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Ahí tienes a tu madre 
15 de Septiembre
Por Gloria María Tomás y Garrido

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa (San Juan 19, 25-27).

COMENTARIO

He tenido la suerte, y también la responsabilidad, de asistir a un curso acerca de la historia de la extensión del Evangelio en el Oriente. Aprendí muchos aspectos, como el valor tan entrañable del Evangelio en arameo para conocer no sólo la doctrina cristiana, sino muy particularmente como era -como es- Jesucristo.

Con respecto a este pasaje se comentó que, aunque nos da la primera impresión, por supuesto real, que a Juan, el discípulo amado, se le encomendó el cuidado de María, hay además  un complemento impresionante: a María se le encomendó que protegiera a la Iglesia cuidando también Ella a Juan, mostrándole tantos aspectos de la vida de Jesús, de cómo se comportaba, reaccionaba, rezaba, reía, lloraba…

Este Evangelio de hoy nos habla claramente del sufrimiento de Jesús en la Cruz, nos habla el dolor inmenso suyo que aceptó la  muerte más ignominiosa para salvarnos, nos habla de la soledad de su Madre, y nos habla de familia. María va a una casa, a la de Juan.

Hemos oído tantas veces que la familia cristiana es una Iglesia doméstica. Qué ocasión tan entrañable el pasaje del Evangelio de este día para mejorar nuestras relaciones familiares, pasando por alto los pequeños sucesos incómodos que suelen darse, y creando a nuestro alrededor un ambiente familiar en el que tenemos como modelo nada más y nada menos que la Madre del Salvador y el discípulo amado.

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