convencional. También la velocidad del viento y los cambios de rumbo ocasionan más inquietud, pero nunca se han perdido pasajeros… Es una compañía segura, en ese sentido. Nunca ha tenido accidentes mortales.

 

El confort del viaje es variable: momentos dulces, momentos amargos, periodos de confusión… pero los viajeros siempre manifiestan una paz profunda, independientemente de las turbulencias, los cambios de dirección bruscos y los sobresaltos durante el vuelo, que describen como simples emociones pasajeras. Esta paz está basada en la experiencia de la Compañía y sus años de servicio, que generan una gran confianza en su clientela.

Muchos viajeros no aceptan esta compañía aérea porque exigen garantías de seguridad, de confort, de destino, etc. Muchas garantías de que todo saldrá perfecto durante el viaje. “Si no hay garantías no me subo…”  Así parecen decirle a Cristo muchas personas antes de seguirle: ¡ofrézcame su lista de prestaciones y garantías de vuelo!

 

Cristo no tiene nada más que ofrecer a quien le pide garantías que su propia Palabra de Vida Eterna… ¿Tiene Dios que dar explicaciones a sus criaturas? ¿Tiene el Creador que convencer y ganarse al ser creado? ¿Tiene necesidad de clientes Cristo, o más bien es el hombre quien tiene necesidad de empresas que le lleven al cielo? ¿Tiene Dios que hacer marketing con el hombre para que le escuche?

 

La cruz de Cristo fue la gran campaña publicitaria de Dios. Para ir al Cielo con esta compañía hay que aceptar este eslogan. Las Aerolíneas Divinas no han realizado ninguna campaña más de reclamo de clientes. Tan sólo ha dejado una agencia de viajes en Roma que le lleva los asuntos terrenos.

 

La naturaleza, que es sabia, sí escoge esta compañía en sus desplazamientos. El árbol mece sus ramas en la dirección del viento y las mueve tanto como éste sopla, ni más ni menos. Los árboles son fieles y confiados al viento, aunque éste, a veces, les rompa una rama.

 

Nunca el árbol mece sus hojas en dirección opuesta al viento. Los hombres, a veces, dirigimos nuestras vidas en dirección opuesta al viento de Dios y llegamos a destinos equivocados.

 

Queramos o no, la vida de cada hombre es un largo viaje. Si lo realizamos siguiendo a Cristo, viajaremos movidos por la fuerza de su espíritu, la providencia, su voluntad expresada en cada acontecimiento de nuestras vidas, incluidos los más insignificantes y en apariencia intrascendentes. Sólo tenemos que dejarnos llevar por Él, cumplir su voluntad expresada en cada momento; ése es el motor, sin saber muchas veces “de dónde viene y adónde va”… No deberíamos mecer las ramas en dirección opuesta al viento, la violencia de ese gesto nos hará mucho daño, sobre todo cuando a lo largo de una vida se repite incesantemente este proceder. Viajar por la vida montados en la providencia de Dios es saber el destino, aceptar las condiciones del viaje, sus incomodidades a cambio de su seguridad.

 

El mundo nos ofrece muchos viajes,  con amplia propaganda y suculentas prestaciones y servicios. Son viajes de placer, la mayoría. Hay enormes colas para apuntarse a esos viajes. Sus clientes vuelven contentos, morenitos de piel, con trencitas en los cabellos y muchos regalos en las maletas.

 

Pero el viaje de la vida es bastante más largo que unas vacaciones en Cancún. Para viajes largos y comprometidos conviene no equivocarse de compañía aérea porque una vez que se está en vuelo es más difícil cambiar de avión.

 

Yo viajo con Aerolíneas Divinas, el servicio durante el vuelo no es muy espectacular, pero es porque el gerente sabe bien lo que es la vida: nació en un establo y le mataron en una cruz y no quiere confundir a sus clientes con falsas expectativas. Garantiza el destino del viaje que es un lugar más bonito que Cancún y sin billete de vuelta.

 

 

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