Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, septiembre 20, 2019
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África III 

Queridos hermanos y hermanas, os recibo con alegría en ocasión del 150esimo. Aniversario de  la Sociedad de los Misioneros de África y de la Congregación de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África.

Os doy las gracias a vosotros, por el servicio a la misión de la Iglesia, que vivís con pasión y generosidad, en fidelidad a las intuiciones evangélicas de vuestro común fundador, el Cardenal Lavigerie.

«Dios es digno de fe, por quien habéis sido llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor» (1 Cor 1, 9). Os deseo que vuestro ministerio manifieste la fidelidad del amor de Dios y su cercanía, para sembrar la esperanza  en los corazones de cuantos están heridos, probados, desanimados, y se sienten tantas veces abandonados.

Cuando Mons. Lavigerie, arzobispo de Algeria, fue guiado por el Espíritu Santo a fundar la Sociedad de los Misioneros de África, y la Congregación de las Hermanas Misioneras, llevaba en el corazón la pasión por el Evangelio y el deseo de anunciarlo a todos, hasta hacerse “todo a todos” (cfr. 1 Cor 9, 22).

Tras las huellas de vuestro Fundador, que vuestra inquietud sea: «muchos de nuestros hermanos viven sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los acoja, sin ningún horizonte de sentido y de vida» (Exort. ap. Evangelii gaudium, 49).

Os animo a mantener la mirada fija en Jesucristo, sin olvidar nunca que el verdadero misionero es antes que nada un discípulo. Procurad cultivar la unión con el Señor, mediante la escucha de su Palabra, la celebración de los Sacramentos, y el servicio a los hermanos, así vuestros gestos manifestarán su presencia, su amor misericordioso, y su compasión a cuantos el Espíritu Santo os envía y conduce.

Que la celebración de vuestro jubileo os ayude a ser “nómadas el Evangelio”, hombres y mujeres sin miedo de ir a los desiertos del mundo para acompañar a vuestros hermanos hacia el “oasis” que es el Señor, donde el agua viva de su amor apagará su sed.

Os deseo que este año jubilar contribuya a desarrollar los lazos fraternos entre vosotros, porque el anuncio del Evangelio no puede vivirse sino gracias a una auténtica comunión misionera. Con la fuerza del Espíritu Santo, sed testigos de la esperanza que no defrauda (cfr. Rm 5, 5), a pesar de las dificultades. (…) Que el Espíritu Santo haga de vosotros constructores de puentes entre los hombres. Os agradezco en particular por el trabajo cumplido a favor del diálogo con el Islam, con las hermanas y hermanos musulmanes.

Tras las huellas del Cardenal Lavigerie, sois llamados a sembrar esperanza, luchando contra todas las formas actuales de esclavitud; cercanos a los pequeños y a los pobres, a los que esperan en las periferias de nuestra sociedad para ser reconocidos en su dignidad, para ser acogidos, protegidos, levantados, acompañados, promovidos e integrados.

Os pongo en las manos del Señor con esta esperanza, por la intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de África, os imparto la Bendición Apostólica. (…)[7]

La imagen procesional de Nuestra Señora de África que sale por las calles de Ceuta el 5 de agosto, lleva un manto blanco en el que están estampadas varias inscripciones en árabe, que son los nombres de las poblaciones alrededor de la ciudad, según me informaron.

“Es esta una imagen de la Virgen Madre, con el cuerpo de Cristo, muerto en sus brazos, donde también ella contempla el sufrimiento de tantos hijos del Continente sobre el que extiende su patrocinio  y amparo.” (Reflexión de uno de sus Cofrades).

Las apariciones de Kibeho, son un ejemplo de esta materna protección de Ntra Sra la Virgen de África, por tierras de Rwanda y Burundi

[7] Resumen y traducción del: DISCORSO DEL SANTO PADRE FRANCESCO AI MISSIONARI D’AFRICA (PADRI BIANCHI) E ALLE SUORE MISSIONARIE DI NOSTRA SIGNORA D’AFRICA (SUORE BIANCHE) 8 febbraio 2019.

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